Corredores secretos

Pierre Lemaitre explora la mente de una niñera con trastornos mentales para elaborar un thriller adictivo, digno de un film de Alfred Hitchcock
Pierre Lemaitre explora la mente de una niñera con trastornos mentales para elaborar un thriller adictivo, digno de un film de Alfred Hitchcock
(0)
27 de febrero de 2015  • 19:15

Hasta ahora se tradujeron dos novelas de Pierre Lemaitre (París, 1951) al español. Una –que recibió el prestigioso Premio Goncourt en 2013– se llama Nos vemos allá arriba; la otra, Vestido de novia, la publicó Alfaguara en 2014. En la primera, la enorme pericia narrativa de este autor que empezó a escribir tarde–recién a los 56 años– escapa del género policial, que venía trabajando con éxito, para fusionar con maestría el relato antibélico, la crónica social y política, la novela de aventuras y la tensión de lo detectivesco. En cambio, en Vestido de novia, Lemaitre trabaja con elementos del thriller y lo hace de una manera impecable.

En esta novela, el lector queda deslumbrado por varios motivos. Uno de ellos, quizás el más evidente, es la enorme versatilidad con la que el francés combina la condensación dramática de las escenas –basada en una verdadera microfísica del detalle– con un dinamismo narrativo que hace que el texto se torne adictivo. Otro motivo se relaciona con el espesor del relato; esto es, el conglomerado de sentidos que se superponen. Vestido de novia es una novela sobre la paranoia, sobre la crueldad, sobre las estrategias para sobrevivir, sobre las obsesiones insanas y sobre las sutilísimas —y morosas— formas de asesinar que ofrecen las nuevas tecnologías.

La historia arranca con el foco puesto en Sophie Duguet, una niñera que sufre fuertes trastornos psíquicos y emocionales. La chica vive al borde de sí misma, no puede con su vida ni con su trabajo; sin embargo, trata de seguir adelante. Está verdaderamente desesperada, no sabe qué pasa con su mente: pierde objetos, olvida o altera episodios de su pasado reciente, la detienen en supermercados por robos absurdos que no recuerda haber cometido. La situación es intolerable. Sospecha de sus percepciones. Su terapeuta le aconseja anotar todo en una libreta, no darse tregua. En una de las entradas, Sophie anota: "Me estoy volviendo escrupulosa, paranoica. Me vigilo a mí misma como si fuera una enemiga". Lo terrible, lo más dramático, es que lo peor todavía no ha llegado: habrá muertes a su alrededor, habrá desconcierto, habrá una opinión generalizada que la señale como culpable.

Uno de los ingredientes que Lemaitre maneja a la perfección —tal vez debido a su oficio de guionista de ficciones televisivas— es el gobierno de la información en el marco del texto: la arquitectura ficcional es perfecta: todo cierra. Cuando el lector cree tener en claro el panorama de los hechos y el perfil del protagonista, el autor da una vuelta de tuerca a la trama y el sentido vigente se resignifica por completo. En Vestido de novia, no existen suelos estables, siempre hay acontecimientos guardados en sótanos o en corredores secretos que terminan por modificar sustancialmente el sentido de aquellos que están en la superficie. Como en todo buen policial, para acceder a la verdad hay que sortear ardides y celadas, que en este caso están planteados sin marcas evidentes de su calidad de artificio, en favor de una tensión que nunca decae. Otro de los aciertos de Lemaitre es su detenida agudeza para elaborar los perfiles psíquicos de los personajes, esquivando constantemente el estereotipo; en este sentido, se parece bastante a su predecesor Georges Simenon. En una entrevista dada el año pasado, Lemaitre afirma que cuando concibió Vestido de novia su intención era escribir "una novela de la que Alfred Hitchcock hubiese podido decir: ´Tengo que hacer esta película´". Se podría afirmar que lo logró con creces.

Vestido de novia

Por Pierre Lemaitre

Trad.: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego

Alfaguara

196 páginas

$ 179

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.