
El enigma de la desnudez
Renacida, primer volumen de los diarios de Susan Sontag, que abarca su juventud, muestra los procesos vacilantes de una notable intelectual en construcción
1 minuto de lectura'
<b> RENACIDA </b>
La desnudez puede ser tan enigmática como el atuendo más recatado. Los siete velos han caído, todo ha sido descubierto, pero ¿qué significa? Ésa es la pregunta que queda tras la lectura de Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964 , el primero de tres volúmenes que recopilan los casi cien cuadernos personales de Susan Sontag, una de las intelectuales mayores de Estados Unidos, que marcó la crítica cultural de la segunda mitad del siglo XX con trabajos como Contra la interpretación o La enfermedad y sus metáforas .
Sin ser autobiografía ni testimonio, los diarios nos ponen frente al yo del autor sin haber sido invitados. A quien escribe para sí mismo, no se le puede pedir coherencia ni reclamar por los episodios silenciados. Ha entregado su intimidad: imposible exigir más. Nuestra insatisfacción debe andar su camino entre momentos de interés, de inquietud, de identificación, de rechazo, de aburrimiento. Subjetividad frente a subjetividad, cada lector tendrá los suyos al toparse con esta joven ambiciosa, incómoda con su sexualidad, exultante en sus hallazgos, voraz en sus lecturas, madre distante y entrañable, torpe enamorada, escritora en incesante construcción de sí misma.
Al morir Sontag en 2004, David Rieff, su único hijo, se encontró frente al dilema de publicar o no sus diarios. No era del todo libre: aunque Sontag no se había pronunciado sobre el punto, el hecho de que hubiera vendido sus papeles y su biblioteca a la Universidad de California implicaba que, tarde o temprano, el material alcanzaría dominio público. Rieff confiesa haber sentido dolor por momentos, y haberse enterado de cuestiones que hubiera preferido no conocer ni ventilar. Como editor -tarea que ya había asumido en vida de Sontag- asegura no haber recortado nada sustancial, aunque decidió omitir algunos nombres, simplificar las entradas tediosas, y agregar breves aclaraciones.
Dado que Sontag hablaba muy poco de su vida privada, que no ocultaba pero tampoco alardeaba de su bisexualidad -estuvo casada ocho años y tuvo varias parejas femeninas, entre ellas una muy estable con la fotógrafa Annie Leibovitz-, el acceso a sus notas íntimas tiene un valor, en primer lugar, informativo. Hechos, circunstancias, lugares, personas proveen piezas clave para un esquema biográfico. Pero, sin ninguna duda, son más sustanciosas como parte de un relato de autodescubrimiento y formación, como auténtico Bildungsroman .
Los cuadernos comienzan a los 14 años, con un credo, literalmente. Así dice la primera entrada, del 23 de noviembre de 1947: "Creo: (a) Que no hay un dios personal o vida después de la muerte; (b) Que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, la Honradez; (c) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia; (d) Que el único criterio de una acción es su efecto último en la felicidad o infelicidad de una persona; (e) Que está mal privar a cualquiera de la vida".
El listado esboza un programa y marca un tono de seriedad que acompañaría a Sontag en su prosa privada y pública, como sello de un estilo vital que fue señalado repetidamente por sus contemporáneos. En Oxford, su tutor, el filósofo Stuart Hampshire, la interpela: "Vaya, ¡los estadounidenses! Son tan serios? ¡Igual que los alemanes!". Rieff comenta en el prólogo: "Lo dijo sin intención de elogiarla, pero mi madre lo consideró una medalla".
En las páginas siguientes, veremos a Sontag descubrir y comenzar a disfrutar de su sexualidad, avanzar en su formación universitaria y su programa de lecturas, preguntarse por el sentido de las religiones, asistir a conciertos y obras de teatro, viajar, mezclarse en varios círculos intelectuales. Con apenas 16, Sontag inicia sus estudios en la Universidad de California en Berkeley, conoce el ambiente gay de San Francisco y tiene su primera relación lesbiana, con quien sería su amante años más tarde, una intelectual de Nueva York un poco mayor, Harriet Sohmers Zwerling: "Quizá estaba borracha después de todo, porque fue tan hermoso cuando Harriet comenzó a hacer el amor conmigo? Habían dado las 4.00 antes de acostarnos y hablamos un rato?"
