Desopilante policial

LA AVENTURA DEL TOCADOR DE SEÑORAS Por Eduardo Mendoza-(Seix Barral)-350 páginas-($ 17)
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30 de enero de 2002  

Eduardo Mendoza es catalán, pertenece al grupo de autores nucleados en la llamada "nueva narrativa española" y es considerado "el" novelista de Barcelona, ciudad donde nació en 1943. Lejos de la espesura verbal en la que frecuentemente se perdió la narrativa peninsular de las últimas décadas, Mendoza recupera la clara musicalidad del idioma español. Su prosa se ha desprendido de todo lastre, escurre con absoluta naturalidad allí donde casi todas se atascarían, se despliega con nobleza pero sin lujo y está libre de toda fealdad sonora que pudiera romper la armonía. Aun las frases en jerga local son asimiladas sin disonancias por el conjunto. Igualmente encomiable es su humor.

Hay en La aventura del tocador de señoras una picardía heredera de la picaresca española, pero que es del todo actual. Onán Sugrañes, héroe malicioso y sagaz, se beneficia con el alta masiva que reciben los internos de un instituto neuropsiquiátrico por razones exclusivamente inmobiliarias. Aventurero y buscavida, deviene peluquero de damas y, tras los primeros estropicios pilosos, recibe el encargo de un trabajito supuestamente muy rentable, nada limpio y de poco riesgo. Claro que de estas tres cualidades, la única cierta resulta "nada limpio" y Onán se ve implicado en un asesinato que deberá investigar y resolver si quiere salvar el pellejo.

Comienza en este punto una historia policial que no da respiro: el rigor de la trama sostiene la intriga y sus estrafalarios actores cumplen con aplicado delirio en dar los pasos (y las pistas) para la resolución del enigma. Pero si es la intriga lo que no permite abandonar la lectura, la riqueza imaginativa y lo bien trasladada que está al texto es lo que aquilata la novela. Las situaciones son desopilantes pero verosímiles; los personajes, absurdos pero con espesor humano; la estructura general del relato, derechamente encaminada al mayor beneficio de lo que se cuenta. Antológico es el capítulo que reúne a todos los personajes escondidos en la habitación del protagonista: cada uno que llega ignora que es escuchado por quienes han llegado antes y cada uno de éstos ignora que no es el único que ha debido esconderse debido a la llegada de una nueva visita.

La sutileza y la ironía son los condimentos de esta historia. La parodia, el punto de partida de un humor que se dispara lejos y alcanza la burla desembozada. Los dardos van dirigidos a los catalanes en general, a la clase alta en particular, a los políticos, al cine español y a infinidad de otros tópicos. Pero estas referencias no han sido "agregadas" a la historia con el solo fin de provocar la risa (aunque la provocan), sino que fueron literariamente metabolizadas hasta convertirlas en carne de los personajes o, dicho de otro modo, hasta volverlas necesarias. Se ha interpretado esta obra como el resultado del procesamiento ficcional de una realidad particularmente compleja: la de la Barcelona posolímpica. Es probable que sea verdad pero la novela se basta a sí misma sin esa precisión.

La aventura del tocador de señoras no es una novela más. Es inteligente, bella, divertida y diferente.

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