Dos familias, dos naciones

Es uno de los escritores de Israel más importantes y escuchados en su país. A los 15 años se fue a vivir a un kibbutz. Luchó en la Guerra de los Seis Días y en la de Iom Kippur. Obtuvo el Premio de la Paz de Alemania, el Prix Femina de Francia al mejor libro extranjero y el Premio de Literatura de su patria. Además, se lo menciona entre los candidatos al Premio Nobel. En esta conversación, habla de su vida, su obra, del enfrentamiento entre israelíes y palestinos y del posible desenlace de esa lucha
Es uno de los escritores de Israel más importantes y escuchados en su país. A los 15 años se fue a vivir a un kibbutz. Luchó en la Guerra de los Seis Días y en la de Iom Kippur. Obtuvo el Premio de la Paz de Alemania, el Prix Femina de Francia al mejor libro extranjero y el Premio de Literatura de su patria. Además, se lo menciona entre los candidatos al Premio Nobel. En esta conversación, habla de su vida, su obra, del enfrentamiento entre israelíes y palestinos y del posible desenlace de esa lucha
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29 de agosto de 2001  

"No falta mucho para que Amos Oz gane el Premio Nobel", concluía en el Times Literary Supplement la reseña de una de las últimas novelas de este escritor nacido en Jerusalén en 1939. La veintena de libros (novelas, cuentos, ensayos literarios y políticos) que escribió ha sido traducida a más de treinta idiomas. Tres de sus últimas novelas, Una pantera en el sótano , No digas noche y Un descanso verdadero, han llegado a la Argentina publicadas por Siruela. Sus artículos de opinión sobre el conflicto palestino-israelí se recogen desde hace años en los principales diarios de Europa y de los Estados Unidos y en LA NACION. Entre otras distinciones, recibió el Friedenspreis , premio internacional de la paz otorgado en Alemania (1992), la Cruz de la Legión de Honor de Francia (1997) y, para el cincuentenario del Estado de Israel, en 1998, el Premio Israel de Literatura. Pero aunque desde hace años es una voz reconocida y reconocible, no sólo en su país sino también en el extranjero, y podría haberse radicado en cualquier ciudad importante de Europa o de los Estados Unidos, él prefirió vivir en el kibbutz Hulda entre 1953 y 1986, y desde entonces en Arad, pequeña ciudad de veinte mil habitantes fundada en los años sesenta. Además, enseña literatura hebrea en la Universidad Ben Gurión del Néguev, con sede en la cercana ciudad de Beer Sheva.

Mientras fue miembro del kibbutz , Oz pasó algunos períodos fuera de él. Hizo el servicio militar, que terminó en 1961, y combatió como reservista en las guerras de los Seis Días (1967) y de Iom Kippur (1973). Durante ese período, estudió filosofía y literatura en la Universidad Hebrea de Jerusalén y más tarde pasó sendos años como invitado en universidades de Oxford (1969-70) y Colorado (1984-5). Comenzó a escribir mientras ocupaba sus días trabajando en el campo y enseñando en la escuela del kibbutz . La buena recepción de sus primeros cuentos (reunidos en Donde aúllan los chacales , 1965) hizo que lo enviaran a estudiar en Jerusalén y que le concedieran más tiempo para la escritura, hechos que él vivía con cierta culpa, aunque sus derechos de autor, como toda ganancia externa de un miembro de un kibbutz , fueran a parar a las arcas comunes.

En la lengua del padre

En 1986 el asma de su hijo obligó a Amos Oz a irse en pos de un clima seco y ozonificado. Su casa está desde ese año en un barrio residencial al oeste de Arad, ciudad cuyo nombre en hebreo significa "bronce", el color dominante en el desierto rocoso que la rodea y que, parecido a un paisaje lunar, desciende a lo largo de varios kilómetros hasta el verde esmeralda del Mar Muerto. Ese panorama es el que ve cada mañana el escritor desde la ventana de su sala de estar, antes de salir a caminar por el desierto. Después se sienta a trabajar en su estudio, un subsuelo repleto de libros. El televisor y el indispensable aire acondicionado de la casa no son de modelos recientes, signo del poco interés consumista de sus habitantes, en un medio donde es usual lo contrario.

-¿Por qué elige seguir viviendo en Arad? ¿Extraña a veces el kibbutz ? ¿Pensó alguna vez en irse a vivir a otro país?

-Extraño el kibbutz , amo el desierto y voy a otros lugares, a veces en auto o en avión y a veces en mi imaginación. He residido un año en Inglaterra y otro en los Estados Unidos. Pero tengo que vivir en un lugar donde se hable mi lengua. Soy como un pez, necesito estar en el agua. Puedo sobrevivir fuera del agua de la lengua hebrea durante un año, pero después, si no volviera a esa agua, me extinguiría. Así que tengo que vivir en un país donde se hable en hebreo, y hay un solo país como ése en el mundo. Arad, la ciudad donde vivo, está muy arraigada en mi corazón porque el desierto es para mí una inspiración y un aprendizaje cotidianos.

