Dueños de la tierra

LOS TERRATENIENTES DE LA PAMPA ARGENTINA Por Roy Hora-(Siglo XXI)-403 páginas-($ 29)
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11 de mayo de 2003  

Quizá lo más sorprendente de este libro sea que se habla en pasado, de una clase terrateniente que fue pero ya no es más. Se ubica el punto de inflexión en 1946, cuando un conjunto de medidas del presidente Perón sustentó una silenciosa pero eficaz reforma agraria. Cuando ese proceso terminó, el mundo agrario continuó siendo una parte vital de la economía argentina, pero en su cúspide no se ubicaban ya los "señores de las pampas" que lo presidieron en su ciclo más glorioso.

Tales señores no provienen -en opinión del autor- de los remotísimos tiempos virreinales; ni siquiera de las décadas que van de Caseros a Roca, cuando ya se afirmaba vigorosa la empresa rural capitalista. Roy Hora ubica el momento clave en las dos últimas décadas del siglo XIX, cuando se conjugaron un orden político dispuesto a potenciar las posibilidades de la "pampa pródiga", una revolución tecnológica que colocó la estancia pampeana a la vanguardia de los procesos productivos de su tiempo y una coyuntura excepcional del mercado mundial. En ese contexto, los grandes terratenientes pampeanos adquirieron "unidad y conciencia de sí mismos", lo que incluyó una nueva valoración del estilo de vida rural y el desarrollo de formas de vida exclusivas y excluyentes.

Desde 1910 comenzaron a acumularse los problemas. Cuando acababan de ocuparse las tierras nuevas, comenzaron a aflorar los conflictos con los socios menores, los chacareros, pronto organizados en la Federación Agraria. La ley Sáenz Peña inició un cambio en los equilibrios políticos que a la larga afectaría a unos terratenientes nunca bien vinculados con el poder político. La Primera Guerra Mundial trajo un período de desórdenes sociales y desarreglos en el mercado mundial. Finalmente, la crisis de 1929 obligó a los terratenientes, y al Estado que los respaldaba, a reordenar las relaciones con las metrópolis y a apretar más las clavijas a los socios locales. En un contexto de dificultades generalizadas, los terratenientes pampeanos lograron proteger su posición, pero a costa de concentrar sobre sí las críticas de amplios sectores de la sociedad, anticipando aquel final de 1946.

En este recorrido Hora toma distancia de dos grandes relatos que dominaron el sentido común. Por un lado, el que presentó a los terratenientes como un grupo ocioso y conservador, que desde tiempos coloniales prosperó "mirando pacer las vacas". Por otro, el que se desarrolló a partir de una luminosa hipótesis de Jorge Federico Sábato: en la Argentina hubo una elite económica muy concentrada, que se movió en distintas actividades, rurales y urbanas, siguiendo los vaivenes del mercado. Hora en cambio hace hincapié en la especificidad de esta clase terrateniente, conformada a fines del siglo XIX, a la que define en términos clásicos: inserción en la estructura productiva, conformación de intereses objetivos, identidad y conciencia constituida a partir de esos intereses, y finalmente vinculación con un poder político coincidente en términos generales pero con una definida autonomía.

Varias cuestiones son tratadas con agudeza y originalidad, como la caracterización del "cambio de siglo", un período singular entre la Revolución del 90 y la ambigua apoteosis del Centenario, cuando se produjo un giro significativo respecto de la tradición liberal. Uno de sus aspectos es la política proteccionista, consagrada en la tarifa aduanera de 1906, que revela la cantidad de intereses entre los que debe arbitrar el "régimen oligárquico" y la escasa capacidad de los grandes terratenientes para defender eficazmente el suyo específico. Así, analiza los fallidos intentos de los "señores de las pampas" -una manera de denominarlos poco afortunada- para organizar una fuerza política propia: la Unión Provincial primero y la Liga Agraria después, que en definitiva fueron meros ensayos de aficionados, fracasados ante la eficiencia de los políticos profesionales. En esto Hora se aleja categóricamente del sentido común establecido, según el cual la elite política y la elite económica serían una misma cosa, o se unificarían sin fisuras en la "oligarquía".

Este análisis de los terratenientes y la política ganaría en claridad si se le agregara otro sobre el modo de hacer política del partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, que en la década de 1930 comenzó a acoger a los grandes terratenientes, pero sin confiarles plenamente el manejo de esa eficaz máquina política. Del mismo modo, la recurrente apelación a la identidad y conciencia terrateniente sería más convincente con un estudio más preciso de los procesos sociales y culturales de constitución y afirmación de dicha identidad. La relación entre los terratenientes y aquellos miembros de esa clase social que cultivaron las letras, como Larreta o Güiraldes, presentados como espejos de esa identidad, sin duda requiere una consideración más minuciosa del conjunto de mediaciones por las que la experiencia de un grupo se expresa en una obra literaria.

El libro de Roy Hora, un excelente historiador profesional, se caracteriza por la solidez de sus hipótesis, el rigor argumentativo y la preocupación por articular análisis parciales en una mirada de conjunto que, más allá del mérito erudito, contribuya a entender los problemas fundamentales de la Argentina. Sin duda, es un libro que durará.

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