El libro que vende e irrita a la Iglesia

Es best seller en todo el mundo; plantea dudas sobre el origen del cristianismo al atribuirle una hija a Jesús
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28 de febrero de 2004  

En 2003 se convirtió en un fenómeno editorial sólo comparable a la estampida de ventas de Harry Potter. Lo que significa exactamente eso y no se conecta automáticamente con la mejor literatura. Pero las cifras sorprenden.

Hasta hoy, "El código Da Vinci", una novela de teología-ficción escrita por el norteamericano Dan Brown, ya vendió 6,5 millones de ejemplares en Estados Unidos, medio millón en España, 150.000 copias en México, 15.000 en Chile y 25.000 en la Argentina. Así lo reveló este mes un artículo de El Cultural, un suplemento del diario español El Mundo. La pequeña editorial española Umbriel espera vender en el mercado hispanohablante más de un millón de copias antes de fin de año.

¿Qué es "El código Da Vinci"? Una novela que se sumerge ficcionalmente en el origen del cristianismo, partiendo de la base de que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo una hija, Sarah. La hipótesis, sin sustento histórico ni documento que la respalde, señala que Sarah tuvo descendientes. Y como una organización dentro de la Iglesia quiere asesinarlos para acallar esa verdad no revelada, una denominada Orden de Sion los protege.

¿Y qué tiene que ver esto con el gran Leonardo da Vinci? Pues que en sus magníficas obras, según el relato de Brown, hay mensajes cifrados que permiten llegar hasta el Santo Grial, que para sorpresa de millones no es el cáliz de la Ultima Cena, sino los restos de María Magdalena.

Las agencias de noticias colocan el código de Brown a la cabeza de las listas de best sellers en la mayoría de los países, con excepción de Francia, donde los lectores se inclinan por sus connacionales. En Estados Unidos, Alemania, España, Italia, México, Venezuela, Chile y la Argentina, por ejemplo, el libro de Brown va primero o no baja del segundo puesto.

Críticas de la Iglesia

Las voces de la Iglesia se agitan contra el libro. En Chile, algunos obispos invitaron a sus fieles a no leerlo.

Consultado por LA NACION, el sacerdote Luis H. Rivas, un experto en la interpretación de las sagradas escrituras, demostró estar muy al tanto del fenómeno editorial provocado por "El código..." Dijo: "Es un refrito de otros dos libros de investigación llamados El enigma sagrado y Los manuscritos del Mar Muerto , que son dos disparates sin rigor científico".

Rivas señaló que "El código Da Vinci" fue prohijado "como un negocio y para ir contra la Iglesia Católica. No he visto a nadie pedir el libro en ninguna librería". Cuando LA NACION le comentó que está en el primer puesto del ranking de best sellers, comentó: "A esa cosa le creo poco, porque es el mecanismo para inducir a comprar. Como ocurre con "Harry Potter"".

Para el profesor Carlos Alvarez Teijeiro, de la Universidad Austral, la novela "tiene muy poca calidad literaria. El consumismo hace que no siempre las buenas creaciones literarias tengan éxito". Alvarez Teijeiro admitió haber leído buena parte de lo que Internet publica sobre el libro. A propósito de la Red, más de 20.000 páginas electrónicas registran a estas alturas la novela de Brown en el buscador Google.

La opinión de los críticos literarios contra las más de 500 páginas del libro se reparten entre quienes ponderan la habilidad de Brown para convertirse en best seller en una semana y quienes critican su calidad narrativa. En el prestigioso suplemento cultural Babelia, del diario El País, el escritor Francisco Casavella ha tildado al libro de "el bodrio más grande que he tenido entre las manos desde las novelas de quiosco de los años 60".

También el crítico de El Mundo, Rafael Narbona, fue lapidario: "Su éxito de ventas es uno de esos fenómenos que siembran la desolación entre los que aún creen en la literatura", escribió. Para Narbona "los libros que nacen con vocación de best seller apenas logran ocultar su condición de productos manufacturados". Pero el historiador José Andrés Gallego ponderó el libro.

En el mercado anglosajón, también hubo críticas despiadadas y comentarios favorables. En The Times, de Londres, Peter Millar dijo: "Es el libro más tonto, inexacto, poco informado y populachero ejemplo de pulp fiction que he leído". Pero Janet Maslin, de The New York Times, lo definió como "un thriller fervorosamente inteligente" y dijo que desde las aventuras de Harry Potter un autor no había deleitado tanto a sus lectores.

En tanto, la crítica Cynthia Grenier, de Weekly Standard, reclamó un mapa y unas clases de historia del cristianismo para el autor y sus editores.

Entonces, ¿cuál es el mérito de la novela escrita por un autor que dice inspirarse en Sidney Sheldon y deleitarse con la música de Enya y el grupo de flamenco-pop Gipsy Kings?

Según los críticos, su éxito está en la mezcla de ingredientes. Una escritura amena y sencilla, un poco de suspenso e intriga, buenas dosis de acertijos, símbolos y misterios batidos con una realidad histórica siempre cautivante, condimentado con mentiras y verdades a partir de la figura de Jesucristo, disparó las ventas.

Para construir su propia leyenda, Brown ya no sale de su país, concede entrevistas con cuentagotas y da pocos datos. Pergeña ya la segunda parte de "El código...", con un giro sobre las logias masónicas asentadas en Washington D.C., y vendió los derechos a Columbia Pictures, que llevará el libro al cine.

Brown es hijo de un matemático y una compositora de música sacra, y trabajó como profesor de inglés en Exeter antes de escribir su best seller. Hasta hace una década no leía narrativa y se casó con una historiadora del arte. Según ha dicho, la idea de "El código..." le vino como una inspiración mientras estudiaba historia del arte en la Universidad de Sevilla y se le convirtió en realidad cuando captó las claves de la escritura de Sheldon.

En 1996 publicó "La fortaleza digital", un libro policial sobre la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) norteamericana. Y luego, "Punto de decepción", "Angeles y demonios" hasta ganar la lotería con "El código Da Vinci".

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