El acercamiento infinito al origen

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23 de enero de 2010  

Ensayos murmurados

Por Arturo Carrera

Mansalva

158 Páginas

$ 42

Ensayos murmurados recoge distintos trabajos críticos y teóricos sobre poesía escritos por Arturo Carrera (Coronel Pringles, 1948) desde mediados de los años noventa hasta hoy. Difícil encontrar en él la divisoria entre el poeta que crea y el lector que reflexiona: este volumen es una pieza más en una obra que construye una lógica imprevisible y precisa. El volumen presenta una doble articulación cronológica: las fechas en las que cada uno de estos ensayos fue "murmurado" -los más extensos, leídos como conferencias; y además, respuestas a encuestas, colaboraciones en la prensa, alguna página inédita- se hilan con un momento exacto de la vida del poeta. Por ejemplo, el primer trabajo, sobre W. H. Hudson: fue pronunciado en 1999 en la Secretaría de Cultura de la Nación, pero el título apunta "1948: un recuerdo feliz". Son los primeros años de Carrera, cuando recorría con su padre el campo del sur de la provincia de Buenos Aires. La infancia cerca del campo y el escritor que mejor exaltó la flora y fauna de la pampa: "¿No es la naturaleza un eco del sentido? Hudson fue en ella el primer gran ecologista...", anota Carrera. O el texto sobre Juan L. Ortiz, "Juanele", leído hace apenas unos meses en Madrid y que se remonta a 1982, cuando descubre al gran poeta entrerriano, "cuando yo entré En el aura del sauce ". Y el apéndice que cierra el libro, ya por fuera del tejido de fechas, "Todo sobre el neobarroco", leído en la Universidad de Bretaña en 2006: "El neobarroco no fue un movimiento, fue una nominación. No se fundó. En eso radica su felicidad".

Un artículo publicado el Día de Reyes de 1995 se remata con un recuerdo de 1954, cuando el poeta-niño creyó ver, en la playa de Monte Hermoso, las huellas de los camellos reales: es una nueva "epifanía" del potlatch , el concepto que Carrera tomó de Georges Bataille y que atraviesa su poesía última en la idea del poema como fasto y parte egregia del intercambio de dones. El murmullo biográfico de Carrera -"¿Pero acaso la voz no es el estilo de eso que somos en este momento mismo, lector y escriba y escriba y lector?"- tiene esa meditada ingenuidad schilleriana que es un programa de retorno a la naturaleza y de renuncia a un amparo en el saber establecido: es ese momento "infantil" del hombre y de la cultura en que algo fuerte se actualiza. Está la idea del ensayo como transición perpetua entre el silencio y la dicción clara, como murmullo: "El asombro, la vía de las sensaciones que anulan al hombre para que sea únicamente esa voz llamada ´niño´". Los artículos dedicados a la muerte de Gilles Deleuze o una clase sobre Juan Gelman vibran en esa misma nota, en esa voluntad de construir un tratado de las sensaciones como vía de conocimiento en la que aún no se bifurcan intensidad lírica y especulación teórica.

En el volumen sobre la obra de Néstor Perlongher Lúmpenes peregrinaciones (compilado por Adrián Cangi y Paula Siganevich), el ensayo de Carrera era un poema. En una edición académica de la poesía de Girondo publicada por Galaxia Gutenberg, su colaboración era un poema-semblanza. En estos Ensayos murmurados brilla un trabajo ("1950: El niño al que le mordí la nariz") leído en 2004 en la Universidad de Grenoble, en el que se reconstruye la amistad con César Aira a partir de unas cartas enviadas por éste cuando Carrera ya se había ido de Pringles a estudiar a Buenos Aires, que se hilvanan con una remembranza en verso. En la Capital, lo invitan a un programa de radio como joven poeta prodigio; Aira escucha la emisión desde Pringles y la transcribe paródicamente en una carta desopilante.

Carrera concibe el ensayo como un "murmullo de muchas voces y sin término" y dice, con Foucault, que murmurar es aproximarse "infinitamente al origen". Al origen mismo del género, podría agregarse, que en Montaigne averigua la subjetividad en el enlace entre experiencia, lectura, amistad, duda, escritura. Estas "charlas escritas o escritos charlados" repliegan y vuelven a abrir el abanico de esa minuciosa, desmenuzada novela familiar que abarca todos los poemas, todo el poema de Carrera.

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