El pálido fuego del amor conyugal

MI QUERIDO MIJAEL Por Amos Oz-(Siruela)-Trad.: Raquel García Lozano-269 páginas-($ 69,50 )
(0)
22 de enero de 2006  

"Las personas fuertes son libres de hacer casi todo lo que quieren, pero ni siquiera los más fuertes son libres de querer aquello que quieren." Mucho más que una opinión del autor, la frase no sólo resume el drama de Jana Gonen, la protagonista y narradora de Mi querido Mijael, sino que vale asimismo para ilustrar el clima de violencia y fanatismo que se respiraba en la ciudad de Jerusalén, donde trascurren casi todas las historias de Oz, a principios de los años cincuenta, en las postrimerías de la llamada "guerra de la Independencia", uno de los puntos más álgidos en el conflicto bélico entre Israel y Palestina.

Editada originalmente en 1968, esta primera novela de Amos Oz (Jerusalén, 1939) admite ser leída, al igual que otros textos suyos como Una historia de amor y oscuridad, No digas noche o Un descanso verdadero, en dos planos paralelos. Uno evidente y lineal, en que se cuenta la vida de Jana, una estudiante de literatura hebrea con la imaginación algo alborotada por la poesía y una gran capacidad de amor que se consume en la opacidad de un matrimonio demasiado sensato y complaciente; y otro, más velado o alegórico, en que la novela registra, a través de las sensaciones entrelazadas, las fantasías sexuales y los pensamientos en voz alta de su personaje principal, los efectos materiales y simbólicos de un país atomizado por la guerra y los liderazgos religiosos.

De este modo, como las brumas londinenses de Dickens o el San Petersburgo descrito en las novelas de Dostoievski, aquí Jerusalén -con sus kibbutz, sus sinagogas, las tiendas de ultramarinos y los estrictos racionamientos de energía y víveres en la inmediata posguerra- adquiere un protagonismo que se equipara muchas veces con el destino de Jana, una mujer judía de treinta años, casada con un profesor de geología llamado Mijael, hombre de pocas luces, juicioso y afable hasta el aburrimiento.

Con recursos que evocan la novela psicológica y una respiración por momentos lírica, Mi querido Mijael está narrada enteramente desde el punto de vista de esta "hermosa jerosolimitana"-especie de moderna Emma Bovary en clave mosaica- que lleva una existencia trivial, con las rutinas comunes de un ama de casa, pero que, al mismo tiempo, sufre todos los sobresaltos imaginarios, las crisis emocionales y los desvaríos recurrentes de una histérica.

La relación conyugal entre Jana y Mijael está muy bien plasmada, en una conjunción de bello estilo y argumento simple que recuerda la prosa de Antón Chejov. ¿De qué manera el hombre y la mujer llegan a representarse el deseo, que es lo cambiante e inaprensible por definición, bajo la forma de la pareja eterna? ¿Cómo es posible que todavía hoy exista el matrimonio? Estas son algunas de las preguntas que indaga a fondo el relato, que podría ser definido como una novela político-religiosa, ya que examina al sesgo el problema de la más rígida ortodoxia judía, al tiempo que narra una historia sencilla sobre el amor humano.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.