El Papa viaja a Asís para orar con otros credos

Fuertes medidas de seguridad
Fuertes medidas de seguridad
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24 de enero de 2002  

ROMA.- Después de 23 años de viajes en avión y de traslados en helicóptero, Juan Pablo II volverá hoy a peregrinar, pero en tren, en medio de fuertes medidas de seguridad. La meta es la ciudad de San Francisco, donde se celebrará un imponente encuentro interreligioso para implorar a Dios el "don" de la paz, en un mundo azotado por guerras sangrientas, violencia e injusticias, y aun consternado por los atentados del 11 de septiembre.

Las medidas de seguridad previstas para hoy, tercera edición de la Jornada de Oración por la Paz (la primera fue en 1986 y la segunda, en 1993) serán imponentes. Dos helicópteros sobrevolarán el tren especial que, desde la estación ferroviaria del Vaticano, viajará durante dos horas y media hasta Asís, y más de 600 agentes estarán emplazados en la ciudad de la Umbria, donde se desarrollará la jornada.

Aunque se habla de tren "blindado", el convoy que utilizará el Papa para ir hasta Asís será un normal tren Intercity, con siete vagones (sin restaurante, como quiso el Pontífice, por sobriedad), al cual le habrán colocado calcomanías con el escudo papal, y una chapa del Vaticano.

Allí, en carrozas sin acondicionamientos especiales, y con espíritu de peregrinación, junto al Papa viajará su séquito, autoridades civiles y más de 200 representantes de las 12 religiones más importantes del mundo, en representación de gran parte de la humanidad. Cristianos, musulmanes, hinduista, budistas, confucianos, exponentes de religiones tribales, sikhs, judíos, giainistas, shintoistas, tenrikyo y zoroastrianos, que en la ceremonia culminante del día se comprometerán a que el nombre de Dios "nunca más" sea utilizado como pretexto de fanatismo o violencia.

Aunque a la hora de la plegaria los representantes de estas religiones se separarán, para orar cada cual a su modo y de acuerdo con sus tradiciones, está previsto un gran almuerzo conjunto, "frugal", como quiso el Papa, preparado por cocineros del convento de los franciscanos de Asís. Como hay quien no come cerdo, quien no come pescado sin escamas, y quien no come directamente animales, se llegó a un acuerdo para un menú interreligioso: pastas y verduras.

En una señal de buena voluntad y para no quedar aislado, el patriarca ortodoxo ruso, Alexis II, decidió finalmente mandar a Asís a un enviado especial, el metropolita Pitrim, vicario patriarcal de Moscú, es decir número dos de la diócesis moscovita. Un hecho que fue recibido con gran satisfacción en el Vaticano, dado que el Papa sueña con llegar algún día a Moscú, y con una gran reconciliación con los hermanos ortodoxos.

Una novedad es que esta vez las delegaciones judías y musulmanas son mucho más numerosas, algo que los expertos explican con el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, junto con sus implicancias en la emergencia afgana.

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