Las opiniones contundentes de los jóvenes conservadores

Maximiliano Tomas
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22 de febrero de 2015  

Hace un tiempo leí una entrevista a un escritor argentino nacido en la década del sesenta en la que hablaba sobre su último libro, una saga policial (ahora existe cierta tendencia literaria a pensar así, en sagas de crímenes y misterio) basada en hechos reales. En un momento, obligado a describir a su protagonista, este escritor no vaciló en decir que se trataba de "una periodista que investiga hasta las últimas consecuencias, incluso poniendo en riesgo su vida", tal como lo haría un funcionario político en rueda de prensa.

Pero no era eso lo más llamativo del artículo, sino la respuesta que el autor ofreció cuando le preguntaron por su próximo trabajo. "Estoy escribiendo una novela para chicos de diez años", anunció con la seguridad de un contador. En serio: ni nueve ni once. Diez. Eso sí que es tener claro el propio destino literario.

Uno tendería a esperar de los autores de las nuevas generaciones menos seguridad frente a los complejos desafíos estéticos de la literatura: un poco más de incertidumbre, un poco más de improvisación. Al fin y al cabo, se supone que es durante los primeros años de escritura cuando la creatividad es más susceptible de ser estimulada por el riesgo y la experimentación. Siempre habrá tiempo de volverse conservador, y pensar en cuestiones como el mercado y los potenciales lectores. Bueno, parece que no es tan así.

A fines del año pasado el blog de la editorial Eterna Cadencia entrevistó a Enzo Maqueira (Buenos Aires, 1977) y Alejandro Soifer (Buenos Aires, 1983) para una sección titulada "Diálogos jóvenes", con la excusa de la publicación de sus respectivas novelas: Electrónica y Rituales de sangre.

Entre algunas declaraciones que habría que matizar con el beneficio de la ironía ("Ojalá haya mil Florencias Bonellis que vendan un millón y medio de ejemplares", por parte de Soifer; "Aira es el escritor de los noventa, un tipo que no habla de nada. Empecemos por matar a Aira", de parte de Maqueira) hubo también reflexiones en apariencia hechas con rigor y seriedad. Soifer: "Si bien trato de escribir de la mejor manera posible, no estoy cinco meses con una página. Qué sé yo, para mí la rapidez es una virtud: yo quiero escribir mucho, no tengo tiempo que perder. Quiero escribir muchas novelas, tengo mucho que contar y no tengo tiempo". Maqueira: "Hasta los 80 se leía mucha literatura argentina. En la tapa de Gente había escritores. Algo pasó en el medio que se perdió. Pasó el menemismo, la cultura liberal, pero también pasó la literatura, que se fue divorciando cada vez más de la sociedad. Se fue alejando cada vez más de los intereses de la gente".

De un lado, la rapidez y la impaciencia como virtud. Del otro, la vidriera de los medios masivos y los intereses de la gente (¿pero qué gente?) como objetivo. Siempre existirá el populismo y la demagogia literaria. Por fortuna, también hay muchos otros nuevos autores que no se hacen estas preguntas a la hora de escribir.

El autor es periodista y crítico literario

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