-Hace muchos años usted dijo que el hebreo moderno era como el inglés isabelino, una lengua en formación, un paraíso para los poetas pero un terreno difícil para los narradores. ¿Ha cambiado la situación desde entonces?

-La creación de una lengua no es algo que cambie sustancialmente en unas pocas décadas. Como novelista, para mí es un enorme desafío y también un enorme placer escribir en hebreo moderno, porque es una lengua volcánica, musical, llena de posibilidades y también de vibraciones y ecos antiguos. Pero todavía pienso que escribir ficción en hebreo moderno es a veces como tocar una pieza de música de cámara en una inmensa catedral: hay que tener mucho cuidado con la acústica, porque con una sola palabra equivocada uno puede invocar toda una cascada de ecos, vibraciones y temblores. A veces uno quiere hacer justamente eso y entonces el hebreo moderno es un instrumento musical ideal.

-¿En qué idioma hablaban sus padres?

-Ellos eran sobrevivientes de Europa oriental. Se conocieron a través del servicio de encuentros y se casaron en Jerusalén. Los dos eran políglotas. Hablaban entre ellos en ruso y polaco para que yo no entendiera. Leían en alemán, francés e inglés. Seguramente soñaban en idish. Pero a mí sólo me hablaban en hebreo. No querían que yo supiera ninguna lengua europea, quizá porque temían que, si las aprendía, podía sentirme atraído por otra tierras, irme a Europa y encontrar la muerte como les sucedió a muchos judíos en los años cuarenta.

-¿Por qué al mudarse al kibbutz decidió cambiarse el apellido paterno, Klausner?

-A los catorce años me rebelé contra el mundo de mi padre. Ya estaba harto de esa atmósfera erudita, de los valores burgueses de la clase media y de la política de derecha. Así que decidí convertirme en todo lo que mi padre no era. El era de derecha, yo decidí ser socialista. El era un erudito, yo decidí manejar un tractor. El era un intelectual, yo decidí ser un granjero socialista. Y entre otras cosas, también decidí adoptar un nuevo apellido hebreo, Oz, que significa "coraje, determinación, fuerza", cosas que yo necesitaba profundamente cuando dejé mi casa y me fui a vivir solo en un kibbutz .

-El niño protagonista de Una pantera en el sótano siente fascinación por la biblioteca de su padre, que le hace de "guía turístico" entre los libros. El padre adopta la misma actitud de cicerone bibliográfico en otra escena del libro, cuando unos policías del entonces Mandato Británico requisan la casa y él trata de desviar la atención de los intrusos de los estantes donde oculta un paquete de la resistencia judía. ¿Hay algo de experiencia real detrás de eso? ¿Qué leía en su niñez?

- Una pantera en el sótano es autobiográfico pero no confesional. La biblioteca de mi padre existió, para mí era el universo entero. El episodio de la requisa que hacen los ingleses es, dicho sea de paso, casi documental.

La biblioteca rusa

-En sus libros suelen aparecer los nombres de Chejov, Tolstoi y Dostoievski, e incluso existe cierta afinidad literaria entre su obra y la de esos escritores. ¿Son parte de su propia tradición literaria?

-Durante mi infancia, cada noche a partir de las siete todos teníamos que estar encerrados en casa, a raíz del toque de queda que impusieron los ingleses en Jerusalén. En ese tiempo no existía televisión, ni Internet, ni computadoras, así que yo leía y leía. Empecé con los grandes escritores rusos probablemente a los nueve o diez años, demasiado chico. Los leía en hebreo, la única lengua que sabía. Aún hoy no sé ruso. Pero obviamente ellos, y yo incluiría en la lista que usted hizo a Gogol y Turgueniev, tuvieron gran influencia en mí, aunque no fueron la única influencia.

-¿Esos autores están también en las raíces de la literatura israelí moderna?

-La literatura hebrea moderna es una yuxtaposición, un lugar de encuentro de docenas de influencias. Los judíos provenientes de Europa oriental crecieron bajo influencias rusas, polacas, en algunos casos también lituanas y húngaras. Los procedentes de Europa central tuvieron influencias alemanas. Los de Francia y el norte de çfrica, francesas. Los de Norteamérica, inglesas. Los de América latina, hispanas. Los de países islámicos enriquecieron la tradición judía moderna con fuertes influencias árabes. Y así sucesivamente. Yo creo que esa mezcla es una bendición.

-¿No hay en el comienzo de Un descanso verdadero algo de ambiente chejoviano donde irrumpe un personaje dostoievskiano?

