David Rieff. "Alberto Fernández tendrá que seguir una política más cercana a Macri que a Ricardo Forster"

El intelectual estadounidense mira con lupa la realidad argentina para un próximo ensayo; "la izquierda cristinista vive de fantasías", dice
Pablo Gianera
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3 de noviembre de 2019  

Es posible que él mismo haya perdido la cuenta de la cantidad de veces que vino a la Argentina en los últimos diez años. Pero la contingencia se convirtió en necesidad, y para un escritor lo necesario es siempre un libro. Finalmente David Rieff escribirá un ensayo sobre la Argentina, un ensayo que tendrá dos versiones: una en español y otra inglés. Dice que va a escribirlo de manera "muy modernista". "No quiero tener un efecto en mi propia época. Querría que alguien lo leyera dentro de 200 años y pudiera entender algo. Mis opiniones no me interesan mucho. Me interesa el análisis".

Rieff, que ejerció el periodismo como cronista, conservó del oficio la estrategia del pudor. Pregunta muy bien, pero decidió hace tiempo guardar silencio sobre su madre, Susan Sontag, y también sobre una enfermedad propia de la que habló hace poco en una entrevista en España. Fue suficiente. "Vivimos en un mundo de exhibicionismo. En la época actual, las personas dicen con placer cosas que antes se habrían suicidado antes de decir. Como en tantas cosas, prefiero el pasado. La hipocresía no es el peor de los vicios".

-Algunos atribuyen a la irrupción de las redes sociales está disolución de las fronteras entre lo público y lo privado.

-Viene de mucho antes. Iría a los años 50, a Guy Debord y La sociedad del espectáculo. No comparto el izquierdismo duro de Debord, pero vio que finalmente la diferencia entre realidad y espectáculo estaba desapareciendo. Para mí, empieza ahí. Te cuento una historia curiosa. Mi primer libro era sobre los cubanos de Miami. En esa época, y para mi investigación, yo estaba en contacto con muchos dealers. Imaginate el mundo de Miami en los años 80. Conocí a un señor de edad, un veterano de la droga, y estuvimos en un café. En el Miami Herald hablaban de un grupo de dealers que la policía había detenido. Y en la oficina del jefe de estos dealers tenían una imagen de Al Pacino en El padrino. Entonces el tipo me dice: para mí es un escándalo, porque en mi época habríamos tenido una foto de alguien real, de Al Capone.

-¿Se generalizó el impudor?

-Leí hace días una entrevista a María Eugenia Vidal. El periodista le pregunta cuál era su futuro. Y ella contesta: "Quiero enamorarme de nuevo". Vidal me pareció siempre una buena persona, pero ella se siente cómoda hablando de sí misma como si hablara en una revista de variedades. La leí con estupefacción, y por otro lado es absolutamente normal. Me sorprende el conformismo de la época.

-La corrección política es otra variedad del conformismo. ¿Por qué piensa que se impone más fuertemente en Estados Unidos que en Europa?

-Es el protestantismo. A pesar de que hay más hindúes que anglicanos en este momento, a pesar de que el protestantismo actual de Estados Unidos es más evangélico que luterano o anglicano, las ideas protestantes puritanas siempre han dominado. Hay una muy buena frase de la América profunda: "Si no tienes algo de bien para decir, mejor no digas nada". Es una versión izquierdista del mismo puritanismo, de este absolutismo puritano, que es la herencia del protestantismo de Europa del Norte. Me impresiona que los países en los que este puritanismo de izquierda es tan fuerte son los anglosajones: Australia, Canadá, Estados Unidos. Enseñar literatura en una universidad estadounidense debe ser insoportable. Antes de eso me anoto en la Legión Extranjera.

-¿Cómo se explica a sí mismo su interés por la política argentina?

-A John Updike le gustaba decir que un escritor no elige los temas, sino que los temas eligen al escritor. Tengo la misma sensación. No sé exactamente por qué, pero hay países que me interesan. En los diez últimos años, son la Argentina e Irlanda. De la Argentina, me interesa la distancia entre el talento cultural y humano y la falta de calidad política. Y las contradicciones argentinas son apasionantes. Ustedes tienen una de las culturas más distinguidas de Occidente, y por otro lado, una situación política absolutamente inédita. Si uno habla de Getúlio Vargas en San Pablo lo miran como si estuviera recién salido del manicomio. Sería lo mismo con De Gaulle, Churchill o Roosevelt. No existen en el contexto político francés, inglés o estadounidense. Y aquí me dicen que van a iluminar de nuevo la silueta de Eva Perón en la 9 de Julio.

-El kirchnerismo mantuvo el altar de Eva, pero intentó situar a Néstor Kirchner en el lugar de Perón.

-Hablo como extranjero, pero me parece que el desafío para Cristina, y sobre todo para Kicillof, es que van a tener que moverse en el contexto de un peronismo que no va a ser nunca enteramente de izquierda. Cristina sabía que no podía ganar sin el apoyo del peronismo clásico, centroderechista. Cuando empecé a venir a este país, en 2010, muchos me hablaban del kirchnerismo como el punto final del peronismo. Pero ahora Alberto Fernández va a tener que seguir una política mucho más cercana a Macri que a Ricardo Forster. En un sentido, Macri y sus seguidores tienen suerte: gobernar este país en los cuatro años que vienen será una pesadilla. Veo que los movimientos sociales van a esperar un poco, pero después... Van a pensar que Alberto Fernández los traicionó. Y el hereje es peor que el pagano. El pagano es el enemigo, pero no traiciona. Macri es el pagano, y Alberto Fernández puede convertirse en el hereje.

-¿Está obligado a traicionar Alberto Fernández?

-Hay una enorme fantasía en la izquierda cristinista. Creen que no habría que haber ido al Fondo Monetario Internacional. Es una visión milenarista del mundo. Porque finalmente uno va a la guerra con el ejército que tiene, no con el que le habría gustado tener. Lo mismo pasa en la economía.

-Hablaba de los movimientos sociales, y Juan Grabois ya dijo que no tendrían problema en poner gente en la calle contra Alberto Fernández.

-Los movimientos sociales tienen una visión que no es partidaria. A Grabois lo veo como un hombre radicalizado, alguien de la izquierda católica, tal como la conocemos desde la época de la Teología de la Liberación. En este momento, tienen el apoyo de Bergoglio, pero no es seguro que lo mantengan: el talento del peronista es cambiar de posición.

-¿Cuál de los dos Fernández tendrá el poder?

-Va a haber una lucha, si es que Cristina sigue en política. Pero si ella no está, está Kicillof, que es el heredero político e ideológico de Cristina. Él quiere ser presidente. Y no veo cómo puede inclinarse ante Alberto. La verdad es que si escribo este libro es para saber cosas así. Por qué, por ejemplo, es tan importante que Macri apagara la luz sobre la silueta de una mujer que murió hace 68 años, y que Alberto Fernández quiera encenderla de nuevo.

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