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Cricket en la villa, una vía de integración

Una treintena de chicos del asentamiento 21-24 formaron un equipo de ese deporte; todos estudian y algunos llegaron a la selección
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6 de marzo de 2011  

"Cuando dije en la escuela que jugaba al cricket, varios me miraron raro y me preguntaron qué era eso; yo expliqué que era como el béisbol pero en vez de batear para arriba se lo hace para abajo."

La anécdota, que contó a LA NACION Oscar Cáceres, de 13 años, es compartida por una treintena de niños y adolescentes que practican ese deporte de elite sin ser descendientes de ingleses ni concurrir a un colegio o club de origen británico. Son chicos que viven en la villa 21-24 de Barracas y que desde 2009 integran el equipo Caacupé Cricket recorriendo un camino educativo a través de una práctica deportiva que en los países asiáticos mueve millones de dólares y de fanáticos.

Y los resultados son muy alentadores: todos los chicos que integran el equipo van a la escuela, dentro o fuera de la villa, y la mayoría está en el nivel educativo correspondiente a su edad.

El cricket es aquí más conocido por las películas inglesas que por sus campeonatos. Sin embargo, el equipo integrado por chicos del asentamiento de 70 hectáreas (donde viven unas 50.000 personas en condiciones de miseria e indigencia) participó el año pasado con muy buen desempeño en las competencias interclubes. Algunos de sus jugadores integrarán este año la selección nacional, en la categoría "menores de 13 años", y competirán en abril próximo en Perú, en la final de la Copa Sudamericana de cricket . Ayer, el Caacupé jugó contra Lomas Athletic Club y ganó: 48 corridas sobre 32 del rival.

Este deporte llegó al país de la mano de los ingleses, a comienzos del siglo XIX. Hoy se practica sólo en nueve clubes y siete colegios de Buenos Aires y Rosario, casi todos de origen inglés. Durante cerca de dos siglos, la práctica del cricket se mantuvo cerrada a la comunidad británica. "Pero desde 1997 estamos intentando abrirla también a otros", dijo a LA NACION Esteban Mac Dermott, director de desarrollo de la Asociación Argentina de Cricket y capitán de la selección nacional de esa práctica. Mac Dermott contó que la Asociación aceptó la iniciativa de introducir el cricket en la villa 21 por la posibilidad que significaba la difusión de ese deporte y como ocasión de participar en un proyecto de ayuda e integración social. De hecho, por ese proyecto la entidad fue premiada en 2010 por el Concejo Internacional de Cricket de las Américas. Según Mac Dermott, para dar un paso más en la integración de los chicos de la villa con los de otros clubes, los invitaron a integrar la selección nacional.

Otras capacidades

"Nuestro proyecto va más allá de fomentar una actividad deportiva; tiene un alto componente preventivo, educativo y con objetivos claros de integración social con otros estratos socioeconómicos", dijo a LA NACION el contador Daniel Juárez, quien llevó adelante su idea de introducir el cricket en la villa 21-24.

Desde 2003 él y su socia, Silvina Román, llevan las cuentas de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, que condujo el padre José María Di Paola hasta diciembre pasado. En 2005, cuando su hijo Diego comenzó a practicar cricket en el colegio de origen inglés al que concurría en Lomas de Zamora, Daniel y otros padres armaron un equipo de adultos para acompañar a los chicos. Hoy, Diego integra la selección nacional y juega en el Lomas Athletic Club, uno de los cuatro clubes que comenzó con el cricket en el siglo XIX, y donde también juega su padre.

"En 2009 se me ocurrió plantearle al padre Pepe Di Paola la posibilidad de ofrecer a los chicos de la villa el cricket como uno de los servicios gratuitos de la parroquia y como una forma de integrarlos a la vida cultural y social, alejándolos de la posibilidad de la violencia o la droga", dijo el contador. El sacerdote aceptó porque "todo deporte es integrador y los curas de las villas apostamos a integrar a los chicos de esos barrios a la sociedad". Así lo explicó Di Paola en diálogo telefónico con LA NACION desde su nuevo destino, Campo Gallo, en Santiago del Estero.

"Iremos a visitar al padre Pepe y enseñaremos a los chicos a jugar al cricket . Allá hay mucho espacio y muchos chicos que seguramente se engancharán", anticipó Juárez.

En la villa, en cambio, el espacio escasea. Caacupé Cricket practica los sábados en la cancha cerrada de futbol 5 dentro de un centro de oficios. "Todo deporte, si está bien orientado como en este caso, enseña una disciplina, un sacrificio que influye positivamente en su vida en todos los ámbitos", dijo Di Paola.

Entre los adultos que acompañan a Juárez en los entrenamientos, hay un trabajador social que sigue las problemáticas que los chicos puedan tener en sus familias.

"Antes de empezar a jugar conversamos sobre lo que vivieron en la semana en la escuela y en sus casas, controlamos que hayan comido", explicó Silvina, que no juega pero acompaña al equipo todos los sábados. "Cada tanto les pedimos los boletines de la escuela y vemos si necesitan otro tipo de ayuda", agregó.

Teodolina Aguilera, madre de Lucas, de 13 años, que integra el Caacupé Cricket, destaca: "Lucas viene a jugar contento, acá tiene un lugar donde estar y recibe la contención de los profesores. Ojalá siempre puedan seguir dándoles esto".

TRANSMISIÓN DE VALORES

  • Hugo Porta, el ex capitán de los Pumas que preside la Fundación Laureus en la Argentina, fue embajador en Sudáfrica, donde el cricket, al igual que el rugby, es el deporte nacional. "Tuve oportunidad de estar en la India y ver en los asentamientos a los chicos que jugaban todos al cricket con un palito", recordó Porta. E insistió en la "transmisión de valores" que implica la práctica deportiva. "Eso dependerá de los maestros, que sepan enseñarles qué es el éxito y la colaboración con los otros", añadió.
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