De lo urbano a lo rural

Hombres de campo, en los pasteles y grabados de Seguí; los años sesenta en los colages de Charlie Squirru.
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22 de octubre de 2000  

Aunque suele trabajar por lo menos la mitad de cada año en Europa, el cordobés Antonio Seguí nos tiene al tanto de su producción. Casi una veintena de piezas integra la muestra de sus obras en Rubbers. No son trabajos de gran aliento, pero resultan efectivos como imagen. Acercan al espejo del arte una visión de esa parte esencial de nuestra ciudadanía a la que, como se sabe, trató popularmente el campero Molina Campos.

No tiende la cita a buscar una comparación estilística; sí una referencia al tema, en el que coinciden, cada cual a su modo. Molina Campos está más cerca de la caricatura costumbrista de tipo documental; Seguí, de los comics. El punto de contacto está en el tratamiento humorístico que ambos le dan a las escenas.

Hasta el momento, Seguí enfocaba a los habitantes urbanos, siempre apurados y diligentes. Ahora, se aleja de las metrópoli para hablarnos de los hombres de campo, que tienen otro tiempo. Tan así es, que el prólogo a la veintena de piezas que acompaña la muestra desde el catálogo, estuvo a cargo del presidente y fundador de la Confederación Gaucha Argentina, Juan José Güiraldes, sobrino de Ricardo, el autor de Don Segundo Sombra .

Por ahora, los hombres están de a pie, con sus bombachas típicas, la rastra llena de monedas, un pañuelo y un ponchito. En Pulpería , por ejemplo, se acodan en el mostrador, detrás del cual están los despachantes y, en último plano, unos estantes con toda clase de botellas. Uno de los parroquianos se aleja con un vaso en la mano. En otro caso, la escena es semejante, pero alguien se acerca tambaleante por el efecto de alguna ginebra ya incorporada.

Entre las imágenes individuales, los pasteles se concentran graciosamente en el dibujo de alguien que pasa de perfil taconeando con espuelas y alardeando, con un cuchillo en cada mano.

Por lo demás, la intención costumbrista no refleja el ajetreo que suele deshumanizar al individuo de las grandes ciudades; más bien se destacan sus acciones.

En suma, se reconoce de inmediato la modalidad de Seguí, su expresionismo crítico, pero aplicado a una vida más apacible. Persiste, sin embargo, en representar las personas y las cosas de un modo algo esquemático, aunque cálido y vital. En general, preside las obras el poder constructivo del dibujo y una capacidad de síntesis que las resuelve con soltura en pocos trazos. Pero son trabajos que pese a la economía de medios que ponen de relieve y a la apariencia estereotipada de los seres representados los caracterizan adecuadamente.

( Hasta el 30 de noviembre. En Rubbers, Suipacha 1175, planta baja. )

Los tiempos del Di Tella

Fue en los años de recordada euforia ditelliana que Charlie Squirru llevó adelante su labor más destacada. Son procedimientos mixtos en los que abunda el colage. Corresponden al período que culminó con el gran premio nacional, en 1966. Un año antes, había compartido una de las experiencias más sonadas, con un cartel emplazado en Florida y Viamonte, en el que posaba sonriente junto a su mujer, Dalila Puzzovio, y Edgardo Giménez.

La carrera de Squirru se desarrolló, sobre todo, a partir de una exposición en Bonino, a principios de los años sesenta, compuesta por trabajos abstractos pintados a partir del estilo neoyorquino. Había abandonado los estudios de medicina en tercer año para trasladarse a Nueva York. Allí estudió en el Art Student´s League y estuvo como becario, entre 1960 y 1962, en el Pratt Institute, para estudiar grabado y litografía.

Los colages de Estados alterados vinieron inmediatamente después de esas circunstancias. Son imágenes extrañas, realizadas en Buenos Aires, pero que transmiten la influencia de la pintura norteamericana.

En El camarón embalsamado, un procedimiento mixto de 1963, que, según expresó el propio Squirru, proviene de un sueño premonitorio, se ve una imagen sanguinolenta del presidente Kennedy unos meses antes de su deceso. La pieza está compuesta por tres bandas horizontales de análoga forma y tamaño; en la superior, hay una mortaja, en el medio está, en la misma posición, la cabeza del presidente, y, en la de abajo, una tijera.

Squirru es un artista sensible, inteligente y de ingenio. Tal vez de su paso por Medicina provengan las referencias al cerebro que se ven en varias obras. Ciertas zonas de los cuadros están pintadas al revés, como lo hizo el alemán Georg Baselitz que, después de 1969, invertía las imágenes para librarse de los condicionamientos figurativos. Aunque con un sentido diferente, Squirru se adelantó, por lo menos parcialmente, a esa manera de pintar.

( Hasta fin de mes. En el ICI, Centro Cultural de España, Florida 943. )

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