El curso inexorable de los días

BESTIAS EN UN HOTEL DE PASO Por Jorge Boccanera-(Narvaja, Córdoba)-96 páginas-($ 10)
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22 de agosto de 2001  

En su nuevo libro, Jorge Boccanera (Bahía Blanca, 1952) renueva la doble fe que recorre su poesía: la fe en el ritmo del verso, que retoma las prosodias de la tradición poética hispanoamericana; la fe en el carácter inventivo de la metáfora, que indaga o crea la otra cara de lo real. Pero esa confianza del poema, que linda a menudo con cierta inocencia del nombrar, se juega a menudo en un espacio hostil, como si el precio paradójico de su música fuera el de referir el horror, la derrota, el peligro, el curso inexorable de los días. Los títulos de las tres secciones del libro proclaman esas zonas de inquietud: "Voces de la cieganoche", "Sangreseca" y "Bestias en un hotel de paso", que da título al volumen.

"No hay espacios vacíos en la poesía de Jorge Boccanera", escribió José Saramago en la contratapa de este libro. La observación es exacta. Al combinar patrones rítmicos armoniosos con una imaginería sin tregua, esta poesía produce un efecto de acumulación creciente, de mundo colmado. Por ejemplo, el paso del tiempo es uno de sus motivos recurrentes aunque, conviene aclararlo, está lejos de manifestarse como una edulcorada elegía: más bien suele referirse al paso del tiempo como aquello que deja en los cuerpos tanto la finitud o los suicidios, como los crímenes de la historia. Para sugerir ese motivo, Boccanera no trabaja con figuras de la carencia. Evoca en cambio las huellas del transcurrir mediante un paradójico efecto de llenado, como si el poema fuera un desván que se poblara de objetos o un bestiario populoso de fieras.

En suma, no hay espacios vacíos en esta poesía, porque es el vacío mismo, como destino temporal, lo que "llena"el espacio del poema. Véase al respecto el final de "Espejito de mano": "Te advertí, te lo dije, el espejo compra muebles usados/ y trabaja en el rostro con cuchillos sin filo.// Mírate bien, hoy eres un hospicio,/ un extraño,/ reverso de una imagen que se repite y dice:/ uno de los dos está muerto".

La poesía de Boccanera no cede casi nunca a la abstracción, a lo conceptual. Si bien es bastante ajena a una poesía objetivista, son los objetos, y también los animales, o los cuerpos, aquellos que encarnan toda ideación. No trata de evocar el mundo, de referirlo como una experiencia inmediata o íntima, sino de saquear su repertorio múltiple y recombinar sus elementos hasta el absurdo, para que atestigüen un caos esencial. Así reza el poema "Cuchara": "Nace del verbo dar,/ como si el corazón tuviera mango./ Está hecha de lo que le falta y jamás se guarda nada para sí./ Podría medir el mundo, acunarlo, transportar/ su misterio, sus campanarios de agua de una orilla a la otra./ Más humana que un perro./ Más a mano que Dios".

El estilo de los dibujos de los interiores y de la tapa, a cargo del célebre ilustrador Carlos Nine, con sus criaturas a medio camino entre la infancia y el espanto, conviene a este libro que explora con fruición y música la extrañeza.

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