El Papa llamó a defender la paz

En un clima de emoción, Juan Pablo II convocó a los jóvenes a construir un mundo mejor
En un clima de emoción, Juan Pablo II convocó a los jóvenes a construir un mundo mejor
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20 de agosto de 2000  

ROMA.- "Hoy están aquí reunidos para afirmar que en el nuevo siglo no se prestarán a ser instrumentos de violencia y destrucción. Defenderán la paz, incluso a costa de su vida si fuera necesario. No se conformarán con un mundo en el que otros seres humanos se mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defenderán la vida en cada momento de su desarrollo terreno. Se esforzarán con todas sus energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos."

En una atmósfera de intensa religiosidad, un papa emocionado y feliz confió anoche a más de dos millones de jóvenes un mandato para construir un mundo mejor, en el umbral del tercer milenio.

Lo hizo en la masiva vigilia de la XV Jornada Mundial de la Juventud que protagonizó en el campus universitario de Tor Vergata, en las afueras de Roma, donde cientos de miles de peregrinos renovaron, una vez más, su fe en Jesús, en un clima apoteótico y de gran exaltación a la figura del carismático, frágil, pero joven de espíritu, sucesor de Pedro, Karol Wojtyla.

"A lo largo del siglo que termina, jóvenes como ustedes eran convocados en reuniones masivas para combatir los unos con los otros", recordó el Santo Padre. "Los diversos mesianismos secularizados, que han intentado destruir la esperanza cristiana, se han revelado después como verdaderos y propios infiernos", siguió y destacó: "En ustedes veo a los centinelas del mañana".

"Queridos jóvenes del siglo que comienza, diciendoSí a Cristo dicen Sí a todos sus ideales más nobles. No tengan miedo de entregarse a El. El los guiará, les dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación", afirmó ante dos millones de personas.

Un templo a cielo abierto

Los jóvenes -entre ellos unos 5000 argentinos-, que durante el día aguardaron al Papa durante horas bajo un sol agobiante luego de haber llegado a pie desde Roma, escucharon en silencio, atentos, muchos con lágrimas en los ojos, las palabras del Santo Padre, que llegó pasadas las 19.30 a Tor Vergata.

En una suerte de inmenso templo a cielo abierto, en el cual no se distinguía otra cosa que una marea de personas, el Papa volvió a tener una acogida impresionante. "Juan Pablo II, te quiere todo el mundo", gritaban los argentinos, emocionados como nunca. "No sabés cómo estoy, me pasó el Papa al lado, a medio metro", comentó incrédulo a La Nación Federico Bottcher, parte de un grupo de 80 chicos de la Universidad Católica Argentina.

Cuando cayó la noche, una atmósfera increíble invadió el inmenso sitio, donde se destacaba una cruz de 36 metros de altura, al lado del palco principal, de 15 metros de ancho, adornado con flores y antorchas. Miles de velas se encendieron y las banderas de 160 países se entremezclaron, abrazando triunfalmente al anciano Papa.

Juan Pablo II volvió a demostrar el gran poder de seducción que tiene sobre los jóvenes, que interrumpieron más de una vez su discurso con vivas, ovaciones y aplausos. De excelente humor, el Santo Padre, sonriente, volvió a hacer chistes y a improvisar, y dijo: "Hacía falta esta iniciativa porque hablé demasiado". A los tradicionales cantos "John Paul Two, we love you" ("Juan Pablo II, te queremos"), contestó: "John Paul Two, he loves you" ("Juan Pablo II, él los quiere").

Además de besar y acariciar a decenas de "baby-peregrinos", Juan Pablo II incluso se movió al ritmo de la música que se escuchó a lo largo de la vigilia, levantando los dos brazos en alto, casi como bailando.

Pero el momento en que más se sintió que el Papa realmente está en sintonía con "sus" jóvenes fue cuando, en su emotivo discurso, hizo estas preguntas: "En el año 2000, ¿es difícil creer? Sí, es difícil. No hay que ocultarlo -contestó-. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia, es posible."

Durante toda la vigilia, tanto los jóvenes de los cinco continentes con su testimonio como el Papa en su discurso hicieron hincapié en las dificultades que presenta el mundo actual y en la necesidad de revertir las cosas, con el ejemplo de Cristo.

El Pontífice mencionó las dificultades de los novios para vivir la "pureza antes del matrimonio", del compromiso de mutua fidelidad de los casados y de la "tentación de deslealtad" que puede darse entre los amigos.

Al final de la ceremonia, que contó con bailes, coreografías y coros de gran simbolismo, el Papa regaló a cinco jóvenes representantes de los cinco continentes un Evangelio, un "tesoro precioso, que cada uno de ustedes debe regalar con una dedicatoria a un vecino".

El "Woodstock católico", como lo llamaron algunos, culminó con impresionantes fuegos artificiales, casi a la medianoche. El Santo Padre los contempló en el cielo con ojos llenos de alegría, como todos los presentes.

"Esperé mucho tiempo para encontrarlos esta noche", se despidió el Papa, que hoy celebrará la misa final. "Gracias por este diálogo", se despidió.

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