El e-mail y el nuevo arte de escribir

Por Juana Liberdinsky
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6 de diciembre de 2009  

MADRID.- Días atrás esta redactora recibió un e-mail de una periodista argentina que tiene una revista digital muy entretenida. El correo electrónico anunciaba un mensaje importante, pidiendo que se accediera al link adjunto para verlo. De no hacerlo, la periodista "se pondría muy triste", ya que consideraría "que no era más su amiga", se aclaraba con el símbolo de carita triste. Se podrían encontrar mil excusas para justificar el haberse dejado llevar y dado ese fatídico clic (estar cansada, la procedencia del mensaje). La cuestión es que en forma automática siguió un registro en un sitio web que prometía beneficios inentendibles y se dispararon iguales mensajes a todos los contactos.

Por una de esas ironías del destino, justamente el libro entre manos era The t yranny of e-mail (La tiranía del e-mail), flamante obra de John Freeman, uno de los críticos literarios más importantes de EE.UU. y flamante editor de la revista de literatura Granta . Freeman sostiene que el e-mail ha transformado el alguna vez elocuente arte de escribir en un comportamiento que incentiva torrentes de comunicación superficial y autocomplaciente a expensas de la introspección y de la consideración hacia terceros.

El argumento es muy debatible y muchos han señalado que un tipo distinto de creatividad ha surgido en el lenguaje de los e-mails. Pero ante los excesos (spam, phishing y otros términos técnicos) es difícil no desesperar. En el caso personal, esto llevó a rastrear a los responsables del sitio web -dos estudiantes de Stanford- y tras un eterno intercambio de e-mails, se logró que ellos escribieran uno de disculpas a todos a quienes se había molestado con el supuesto mensaje de esta redactora. Considerando la diferencia de horas entre Europa y la costa Oeste norteamericana, esto debió ocurrir en las altas horas de la madrugada en Stanford; un pequeño consuelo no virtual es que les significó una noche sin dormir.

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