Dos miradas, una misma denuncia

En el ciclo de LA NACION, Santiago Kovadloff y José Pablo Feinmann coincidieron en criticar la ausencia de oposición política, la debilidad institucional y la tendencia hegemónica del Gobierno
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7 de mayo de 2007  

Ante más de mil personas que colmaron la sala José Hernández y aplaudieron calurosamente las intervenciones de dos pensadores notables, Santiago Kovadloff y José Pablo Feinmann dialogaron anteayer sobre política argentina, coordinados por el periodista Nelson Castro. Fue un duelo de titanes que la audiencia -en la que hubo muchos jóvenes- disfrutó en el contexto del ciclo de LA NACION.

Nelson Castro presentó a ambos intelectuales como "monstruos del pensamiento" y anticipó que la mesa era "un ejemplo para la discusión y la conciliación de valores. Santiago y Juan Pablo piensan distinto, pero construyen". Los dos hombres de una misma generación, distanciados en algún momento por el debate político, dieron ayer un ejemplo de la reconciliación que necesita el país.

"José Pablo y yo hemos hallado en la filosofía y en la literatura un campo de trabajo apasionante. En 1981 vivimos los mismos dilemas que nos presentaba el retorno a la democracia. El, desde el peronismo, y yo, desde el radicalismo", dijo Kovadloff. Feinmann completó: "La idea era que no tenía que existir una ruptura entre ambos partidos, sino que ambos tenían que unirse en la construcción democrática".

Ambos filósofos dejaron casi contemporáneamente los partidos políticos con cuyas ideas simpatizaban. En 1985, Feinmann se fue del justicialismo "por el autoritarismo, que es la fuerza del peronismo, y por la política turbia de negociación. El justicialismo no es democrático". Kovadloff, que por entonces integraba el directorio de ATC, propuso un programa con la conducción de Feinmann, se lo rechazaron y se fue de la televisora y del radicalismo.

"¿Cómo estamos?", preguntó entonces Castro. Feinmann dijo: "No hay oposición. Esa es una debilidad que fortalece al gobierno de Kirchner y eso no es conveniente. Hay muchos aciertos de este gobierno que me gustan. Kirchner tiene suerte: la economía prospera; hay 50 mil millones de dólares de reserva, pero el Gobierno está restringido a 10 o 12 personas. Kirchner sólo cree en las encuestas y pone el acento en la creación de poder".

Kovadloff reflexionó: "La transición en el país no está cumplida. La construcción democrática no se produjo por el diálogo político y eso provocó una anemia profunda en los partidos. La voluntad hegemónica de Kirchner es un mal de la política nacional que hay que cambiar".

Sin instituciones

Feinmann hizo, entonces, la primera crítica que el público aplaudió con aprobación: "En lo relativo a los medios de comunicación, la oposición no pega donde tiene que pegar. Se critica lo relativo a la publicidad oficial, pero no se dice que el gobierno de Kirchner prorrogó las licencias del Grupo Clarín, de Telefónica, de Daniel Hadad, al que le regaló radios y ahora un canal de noticias de 24 horas, donde se va a asesinar la verdad. Las instituciones no se alteraron con eso. Hay hegemonía e intolerancia de los dos lados".

Dijo Kovadloff: "Falta en la Argentina una conciencia más clara de que las investiduras representan instituciones y no temperamentos. El riesgo de ello es que cuando desaparece la figura hegemónica se debilita de nuevo la institucionalidad del país. Estamos enfermos, como sociedad, por falta de instituciones".

Puestos a hablar del juego de la política en la Argentina, Kovadloff dijo: "La oposición está ausente en la Argentina por la falta de diálogo interpersonal. Este presidente no tiene noción del diálogo y eso es inquietante porque la política es diálogo compartido".

Feinmann manifestó: "Hay una pobreza conceptual en la forma de concebir la política, tanto del gobierno como de la oposición. Es verdad la imposibilidad de diálogo del gobierno y la personalidad hegemónica de Kirchner, que confía demasiado en las encuestas. Y la oposición no logra consolidar un partido político".

Kovadloff intervino, entonces: "El problema es que no hay oposición sino opositores, como no hay oficialismo sino oficialistas. Ese es el triunfo de la dictadura: la destrucción de las estructuras de vida democrática. Se lucha por el poder, no por la democracia política".

Y Feinmann arrancó con su más dura crítica: "No hay democracia política. La política es una enorme mafia y hay un gran aparato peronista sin el cual nadie puede gobernar. Hay un corleonismo argentino. Kirchner, que en un principio iba a crear un partido de centroizquierda, lo tiró por la borda y se hizo más peronista. Fue tan bueno, que se comió a los alacranes. Se puso al aparato de su lado, pero cuando el aparato tenga que asesinarlo, lo hará. La democracia ha sido reemplazada por ese terrible aparato mafioso que tenemos que desmontar".

Por eso, agregó Kovadloff, no hay progresismo en la Argentina. "Cuando la oposición se identifica con el poder, se alacraniza con él. Así se privilegia la duración sobre la transformación."

Feinmann aportó: "El éxito sería convencer a Kirchner de que es lo suficientemente malo como para manejar la mafia". Y Kovadloff, con una expresión que cosechó exclamaciones y aplausos, replicó rápidamente: "¡Es que la mafia está en el Gobierno con él!".

Casero y Varsky, en el último día

  • Hoy, en el último día de la Feria del Libro, LA NACION ofrecerá dos atractivos encuentros en su stand, ubicado en el hall central del predio de La Rural. Quienes se acerquen allí a las 17 podrán ver al actor, humorista y músico Alfredo Casero, quien presentará su libro Un tranvía llamado Vaporeso , escrito junto con Nancy Diez y ahora reeditado por La Laida. También en el stand del diario, a las 19, el periodista deportivo y columnista de LA NACION Juan Pablo Varsky dialogará con Daniel Arcucci, secretario de Redacción del diario.
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