Un año después es admitida en la Universidad de Chicago, donde toma clases con el crítico Kenneth Burke y el filósofo Leo Strauss, padre de los neoconservadores. Pronto conoce al sociólogo Philip Rieff, en uno de sus seminarios sobre Kafka. El 21 de noviembre de 1950 Sontag consigna en su diario, tras comentar una función de Don Giovanni de Mozart, una de sus óperas preferidas, que Rieff le ha ofrecido participar de una investigación. Se casan doce días más tarde. La única anotación sobre el tema, de enero de 1951: "Me caso con Philip con plena conciencia + temor a mi voluntad de autodestrucción". No hay cuadernos de 1951 ni de 1952, cuando nace David.
La escritura retoma en 1953, con unos pocos apuntes emocionales ("profundamente deprimida, silenciada, por una sucesión de sueños de las últimas semanas"), observaciones sobre que se le cae el pelo, y sugestivas sentencias: "Anestesia como el modelo de la virtud". Pero lo central de esos años es la vida social-académica: cafés y cenas con Herbert Marcuse, con el filósofo marxista Herbert Carr, fiestas con la miríada de profesores, artistas, poetas del círculo neoyorquino.
También hay anotaciones sobre el matrimonio como institución; siguen las reflexiones sobre la religión, en charlas con su hijo, en comparaciones entre el judaísmo, el catolicismo y el protestantismo; listas de recuerdos de la infancia. Sorpresivamente, surgen destellos de sus sentimientos maternales. Tras relatar cómo David le dice con naturalidad que quisiera casarse con ella si muriera su padre, Sontag confiesa sus celos de la niñera: "Él parecía muy tranquilo, pero a mí casi me corrían las lágrimas -una incredulidad perversa supersofisticada y antifreudiana, la ansiedad por cuánto Rosie había usurpado el afecto de David hacia mí, etc. etc., que me ha llevado a dudar de que alguna vez dijera, espontáneamente, algo clásico, filial + afectuoso".
Más significativos, pensando en el ensayo con que Sontag irrumpe en la escena literaria en 1966, Contra la interpretación , son los apuntes sobre el tema, que comienzan en 1956: "nada no es interpretado", "interpretar es determinar, restringir, o exfoliar, leer el sentido de", "la interpretación es el medio por el cual justificamos el contexto". Un año después ya habla de unas "Notas sobre la interpretación" como un proyecto en curso.
Tras completar un máster en Harvard, Sontag gana una beca Fulbright para estudiar en Oxford, aunque finalmente se instala en París. Sí, París, como la generación perdida de Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald, pero casi dos décadas después. Comienza una separación que lleva al divorcio.
En esta etapa, su educación sentimental compite en protagonismo con la intelectual. El romance con Harriet y luego con la dramaturga cubana María Irene Fornés ocupa páginas intensas: asistimos a los dolores y desconciertos de una mujer que siente como una adolescente. Sus apuntes sobre el ambiente y los personajes también exhiben la rigidez de juicio de muchos jóvenes: "Los ratés , los intelectuales fracasados (escritores, artistas, aspirantes a doctorado). Gente como Sam Wolfenstein [matemático] y su cojera, su maletín, sus días vacíos, su adicción a las películas, su tacañería e inmundicia, el árido nido familiar del que huye -me aterran".
Las listas de libros se extienden, como las de palabras nuevas. También hay notas sobre el curso de sociología de la religión que daría en 1960 con Jacob Taubes. Es un tiempo de abrir caminos. En París conocería a Alfred Chester, quien le presenta a Robert Silvers: plataforma social desde la que alcanzaría un lugar en las páginas de The New York Review of Books cuando se lanzó en 1963.
Las últimas entradas de ese año y de este primer volumen, si confiamos en la edición de Rieff, son reflexiones sobre su trabajo y sobre sí misma que la muestran en un alto nivel de autoconocimiento. De su primera novela, El benefactor , apenas publicada, dice, adelantándose a los críticos que repetidamente señalarían el carácter más cerebral que vital de sus personajes: "Que no hay gente en lo que escribo. Sólo fantasmas". Y confiesa francamente el verdadero centro de sus pasiones: " ?Avidez' intelectual como avidez sexual". Renacida ofrece las pistas del comienzo de una riquísima vida intelectual, las piezas de un rompecabezas que comienza a armarse.
Adn Sontag
Nacida en Nueva York en 1933 y fallecida en 2004, Susan Sontag fue una intelectual paradigmática de los nuevos tiempos que inauguraron los años sesenta. Entre sus libros críticos deben citarse Contra la interpretación (1996), Sobre la fotografí a (1977) y Bajo el signo de Saturno (1980). También incursionó en el cine y en la narrativa: El amante del volcán (1992) y En América (1999).


