Eduardo Mendoza indaga en la vida urbana de su Barcelona natal

Para el escritor catalán, la ciudad forma el carácter de las personas y el modo de encontrarse
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17 de diciembre de 2001  

Un loco es expulsado de un manicomio luego de pasar buena parte de su vida allí. Y, al reinsertarse en la sociedad, mientras logra su cometido con relativa facilidad dada las escasas diferencias existentes entre la supervivencia afuera y la vida adentro, se ve envuelto en un crimen que ayuda a dilucidar.

Hasta aquí el argumento de "La aventura del tocador de señoras" (Planeta), la novela del escritor catalán Eduardo Mendoza que se acaba de editar en Buenos Aires. Y aunque el manicomio, recurso que el autor utiliza en sus libros desde 1976, no tuvo nunca pretensión de metáfora, le ha valido a Mendoza como excusa para desnudar el pulso vital de la ciudad, protagonista de sus títulos, que venden una media de 300.000 ejemplares en España. Y, en algún caso como "Sin noticias de Gurb", 750.000.

Mendoza es un señor de aspecto anglosajón, hablar pausado y mirada inquieta; visitó Buenos Aires por tercera vez y dialogó con LA NACION.

-¿Por qué Barcelona es tan omnipresente en sus libros?

-No es porque sea Barcelona, sino porque es una ciudad. Me interesa el fenómeno de la vida en la ciudad. Hasta hace un tiempo se pensaba que las ciudades se hacían solas, que iban acumulando casas. Yo creo que la ciudad tiene una vida propia. Hay decisiones que cambian el curso de los acontecimientos históricos y vale la pena estudiar la vida de la ciudad, no como escenario, sino como personaje. La ciudad de la que me he servido es Barcelona, no porque sea diferente, sino porque es la mía.

-¿Podría Buenos Aires ser protagonista de una novela suya?

-Seguro, estoy harto de Barcelona. Ocurre que allí me muevo bien literariamente. Pero hay otras ciudades atractivas, donde pasan muchas cosas que me interesan. Y, desde luego, Buenos Aires es una de ellas.

-¿Cree usted que la historia influye en las ciudades o viceversa?

-Es como con las personas. La ciudad no es un escenario indiferente. Forma el carácter de las personas, la manera de encontrarse y desencontrarse. Creo que esto ha sido poco tratado, literariamente hablando. Siempre se hablaba de la pequeña ciudad y de la presión que ejerce sobre algunos personajes. Pero esta ciudad de la que hablamos es el paradigma de la libertad, es el lugar donde uno puede desaparecer sin irse a ninguna parte y en 100 metros uno puede estar lejísimos. Es donde todos los encuentros son posibles, donde están todos los modelos humanos y, además, el modelo general de la ciudad. Por esa ciudad se nos reconoce, más que por nuestra filiación. Como tarjeta de visita primero somos mallorquinos, porteños, catalanes, y sólo después entramos por otros rasgos.

-En su obra, el fondo siempre refleja un momento histórico de España. ¿Cuáles son los hitos que le gustaría abordar en el futuro?

-Uno es la guerra civil; es muy difícil porque ha sido muy tocado. Y otro es el momento actual, esta España próspera, de derecha y europea. En esto estoy trabajando ahora. Quiero contar cuál ha sido el camino que nos ha traído a parar aquí.

-¿Cómo se lleva con esta España próspera, de derecha y europea?

-Me parece inadmisible que nuestra memoria sea tan corta y que no nos acordemos cuando los españoles emigraban en trenes como ganado a trabajar en otros países. Hoy creemos que los inmigrantes son unos pobres infelices que vienen a pedir caridad. No podemos tener una memoria tan corta, porque a nosotros no nos pasó hace dos siglos. No debemos mirar por encima del hombro.

-¿Qué cambio cultural sobrevino al 11 de septiembre?

-El cambio es el final de una época. Es de una repercusión enorme, como cuando se hundió el Titanic. En ese instante se acabó la creencia de que aquella fiesta sería eterna. Aquí ha pasado algo de eso. Nueva York era la fiesta donde todos bailábamos, aunque no estuviéramos allí. Era nuestro referente, por el cine, por la TV, por la moda, por todo lo que nos llegaba. Por eso, los atentados nos impresionaron tanto a todos. De alguna forma teníamos nuestras inversiones emocionales puestas en esa ciudad, aunque no nos gustara. Y hoy tenemos que replantearnos todo y no sabemos hacia dónde ir.

Abogado y traductor

Eduardo Mendoza nació en Barcelona el 11 de enero de1943. Realizó sus estudios en el colegio religioso de los Hermanos Maristas y en 1965 se recibió de abogado.

En 1965 viajó por varios países de Europa y, a su vuelta, trabajó en la asesoría jurídica del Banco Condal, lo que le sirvió para familiarizarse con el lenguaje jurídico y burocrático, que luego parodió en algunas de sus novelas. En 1973 abandonó Barcelona hacia Nueva York como traductor de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En la primavera de 1975 apareció en España su primera novela, "La verdad sobre el caso Savolta".

En 1986 publicó su libro más ambicioso y aplaudido: "La ciudad de los prodigios". En noviembre de este año acaba de publicar en España "Baroja, la contradicción", un ensayo biográfico sobre una de sus más antiguas e inalterables devociones.

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