Efectos de extrañeza

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30 de mayo de 2009  

Esclavitud y libertad en los Estados Unidos

Por Edmund Morgan


Siglo XXI

Trad.: Teresa Arijón

504 Páginas

$ 79

Una prosa llana, la ausencia de tecnicismos y el relato fluido podrían hacer pensar que esta célebre obra de Edmund Morgan (publicada originalmente en 1975) es un trabajo de divulgación. Pero no es así. El sustrato de Esclavitud y libertad en los Estados Unidos es una enorme labor de indagación en centenares de fuentes desde el siglo XVI hasta finales del XVIII. En ella, el consagrado historiador de los orígenes de los Estados Unidos desentraña la espesa red que llevó a los colonos ingleses a instaurar la esclavitud de los indios y, mayoritariamente, de los negros llevados desde el África.

El cultivo del tabaco, requerido en Europa al principio como presunta hierba medicinal pero que muy pronto se difundió con el uso que tiene hasta hoy, fue el motivo central del esclavizamiento de miles de hombres de color en el estado de Virginia. Hasta que se descubrió el valor de ese cultivo, los colonos de Virginia habían sobrellevado una vida extremadamente dura. Con elevada proporción de caballeros de la pequeña nobleza y de sus servidores, no estaban acostumbrados al trabajo del campo y durante mucho tiempo dependieron de los indios para abastecerse de alimentos.

Como culminación del relato de la colonización de Virginia, el lector se encuentra con la tesis principal: que la esclavitud de los hombres de color instauró la posibilidad de identificación de los blancos ricos y pobres en un mismo bloque. Esos blancos pobres que hasta entonces habían trabajado en condiciones de opresión lindante con la servidumbre de la gleba pasaron a convertirse en hombres libres merced a la esclavitud de los negros. Fue así que, según el autor, se desarrolló la mayor paradoja del nacimiento de los Estados Unidos: la esclavización de los negros permitió la libertad de los blancos pobres. Y su consecuencia fue la sustancia ideológica que cimentó esa confluencia de ilusorios intereses comunes entre blancos pobres y blancos ricos: el racismo.

En todo momento se hace evidente la antipatía del autor hacia los colonos que instauraron la esclavitud en lo que iban a ser los Estados Unidos. No disimula su toma de partido, en un texto que hoy resuena con doble significado. Por un lado, es una obra de la época en que la lucha por los derechos civiles de los negros era un punto crucial de la vida norteamericana. Por el otro, produce un claro efecto de extrañeza en el lector de hoy, consciente de que un hombre de color es el presidente de los Estados Unidos. Cuando Morgan lo escribió, es probable que ese hecho le pareciese una total utopía.

© LA NACION

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