-Me parece una excelente observación. Creo que Azarías es un personaje dostoievskiano, al igual que el legendario personaje de Benya Trotsky, que había abandonado el kibbutz muchos años antes para desaparecer en algún lugar de Miami. Son personajes dostoievskianos que entran en una realidad chejoviana. Pero no olvidemos que toda esa gente es muy tolstoiana en sus puntos de vista y en su filosofía. De modo que allí hay tolstoianos salidos de una narración de Chejov e invadidos por un personaje dostoievskiano, y tal vez con un toque de surrealismo gogoliano en la trama.

De la voz a la trama

-¿Hay alguna relación entre el modo en que Azarías llega al kibbutz y el modo en que llegó usted al suyo a los catorce años?

-Sí, pero no me gustaría que se buscaran elementos autobiográficos exactos. Claro que inserto partes de mi propia historia en mis personajes, no sólo en Azarías. Todo lo que he escrito en mi vida es autobiográfico, en la medida en que tracemos una línea divisoria: autobiográfico pero no confesional.

-En esa novela usted retomó la construcción en gran escala que impone una narración situada en un kibbutz , algo que ya había encarado en su primera novela, Quizás en otra parte (1966, publicada en castellano por Emecé en 1978). Por extensión y cantidad de personajes, ¿cree que Un descanso verdadero es hasta hoy su novela más ambiciosa?

- Un descanso verdadero es algo más épica, en un sentido moderno, diría, cinematográfico de la palabra, por la amplitud de la pantalla. Creo que mi proyecto más ambicioso es mi última novela, El mismo mar , que ha sido traducida a otras lenguas y saldrá en España en febrero próximo, por Siruela; se trata de una novela que combina prosa y verso.

-Cuando empieza a escribir una novela o cuento, ¿suele tener una noción de cómo va a terminar?

-Al comienzo no tengo ideas ni estructuras sino algunos personajes o, más exactamente, lo primero son algunas voces. Ni siquiera sé de dónde vienen, pero durante cierto tiempo oigo en mí tres o cuatro voces diferentes. Finalmente esas voces se desarrollan y se convierten en personajes. Lo que esos personajes se hacen entre sí es la trama. En ese punto empiezo a tener una idea más o menos clara de hacia dónde irá el cuento o novela, pero la mayoría de las veces los personajes se apoderan de la situación y el relato no avanza en la dirección que yo había planeado sino hacia un lugar que ellos deciden.

-En No digas noche hay una alusión a Borges. ¿Ha leído a algún otro escritor argentino?

-Borges está sin duda cerca de mi corazón. En los últimos años he leído a otro importante escritor argentino, Manuel Puig, y podría mencionar también a uno o dos más, pero no quisiera sonar como un gotero de nombres.

-¿En qué consistió su participación en la traducción al inglés de algunos de sus libros?

-En la solapa de las ediciones en inglés de algunos libros míos dice que la traducción fue hecha "por Nicholas de Lange en colaboración con el autor". Pero es mentira. Tendría que decir "por Nicholas de Lange con interrupciones del autor". Mi inglés alcanza para ayudar al traductor cuando creo que se equivoca, pero no puedo decirle cuándo acierta. Sólo puedo molestarlo, interrumpirlo, no soy un verdadero colaborador. Soy el compañero que lo distrae en el esfuerzo constructivo de traducir mis novelas al inglés.

Guerra y paz

-Sus ficciones, aunque no traten directamente de temas políticos, dan la impresión de que el autor que está detrás tiene fuertes e inteligentes convicciones políticas, presentes de algún modo en la forma en que se mueven los hilos de la narración y de los personajes. ¿Es algo deliberado o le surge natural, incluso irremediablemente?

-Nunca pretendí que mis novelas se convirtieran en manifiestos políticos. Jamás escribí una novela o un cuento para cambiarle a la gente sus ideas o sus puntos de vista políticos. Por supuesto que escribo acerca de personajes que tienen sus puntos de vista, pero son personajes diferentes con diferentes valores y apreciaciones. Mis puntos de vista políticos se encontrarán más en mis ensayos y artículos que en mis novelas, excepto en un sentido muy amplio: las evoluciones pragmáticas que van moderando y modelando el carácter de Srulik, el nuevo secretario del kibbutz en Un descanso verdadero , por ejemplo, se aproximan bastante a mi corazón, política e ideológicamente. En algunos círculos conservadores israelíes, tengo reputación de ser un radical entusiasta. Pero en realidad yo nunca me consideré un radical, pienso que soy un evolucionista, y alguien que cree que contemporizar es vida y que la mayoría de los conflictos tiene que resolverse mediante algún tipo de desdichada contemporización chejoviana.

-El niño protagonista de Una pantera en el sótano es acusado por sus amigos de traidor por relacionarse con un oficial inglés durante el Mandato Británico en Palestina. ¿Fue ésa en cierto modo una excusa para reflexionar sobre qué se entiende por traidor?

