El Museo de Bellas Artes abre hoy un anexo en Monserrat

Estará dedicado a los pintores argentinos jóvenes y al diseño de indumentaria
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7 de mayo de 2003  

Desde esta tarde, cada vez que se haga mención al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), habrá que hacer la aclaración: "¿La sede de Recoleta o la de Monserrat?" Porque hoy, a las 19, quedará inaugurada la "sucursal" del museo en el tradicional barrio porteño, con una muestra de 68 obras de pintores argentinos contemporáneos (Clorindo Testa, Mildred Burton, Ana Eckell, Justo Solsona, Luis Benedit) y otra dedicada a la moda y el diseño de indumentaria, que incluye concursos y desfiles.

Por cierto, la nueva sede -ubicada en Alsina 1169- está repleta de sorpresas. Primero, porque constituirá un ámbito destinado específicamente a promover a los artistas argentinos de generaciones nuevas e intermedias. Y segundo, porque pretende convertirse en un polo imprescindible para los protagonistas del mundo del diseño de modas.

Pero hay más sorpresas en el edificio mismo. No hay que imaginarse un calco de la sede tradicional del museo ubicado frente a plaza Francia. Tampoco una serie de salas que incorporan lo último de la tecnología en exposiciones de arte. Nada de eso. El edificio, por empezar, es una joya arquitectónica de la ciudad; un bello mastodonte centenario en años -se construyó en 1904 con la dirección del arquitecto Alejandro Cristophersen, toda una celebridad- en cuya fachada aún se lee en antiquísimas letras su propósito original: "Cia. Nueva de Gas-Buenos Aires Ltda".

Perteneció a la primera compañía de gas de la ciudad y luego funcionó la sede de la extinta Gas del Estado. Por eso, las pinturas recién colgadas para la exposición que se inaugura hoy conviven con recargadas molduras en colores dorado, carcazas amuradas de aire acondicionados que dejaron de funcionar hace décadas, cajas fuertes y algún vitraux o algún anciano reloj de pared; restos de un pasado en que el Estado ocupaba un papel protagónico en el país.

A pulmón

Pero sería injusta cualquier crítica a esta extraña sede, porque no será el museo perfecto, es cierto, pero tiene una fantástica historia detrás.

El edificio fue cedido al MNBA hace ya seis años. En todo este tiempo el propio director del museo, Jorge Glusberg, reconoce que no logró conseguir los fondos para reacondicionar la deteriorada construcción y exponer obras. "Lo usábamos como depósito complementario de la sede de Recoleta" dice Glusberg a LA NACION.

Pero entonces aparecieron los vecinos de Monserrat. Un puñado de emprendedores de la zona, entre los que hay comerciantes, profesionales y docentes, agrupados en la Asociación Monserrat Arte y Moda, con una idea, convertir el museo en el motor del desarrollo del barrio.

Le propusieron a Glusberg trabajar juntos para, por fin, abrir la nueva sede. El director del museo aceptó y, así, uno trajo las alfombras, otro las luces, otro se encargó de los trabajos de albañilería y el viejo edificio de 1904 comenzó a resucitar.

"Nació este matrimonio entre las bellas artes y la moda que permitió todo esto -asegura Glusberg-. Yo solo no hubiera podido hacer nada."

Si el plan resulta -y el entusiasmo indica que así será- a Monserrat le esperan días agitados y noches concurridas. El mundo de la moda se dará cita en el barrio que vio nacer a la ciudad y también el del arte. "El que quiera ver arte argentino contemporáneo deberá pasar por aquí obligatoriamente", concluye Glusberg, que, asegura, sueña con convertir esta nueva sede en un centro que permita promocionar y "exportar" a los artistas argentinos jóvenes.

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