El mensaje de la celebridad

Armando Capalbo
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12 de diciembre de 2009  

Fama

Por Daniel Kehlmann

Anagrama

TRAD.: Helena Cosano

190 Páginas

$ 82

Luego del gran éxito internacional de La medición del mundo, Daniel Kehlmann (Múnich, 1975) publica una colección de nueve relatos que, en conjunto, conforman una novela sin protagonista en la que se impugna irónicamente la obsesión por la celebridad, la intromisión de lo público en lo privado y la peligrosa dependencia de la nueva tecnología telefónica e informática.

El libro comienza con "Voces" que, junto con "La salida", plantea la disolución de la identidad en la era de la tecnología poshumana: el primero narra la crisis de un oficinista que, a través de su flamante teléfono celular, recibe y acepta llamados para un famoso actor y sigue el juego hasta confundir su identidad con la del otro; el segundo enfoca en el mismo actor, para quien el silencio de su propio teléfono implica la fatal caída en una inseguridad que arrastra toda su historia pública y privada hacia el vacío. "Cómo mentí y morí" y "En peligro (segunda parte)" tratan sobre la doble vida, más allá del riesgo de la infidelidad, como un paso en falso hacia la alienación y la desorientación subjetiva. En "Rosalie va a morir" y en "Contestación a la abadesa", los mejores relatos de la colección, la proximidad de la muerte recrea oníricamente los reveses de una existencia impostada a la vez que explora una posible redención final. Ambos relatos postulan la existencia como una apariencia sin propósito, a tal punto que el protagonista del segundo, un gurú de la New Age y autor célebre de textos de autoayuda, se atreve a negar por escrito las consignas de felicidad que sostuvo a lo largo de su vida. La notable primera parte de "En peligro" ausculta el papel social del escritor convertido en celebridad mediática. En ella, el autor (el propio Kehlmann) y el personaje se confuden: entre lo sublime y lo ridículo, el escritor contemporáneo se limita a una pose sin objetivos de transformación cultural. "Una contribución al debate" tematiza con ferocidad la esquizofrenia de un blogger que intenta vanamente fundirse en el discurso límite entre ficción y realidad que impera en la Red. En "Oriente", una escritora popular protagoniza un episodio kafkiano que contribuye a transparentar ante los demás su propia vulnerabilidad tanto como la falacia de sus tramas policiales.

Además de la forzada coincidencia de que el teléfono celular facilita, en buena medida, la resolución de los relatos, Fama, asumiendo su condición de novela sin protagonista, ensaya una especie de comunidad narrativa que se une a partir de la voz omnisciente del autor, identificable en la enunciación de cada uno de los cuentos. Interviene sobre todo en "Rosalie va a morir", pero, como un extraño deus ex machina, su ubicua presencia acecha en todos los otros relatos a través de pequeñas dosis de conciencia acerca del acto de narrar y de los muchos giros imprevistos de las tramas. Fama se convierte en un friso malicioso que reinventa con acidez la sociedad de los falsos éxitos, de las celebridades instantáneas o transitorias y profundiza en el caos de la interacción voraz de lo público y lo privado.

El punto de contacto entre los cuentos es un difuso instante de fuga, de desaparición, en el que la vorágine de lo verdadero y la de lo ficticio se cruza. Una especie de limbo entre la mentira y la verdad, entre la intrascendencia y la notoriedad, entre el yo y el otro.

© LA NACION

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