El gauchito de Nogoyá que recibió el milagro

Se recuperó de una muerte clínica
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4 de mayo de 2003  

MADRID (De nuestra corresponsal).- Vestido con la ropa de gaucho con la que hoy se presentará ante el Papa, el niño Manuel Vilar apenas se queda quieto.

Muestra la vitalidad de sus seis años, que, según confirmará hoy el Pontífice, le debe al "milagro" que en su Nogoyá natal obró la beata española Madre Maravillas de Jesús, a la que hoy proclamará santa. A ella rezó su madre cuando el pequeño permaneció varios minutos en el fondo de una pileta con fango de la que fue rescatado sin signos vitales.

Fue en julio de 1998, y cuando se conoció lo ocurrido varios medios hablaron de milagro. Los médicos de dos hospitales -el San Blas y el de Paraná- dijeron que el niño estaba clínicamente muerto. Horas más tarde jugaba sin secuelas.

La noticia llegó al Vaticano, donde, tras cinco años de investigación y de viajes al país, la Congregación para la Causa de los Santos confirmó que, más allá de expresiones populares, eso fue "efectivamente" lo ocurrido.

Esa es también la razón final para que hoy el Papa proclame santa a la religiosa española, fallecida en 1974. Lo hará ante posiblemente un millón de personas y, entre ellas, el gauchito de Nogoyá en el que operó la alteración de las leyes naturales, necesaria para que el hecho se califique de milagro. El llevará ofrendas en la misa de canonización, a la que fue especialmente invitado, junto con su madre y sus hermanas.

La Madre Maravilla

"Llevaba 25 años con la causa de la santificación de la Madre Maravillas. Cuando supe de este episodio no dudé de que podía ser un milagro contundente. No hay tantos hechos como éste; estamos ante la resurrección de un niño", aseguró ayer el promotor de la causa en Roma, un sacerdote español que responde al nombre religioso de Simeón de la Sagrada Familia.

También estaban el matrimonio de los argentinos Omar y Estela Spataro, primeros investigadores designados por la congregación de las Carmelitas Descalzas, a la que pertenecía la madre Maravillas, para una impresión inicial. Ajeno a todo, Manuel juega con un globo y, curioso, pregunta: "¿Por qué se va para arriba?"

La piadosa Araceli, su madre, contó a LA NACION que el pequeño no tiene recuerdo de lo que vivió, pero que semanas después del hecho, "haciéndose entender como podía, decía que quería volver al lugar lindo donde había estado".

La madre del niño lleva al cuello una medalla de la nueva santa. Y un deseo para todos: "Que Ella te proteja".

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