-Creo que todos los grandes intelectuales del último siglo que hicieron pronunciamientos fuertes han sido tildados de traidores por algunos de sus compatriotas. Así que el título de traidor es tal vez más honroso que deshonroso. Yo lo definiría así: un traidor es aquel que cambia en medio de los que no cambian y odian el cambio y ni siquiera pueden imaginar un cambio.

-Usted era un referente del movimiento "Paz ahora" en sus comienzos, pero luego señaló sus diferencias.

-Yo no represento al movimiento pacifista israelí. Represento mi propia opinión. Nunca he sido propalestino, ni tampoco antipalestino. Soy pro-paz.

-¿Qué actos israelíes le habría gustado que fueran diferentes?

-Creo que el principal error israelí en este conflicto fueron los asentamientos en los territorios ocupados. Yo los rechacé y los objeté desde el principio, en 1967, y todavía pienso que es el error más trágico que cometió Israel a lo largo de este conflicto. No menciono los trágicos errores palestinos porque no es ésa la pregunta, pero ellos también han cometido algunos errores terribles.

-¿Qué es justo y qué es injusto en este conflicto?

-He escrito algunos libros acerca de eso. Lo más sintético que puedo decir es que el conflicto entre israelíes y palestinos es un choque entre lo justo y lo justo, no entre lo justo y lo injusto. Eso significa que es una tragedia y no una película de cowboys. Por supuesto que, en el trágico choque entre lo justo y lo justo, yo creo en el derecho israelí a defendernos y a pelear por nuestra vida y nuestra libertad. Toda batalla, toda guerra peleada por cualquier cosa que vaya más allá del derecho a la vida y a la libertad es injusta. A los palestinos que luchan por la liberación de Palestina, yo los respeto y puedo contemporizar con ellos. Con los palestinos que luchan por exterminar a Israel no puedo dialogar, de ellos voy a defenderme. Entonces la línea divisoria pasa entre los que luchan por la autodeterminación de Palestina en una parte del territorio y los islámicos fanáticos que reclaman la totalidad del territorio. Lo mismo se aplica, por supuesto, a judíos moderados y judíos fanáticos.

-El protagonista masculino de No digas noche comenta, cuando un ministro menciona "la tan esperada paz", que allí la palabra "esperada" es errónea: "o paz o esperanza. Hay que elegir".¿Podría ampliar esa observación? ¿Qué "esperanza de paz" entre israelíes y palestinos cree que puede haber hoy?

-No quiero ser confundido con Teo, el personaje de No digas noche. Lo respeto mucho, pero él es él y yo soy yo, y no tenemos necesariamente las mismas actitudes políticas o emocionales. Yo creo que, aun en estos días tan difíciles, la mayoría de la gente tanto en Israel como en Palestina, sabe que el país va a ser dividido en dos estados. Si se pregunta a israelíes y palestinos, en una encuesta pública o en un referéndum, no cuál es la solución correcta para el conflicto israelí-palestino, sino qué piensan que va a suceder realmente, supongo que el ochenta por ciento de los judíos y de los árabes dirán, sin ninguna alegría, que al final habrá una partición. Estoy convencido de que esa solución está delante en el camino, inevitablemente. Hay cinco millones y medio de judíos en este país y no van a irse a ningún otro lado. Hay unos cuatro millones de árabes palestinos que tampoco van a hacerlo. Arabes y judíos no podemos vivir juntos como una familia feliz, porque no somos una sola familia sino dos, y no estamos felices juntos. Así que necesitamos trazar una línea y dividir el país en dos países. No va a ser fácil, va a doler como el infierno, pero será la solución. Por favor, no me pregunte cuánto tiempo va a llevar o qué va a pasar antes, porque es difícil ser profeta en esta tierra de profetas, hay demasiada competencia en el negocio de la profecía. Sólo puedo decir que tarde o temprano ésa será la solución, les guste o no al señor Sharon y al señor Arafat. A los dos parece no gustarles, pero ellos pasarán y las dos naciones se habrán constituido.

Perfil

Formación:

Amos Oz nació en 1939 en Jerusalén. Estudio filosofía y literatura en la Universidad Hebrea de su ciudad natal. Más tarde fue escritor invitado en la Universidad Hebrea y en Colorado College.

Obras:

Quizás en otra parte (novela dedicada a la memoria de su padre, que fue adaptada para el teatro y representada en Tel Aviv). Mi marido Mikhael (novela, de 1968, llevada al cine por Dan Wollman en 1975). Hacia la muerte ( nouvelles ), también dedicada a la memoria de su padre. Tocar el agua, tocar el viento (novela), Un descanso verdadero (novela), Las voces de Israel (ensayo político), No digas noche (novela), Una pantera en el sótano (novela), The Story begins: Essays on Literature, Fima (novela), Soumchi (novela).

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