Con firmeza en los últimos tramos

En un contexto recesivo y preocupante, las rematadoras locales cumplen con el calendario previsto. Buen balance de la subasta de Arroyo, que ofreció uno de los mejores cuadros de la temporada
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16 de diciembre de 2001  

Iniciar esta crónica reseñando las negativas circunstancias de orden económico, político y social que rodean el final de la actual temporada de subastas de arte podría parecer como un intento, por cierto bien válido, de justificar resultados que no se hubieran dado.

Sin embargo, el mercado del arte salió más que bien parado la noche del miércoles último, cuando algunas avenidas de la ciudad estallaban en cacerolazos.

A pocos metros de las tarimas de Arroyo, dos contendientes, uno representado en la sala y otro a través de una línea telefónica, se disputaron con prisa y sin pausa Plaza de las carretas , la publicitada pintura del francés Juan León Palliére.

Tras el precio de 140.000 dólares propuesto como punto de arranque para la puja, el fervor de los interesados llevó el martillo de Manuel Ramón hasta el nivel de los 163.670 dólares, comisión e IVA incluidos. Un valor que conforma las expectativas de los vendedores, sin duda algo menguadas ante el marco de referencia en que se concretó la propuesta, pero que aún más gratifica la iniciativa de quien resolvió poner su mira bastante más allá del horizonte bajo en que hoy se desenvuelve la vida de los argentinos.

Tras los aplausos que sellaron la operación, un conspicuo operador del mercado señalaba eufórico a sus vecinos de platea: "¿Es que acaso ustedes oyeron hablar alguna vez de riesgo-arte ?" Si el comprador de la magnífica obra de Palliére, cuya identidad fue celosamente reservada por la empresa vendedora, fuese un coleccionista, su esfuerzo económico será bien recompensado por la satisfacción de poseer y disfrutar una pintura de tales quilates. Y si el adquirente hubiese sido un inversor, qué duda cabe de que su dinero está colocado en una operación que, a mediano plazo, habrá de darle el más amplio de los réditos. En opinión de ciertos observadores del mercado, si la pintura hubiese salido a plaza en el contexto de una situación nacional de características menos inquietantes, por decirlo de alguna manera, su precio no debería haber sido inferior a los 300.000 dólares.

La subasta de Arroyo, que puso en tarima 123 lotes, logró 94 ventas, lo que representa un significativo 76 por ciento de efectividad. Dichas operaciones significaron un total de 489.200 dólares, cifra que incluye la comisión del martillero y el IVA sobre la misma.

Entre los lotes más destacados de la noche se señala una obra mayor de Osvaldo Imperiale, artista a quien el mercado viene haciendo justicia desde hace ya algún tiempo. Un Astillero de la Boca, típico de su producción, de importantes medidas, 200 x 180 cm, se vendió en 20.180 dólares estableciendo un nuevo récord para su obra.

Un espléndido paisaje de montaña, obra temprana de Fernando Fader, avalada por su presencia en la muestra póstuma que en 1935 ofreció la galería MŸller, fue adquirida en 17.950 dólares por un coleccionista de aquilatada trayectoria. El mismo precio debió pagar la adquirente de una pintura que Benito Quinquela Martín realizó a principios de los años treinta, con típico tema de actividad portuaria.

Con ésta, la temporada oficial de subastas llega a su fin. Como siempre se mantiene firme la tradicional convocatoria de los miércoles, a las 20, en lo de Breuer Moreno y quedan por conocer los resultados de dos convocatorias orientadas que se harán bajo el signo de la economía bancarizada.

Pasado mañana, Arroyo dispersará un conjunto de 120 obras con bases de valor igual o inferior a los 1000 dólares; se concretará la venta que el Banco Ciudad debió postergar el jueves último, y el remate final de VerBo, empresa que con sus subastas mensuales de arte argentino suele cerrar la actividad del ramo en nuestra ciudad. Luego llegará el momento de bajar el martillo y hacer el balance. La temporada próxima aún está muy lejos.

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