Complicidad de silencio

EL SECRETO Y LAS VOCES Por Carlos Gamerro-(Norma)-263 páginas-($ 25)
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24 de noviembre de 2002  

"De noche, después de apagar la luz -escribe Fefe, el protagonista y narrador de El secreto y las voces -, las voces no me dejan dormir. Como si los ecos de todas ellas reverberaran juntos dentro de mi cráneo, las voces escuchadas durante el día vuelven a hacerse oír, discutiendo descorteses entre ellas, interrumpiéndose, contradiciéndose, tratando de taparse unas a otras, tratando de ganar mi aprobación, mi atención, o apenas mi oído". Las diferentes voces, ese entramado de voces que aturden a Fefe, son la materia narrativa de El secreto y las voces , excelente tercera novela de Carlos Gamerro. Y como señala su título, esas voces y los ecos a veces contradictorios de esas voces diseñan los contornos de un secreto que Fefe intentará desentrañar. Para ello regresa a Malihuel, un pequeño pueblo santafecino, después de veinte años de ausencia. Y regresa a ese pueblo -donde nacieron sus abuelos y sus padres, donde pasó las vacaciones de su infancia y adolescencia-, con la intención de reconstruir un crimen cometido veinte años atrás -un 25 de febrero de 1977- y escribir luego una novela policial que postule la existencia de un crimen perfecto: "Una policial, me pareció; me pareció una buena idea situarla acá. Por ejemplo, se comete un crimen en Malihuel. Tres mil habitantes. Todos se conocen. Esa noche no había extraños en el pueblo. O sea, el asesino tiene que ser uno de ellos. Todos sospechan de todos. O quizás sea una conspiración, en la que todo el pueblo está de acuerdo".

A lo largo de las entrevistas que Fefe sostiene con los habitantes del pueblo, reconstruye una historia -que es también su propia historia-, que desborda los límites pueblerinos para inscribirse en la historia nacional durante la última dictadura militar. Porque Fefe reconstruye la historia de Darío Escurra, el descendiente díscolo de una de las familias fundadoras del pueblo, que fue asesinado por el jefe de policía de Malihuel, con el consentimiento explícito de buena parte de la población. Como en "La carta robada" de Edgar Allan Poe, el crimen fue perfecto por su extrema visibilidad: al ser cometido a la vista de todos, el asesinato convirtió a los eventuales testigos en cómplices. De este modo, Malihuel reactualiza su propia tradición, pero invirtiendo su signo: si en El sueño del señor juez , la novela anterior de Carlos Gamerro, se revelan los orígenes del pueblo como los de una Fuenteovejuna santafecina (pues sus entonces dispersos pobladores se conjuran para liberarse de la tiranía a la que los sometía su juez de paz), en el marco de la dictadura militar, ese mismo pueblo aunará voluntades para la realización de un crimen. Un crimen perfecto hasta que, veinte años después, ese mismo pueblo comienza a hablar.

Al ser interrogados por Fefe, aquellos que participaron directa o indirectamente del crimen, hablan. Sus voces, sus confesiones, sus testimonios, hábilmente organizados por un narrador en primera persona, reconstruyen la historia. Una historia que restituye una verdad y otorga un sentido a esa suma de versiones contradictorias e incompletas. La novela postula así una certeza: la certeza de que a través de los relatos de victimarios, testigos y protagonistas, la verdad puede ser restituida. Y también la certeza de que si la verdad se repone, ciertas formas de justicia son posibles, porque los testimonios llenan, de alguna manera, el vacío legal producido por la ausencia de un Estado de derecho y, a su vez, restituyen filiaciones escamoteadas e identidades falsas.

"Pinta tu aldea y pintarás el mundo", propuso León Tolstoi, incitando a los escritores a dar cuenta de toda una sociedad a través de una historia mínima y concreta. En efecto, El secreto y las voces responde, a su modo, a ese doble mandato. Por un lado, la novela es, también, la reconstrucción de un saber pueblerino que, inscribiéndose en la línea del Manuel Puig de La traición de Rita Hayworth , encuentra sus bases más sólidas en el rumor, el chisme, la maledicencia, el prejuicio. Pero por otro lado, al reconstruir la trama de lealtades e intereses comunes entre los habitantes del pueblo y los poderes policial y militar, la novela denuncia la responsabilidad de la población civil en el terrorismo de Estado.

Situada en el mismo escenario de El sueño del señor juez -el imaginario, pero no por eso menos real, pueblo santafecino de Malihuel- y retomando a algunos de los personajes centrales de Las Islas , El secreto y las voces consolida vigorosamente el proyecto narrativo de Carlos Gamerro, convirtiéndolo en uno de los escritores más sugestivos de la narrativa argentina actual.

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