Círculo de amigos

Mañana cumple 80 años la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes
Carmen María Ramos
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21 de octubre de 2011  

Ocho décadas de trabajo sostenido a favor del principal museo de arte de América del Sur merecen celebrarse. Los espíritus sensibles que plantaron la semilla seguramente estarían hoy conformes con la manera en que sus sucesores cumplieron con lo que ellos soñaron. Ochenta años después, la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes (Aamnba) es una de las ONG de la cultura más importantes del país, con más de mil asociados y aportes fundamentales al museo en el aspecto edilicio, en el cuidado y enriquecimiento del acervo patrimonial y en el desarrollo de una sólida acción educativa y de difusión, concretada a través de actividades que hacen de esta institución una de las más creativas e influyentes de la Argentina en el plano cultural.

Al calor de la prosperidad de las primeras décadas del siglo XX, los porteños habían consolidado un fuerte placer por la compra de obras de arte y se habían creado importantes colecciones. En forma paralela, la proliferación de galerías y salones de exposición significó un impulso notable para el desarrollo artístico argentino. En este contexto, el jueves 22 de octubre de 1931 nació la Aamnba, fruto del sueño de un puñado de visionarios, a partir de un consenso que unificó las iniciativas del doctor Cupertino del Campo, ex director del Museo, y Francisco Llobet, entonces director general de Bellas Artes. Eduardo J. Bullrich presidió aquella primera comisión directiva y los amigos del museo comenzaron a trabajar en dos temas que serían una constante a lo largo de las siguientes décadas: la difusión artística y la acción docente.

Bajo los auspicios de la Aamnba, en 1933 se inauguró la exposición Un siglo de pintura francesa , seguida de numerosas muestras de colecciones privadas. En mayo de ese año se había emplazado en forma definitiva el museo en su actual ubicación, la antigua Casa de Bombas de la Recoleta, adaptada por el arquitecto Alejandro Bustillo. Desde aquellos primeros años se realizaron más de 500 exposiciones gracias al aporte de la Aamnba.

En 1939, después de difíciles negociaciones, el entonces presidente Rafael A. Bullrich logró adquirir en Londres El retrato de Diego Martelli , de Degas, por 65 mil pesos de la época, reunidos íntegramente con donaciones particulares. Aquella compra fue parte de los cimientos, e hilvanó el desarrollo de actividades tales como el dictado de conferencias, la captación de socios y la compra de nuevas obras.

Durante la gestión de Ernestina de Cánepa, en 1961, la Aamnba obtuvo personería jurídica. Bonifacio del Carril, de recordada trayectoria, a su vez, al frente de la Academia Nacional de Bellas Artes, guió los destinos de la institución en dos oportunidades, entre 1970 y 1973 y luego en 1976. Lo sucedió Nelly Arrieta de Blaquier, quien dejó la presidencia en abril de este año en manos del abogado, empresario y coleccionista Julio César Crivelli.

"Para cumplir con un programa de restauración y puesta en valor del museo necesitamos generar los recursos; para esto es fundamental estructurar el fundraising de manera más estable", reconoce Crivelli. Otra preocupación permanente es la de sumar nuevos asociados. Divididos en seis categorías, todos ellos realizan un aporte fundamental dentro del presupuesto de la institución.

"Este museo probablemente sea el más importante monumento de la cultura edificado por todos los argentinos. Es un ejemplo de la generosidad de los donantes, que desde temprano entregaron sus colecciones para que pudiéramos disfrutarlas", destacó Crivelli.

Todavía queda mucho por hacer. Pero si se piensa en el espíritu que animó a los precursores de la Aamnba, hoy bien puede decirse: misión cumplida.

EL DON DE DAR

El Museo Nacional de Bellas Artes ha sido el leitmotiv de su vida como benefactora. Educar por el arte, su pasión más reconocida. Treinta y cuatro años como presidente de la Asociación Amigos del MNBA y cincuenta como parte de la comisión directiva hicieron de la sede de Avenida Figueroa Alcorta el eje desde donde apoyar el museo con dinero, trabajo, una decidida búsqueda de la excelencia y una especial sensibilidad para promover y sostener talentos.

Nelly Arrieta de Blaquier ha dejado su impronta. El camino a seguir ya está trazado. Preservar y enriquecer las colecciones, estimular la participación de la sociedad civil en el cuidado de su patrimonio artístico y abrir el horizonte cultural de los argentinos son su legado. Su vida de coleccionista la acercó naturalmente a los museos, pero su generosidad la llevó a apoyar y sostener obras en muy amplios campos del quehacer humano: arte, patrimonio cultural, educación, ciencia, salud, medicina.

Si hubiera que definirla por una sola cualidad, se podría decir que Nelly Arrieta de Blaquier es, sobre todo, muy argentina. Ésa es su principal identidad y el motor que la impulsa. Como dijo el artista Guillermo Roux al celebrarse los 75 años de la Aamnba, en octubre de 2006: "En un mundo como el actual, en el que pareciera predominar más el parecer que el ser, la señora es".

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