El Papa fue aclamado por los jóvenes

Más de medio millón de personas lo acompañó el primer día en Madrid; les pidió que trabajen sin miedo en favor de la paz
Silvia Pisani
(0)
4 de mayo de 2003  

MADRID.- No se sabe de dónde saca fuerzas. Pero este Pontífice aquejado por la enfermedad, que necesita de ruedas y de ascensores para desplazarse, ayer bromeó en español claro y firme con miles de jóvenes a quienes les aseguró que era "un joven de casi 83 años". Y los instó a "no tener miedo; a trabajar por la paz, porque vale la pena, y a responder a la violencia y al odio con la fascinación del amor".

Un atardecer digno de Goya, con cielo rosado y azul, cerró la primera jornada de este quinto viaje de Juan Pablo II a España y el número 99 que emprende al exterior en sus 24 años y medio de papado. Animado, se bronceó el rostro bajo el caluroso mediodía en que llegó a Madrid y, horas más tarde, hasta "hizo ola" mientras el argentino Diego Torres cantaba su "Color esperanza", con el que fue recibido en su encuentro con los jóvenes.

"Nos vemos mañana", se despidió el Pontífice, al cerrar la actividad del día. Aludió, así, a la misa en la que hoy proclamará a cinco nuevos santos; entre ellos, una beata española a la que Roma atribuye la "milagrosa salvación" de Manuel Vilar, un niño entrerriano que superó sin secuelas el accidente que sufrió tras permanecer sumergido en una piscina con barro. Sus médicos lo habían dado por muerto.

Con Aznar, protocolo

El papa más viajero de la historia llegó a Madrid en un momento crucial de su extenso pontificado, tras haber condenado con firmeza la guerra de Irak, que el gobierno español defendió con entusiasmo. "El tema no fue analizado", dijeron voceros del breve encuentro que Karol Wojtyla y el presidente José María Aznar mantuvieron a solas. "Fue una conversación amable", dijo el vocero papal, Joaquín Navarro Valls.

Pero la paz fue el epicentro del mensaje pontificio. "Una paz que sea fecunda, duradera y estable, así como una convivencia en la unidad", dijo Juan Pablo II no bien bajó del avión, a cuyo pie lo esperaban los reyes Juan Carlos y Sofía. El reflejo del sol contra la pista se convirtió en un castigo que hizo que la reina apelara a anteojos oscuros y, sin disimulo, al abanico.

Con su gruesa casulla blanca encima, siguió con su llamado a la paz, como si el clima estuviera fantástico y, en este caso, con directa apelación a Europa: "Vuelve a encontrarte, sé tú misma, reaviva tus raíces cristianas, al servicio de la paz y de la solidaridad", exhortó con firmeza.

Hace rato ya que el Papa no se arrodilla para besar la tierra a la que llega. Y esta vez la sorpresa fue verlo aparecer de pronto por detrás del Airbus de Alitalia, luego de bajar al nivel de la pista mediante un ascensor hidráulico conectado con una de las puertas del avión. Tras la bienvenida en el aeropuerto de Barajas, el Pontífice subió al vehículo vidriado -el universal "papamóvil"- y en él recorrió los 20 kilómetros hasta la Nunciatura, donde se aloja. Por momentos se puso de pie para saludar, mientras de cada puente en la ruta recibía una lluvia de papeles amarillos y blancos.

Lejos de la intolerancia

Si bien la agenda previó pausas para permitirle descansar, todo se diluyó. Apenas si pudo reponerse de viaje, traslado, almuerzo y audiencias, y ya estaba, por la tarde, en el encuentro con los jóvenes, en el campo del aeródromo de Cuatro Vientos, al sur de la ciudad. "Esto es lo que más lo ilusiona", dijeron sus colaboradores.

Más de medio millón de jóvenes acudieron. Entre las primeras banderas hubo una argentina, y cerca, otra del Uruguay. Muchos tenían el rostro colorado por el sol, que provocó varios desmayos. El príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina, con sus maridos, estaban en primera fila. La larga ovación estalló cuando el Pontífice apareció en el enorme estrado, coronado con la imagen bizantina de la Virgen y el Niño.

"Me preocupa la paz en el mundo. La espiral de violencia, terrorismo y guerra provoca odio y muerte. Hay que construir la paz con insistencia, y a eso los comprometo", dijo Wojtyla, en medio de ovaciones. La más fuerte vino cuando tuvo tácita condena al grupo terrorista ETA: "Manténganse lejos del nacionalismo exasperado, el racismo y la intolerancia; las ideas se proponen y no se imponen", exhortó a los jóvenes.

Más de dos horas duró la liturgia y en ella el Papa dio muestras de que atiende a lo que se canta y grita a su alrededor. "Tenemos tres horas más hasta la medianoche", desafió a los jóvenes que le pedían "no te vayas". Lo mismo sucedió cuando respondió "sí, en España es cierto", a quienes cantaban el habitual "Juan Pablo segundo, te quiere todo el mundo". La TV española evitó primeros planos mientras leyó los dos discursos del día.

Y al cerrar, el Pontífice agradeció lo que terminó por poner la piel de gallina a muchos: el Ave María, visceral y gitano, que cantó la española Nina Pastor. El sol despedía la última luz y Juan Pablo II repartía rosarios. No dejaba de sonreír cuando dijo "hasta mañana", con mucho más espíritu sobre su menguado cuerpo.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.