El Gobierno frena el acoso a Vargas Llosa

La Presidenta desautorizó a intelectuales K
María Elena Polack
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2 de marzo de 2011  

La presidenta Cristina Kirchner desalentó ayer a los intelectuales K que cuestionan la participación de Mario Vargas Llosa en la apertura de la apertura de la próxima Feria del Libro.

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, había manifestado su desacuerdo con la presencia del Nobel de Literatura 2010 en una carta enviada a la Fundación El Libro, organizadora de la feria. Pero la Presidenta dedicó unos minutos previos a su mensaje en el Congreso de la Nación a reordenar a sus seguidores intelectuales y recordarles que el Estado debe garantizar la libertad de expresión. Se sabe que el escritor peruano es crítico del peronismo, de la política argentina en general, del actual gobierno en particular y también del fallecido Néstor Kirchner.

"La Presidenta no me llamó al orden. Me llamó para seguir el debate de otra manera", contó Horacio González a LA NACION, anoche, al intentar restarle dramatismo al freno impuesto por Cristina Kirchner a la controversia y el malestar que se había generado entre escritores e intelectuales progresistas por la participación de Vargas Llosa en la 37a. Feria del Libro, que se inaugurará el 20 de abril.

Consciente de las controversias que suelen generar sus dichos, Vargas Llosa viajaba ayer de Perú a México para recibir, pasado mañana, de manos del presidente Felipe Calderón, la condecoración de la Orden del Aguila Azteca por su trayectoria literaria e "ininterrumpida" relación con ese país (de lo que se informa por separado).

"El Estado debe intervenir sólo como garante específico del uso libre de la palabra", recordó González que le planteó la Presidenta durante la conversación telefónica, en la que además recibió la sugerencia de retirar la crítica carta que él mismo había enviado a la Fundación El Libro rechazando en duros términos la participación de Vargas Llosa.

La última vez que el escritor peruano se había referido en público a nuestro país fue en Punta del Este, donde admitió que la Argentina "es un galimatías que nadie entiende". Y admitió su deseo de que aquí "termine el aquelarre".

Delante de empresarios, banqueros y público selecto, Vargas Llosa cuestionó la situación política de América latina en general y habló de "la responsabilidad de los argentinos en la tragedia que viven; no tan injustamente les pasa lo que les pasa".

Anteayer y ayer, varios intelectuales que integran el colectivo kirchnerista Carta Abierta habían planteado su rechazo a que el premio Nobel de Literatura 2010 fuera el orador del acto de apertura de la feria literaria más importante del país.

"Me parece que está bien que hable para que exponga, pero lo que sí me parece extremadamente preocupante es que abra la Feria del Libro. Absolutamente, hay una intencionalidad política en eso", planteó el profesor universitario Ricardo Forster, al agregar que además de su paso por la Feria del Libro Vargas Llosa "viene a reuniones con dirigentes de la derecha como la Fundación Libertad".

"Vargas Llosa puede pensar lo que quiera y decir lo que quiera, pero que se elija a alguien que ha ofendido a parte de los argentinos es un problema. Vargas Llosa no es ni pluralista ni ecuménico", sintetizó Forster, al advertir que la situación generada por su participación en la Feria del Libro "hay que manejarla con delicadeza y aventar cualquier sesgo autoritario".

En la misma senda crítica, como si no hubiera sido informado de la instrucción presidencial de cerrar la controversia, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, insistió anoche en que Vargas Llosa "no sería la mejor elección" para inaugurar la Feria del Libro por ser un "fiel exponente de la derecha reaccionaria".

Al igual que los intelectuales kirchneristas, que han reconocido las cualidades literarias de Vargas Llosa pero cuestionan sus posiciones políticas, Fernández advirtió en su blog: "Es un talentoso escritor cuya ideología liberal lo ha llevado a manifestarse abiertamente en contra de los gobiernos populares de la región y que no ha perdido oportunidad de insultar a nuestro gobierno gratuitamente en varias ocasiones".

Tanto desde la Fundación El Libro y como desde Alfaguara, la editorial que publica los libros del escritor peruano en la Argentina, ayer se optó por el silencio público frente a la embestida de los escritores e intelectuales allegados al gobierno nacional.

De todos modos, LA NACION pudo saber que la polémica había sido el tema central de la reunión de comisión directiva de la Fundación El Libro. Si bien sus integrantes se reúnen todos los martes, ayer la cuestión Vargas Llosa fue excluyente. Allí se habría evaluado el impacto público de los cuestionamientos de los intelectuales kirchneristas y la postura de la Presidenta de instruir a González para que retire la carta que había enviado.

También se conversó sobre la preocupación por las presiones que podría recibir el sector por la próxima visita de Vargas Llosa y sobre cómo responder públicamente a la postura de los intelectuales kirchneristas. En ese sentido, la instrucción presidencial a Horacio González podría allanar el camino de la Fundación El Libro para bajar el tono de la discusión, de la que evitó participar de manera frontal y activa.

El "tema Vargas Llosa" será analizado hoy en la editorial Alfaguara, aunque es probable que con menos preocupación tras la señal de Cristina Kirchner de enfriar la escalada de cuestionamientos.

Alfaguara ofreció la participación de Vargas Llosa en la feria, mucho antes de que el novelista ganara el Premio Nobel de Literatura y por pedido especial de él mismo, que hacía tiempo quería participar del acontecimiento editorial.

De tal forma, habrían quedado definitivamente despejadas las dudas sobre el arribo de Vargas Llosa al país en abril próximo.

Es más, hasta el propio generador de la controversia, Horacio González, admitió de manera contundente que "un premio Nobel atrae naturalmente multitudes. Se necesitan tres salones José Hernández como mínimo para escucharlo". Y reveló su dualidad de sentimientos entre el escritor, "que posee medios de gran calidad para la expresión literaria", y el político, "un personaje interesante con el que discutir".

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