Diario de una filmación

NOTAS A APOCALIPSIS NOW Por Eleanor Coppola-(Emecé)-Trad.: Mar Vidal-286 páginas-($ 25,50)
Fernando López
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24 de noviembre de 2002  

"Cuando empecé a escribir estas notas [...] intenté que fueran como fotos. Quería dejar fuera los adjetivos, los juicios. Simplemente tomar pequeñas instancias que, una vez reunidas, dieran una imagen de mi experiencia. Yo sería la cámara, fuera de los acontecimientos, sólo intentando registrarlos. Ahora me encuentro con que soy uno de los participantes." La reflexión que Eleanor Coppola incluye casi sobre el final del libro explica bastante mejor su contenido que el subtítulo - Diario de una filmación - que ella eligió para presentar estas notas. En efecto, más que los apuntes sobre la realización de la famosa película de Francis Coppola (y sobre el documental acerca de ese rodaje emprendido por la propia autora), en estas páginas se encontrará un registro de la vida de Eleanor Coppola durante los años que demandó la realización del film, desde su arduo y complejo rodaje en tierras filipinas hasta los últimos tramos de su no menos ardua edición, ya de regreso en los Estados Unidos.

Lo que en principio -por lo menos para el cinéfilo- parece restringir el interés del libro, en realidad termina añadiéndole un ángulo diferente, enriquecedor. La autora no está atenta solamente a su famoso marido y a la problemática concreción de su ambiciosa obra sobre la Guerra de Vietnam: al mismo tiempo, también comenta los avances de su propia obra y, sobre todo, reflexiona sobre sí misma, sobre los conflictos y las vacilaciones que atormentan al cineasta durante el largo proceso de elaboración del film y sobre la etapa de crisis que vive su matrimonio en esos tiempos, sin dejar de consignar todo lo que su ojo atento percibe en contacto con la gente, las culturas y los lugares diversos con los que la experiencia de la filmación la llevó a vincularse.

En la mitad de un rodaje que ya se ha hecho legendario por la cantidad de tropiezos de toda índole que padeció -desde los cambios en el elenco y la enfermedad de su protagonista, Martin Sheen, hasta los innumerables inconvenientes nacidos tanto de la naturaleza misma (tifón incluido) como de la irregular situación política en Filipinas-, Coppola le confiesa a su mujer que tras verse obligado a modificar tantas veces sus planes iniciales ha empezado a pensar que "quizás un buen director no sea el que está totalmente preparado, sino el que es capaz de tomar las situaciones que se presentan y usarlas en su provecho". En cierto modo, puede decirse que Eleanor experimentó un proceso similar. Se propuso registrar en su cuaderno notas referidas al rodaje del film y lo hizo, pero también aprendió a sacar provecho de las situaciones que le salían al paso o los sentimientos que le evocaban, aunque no respondieran, por lo menos en apariencia, a su propósito inicial.

Ya se sabe que la mirada, cuando es honesta y penetrante, termina revelando más de lo que se propone: la prosa vívida y llana de Eleanor Coppola hace que en los bordes de su observación broten emociones reveladoras de una experiencia vital que fue, en muchos sentidos, decisiva tanto para ella como para su célebre marido. La epopeya del rodaje de Apocalypse Now (no está muy claro por qué el título ha sido traducido sólo a medias) expone, a veces en forma nítida, a veces sesgadamente, cuánto de la zozobra interior del admirable realizador de El padrino se ha trasladado a las imágenes de su obra y en qué medida, al materializar su visión del famoso relato de Joseph Conrad en que se basó el guión, él también emprendió (como muchos de los que estuvieron involucrados en el proyecto, Eleanor incluida), el lacerante viaje al corazón de su propia tiniebla.

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