El trigo convertido en submarino

Una donación del español Carlos Casado del Alisal, importante hombre de negocios radicado en la Argentina, impulsó las investigaciones y experimentos de Isaac Peral, el marino que hizo realidad los sueños de Julio Verne
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26 de diciembre de 2001  

La botadura del submarino Peral, ocurrida el 8 de septiembre de 1888, en San Fernando,Cádiz, fue un hecho controvertido y poco apoyado por quienes no comprendieron su extraordinaria importancia. Aquel día, el teniente de navío Isaac Peral vio realizada la primera parte de una empresa que contó con ardientes defensores pero encontró también el rechazo y aun la burla de altos personajes de la corte y de la armada española. Cánovas del Castillo, el ilustrado y pragmático jefe de gobierno de la reina regente doña María Cristina, sintetizó en pocas palabras la opinión de muchos: "¡Vaya! Aquí tenemos un don Quijote que ha perdido el seso leyendo la novela de Julio Verne". Sin embargo, la madre de Alfonso XIII brindó su respaldo y en febrero de 1889 nombró la dotación que debía tripular el submarino.

En la Argentina, el orgullo de los peninsulares por tan revolucionario invento dio lugar a múltiples manifestaciones e hizo que un alma noble y generosa se enamorase del invento y decidiese apoyarlo con su fortuna. Era Carlos Casado del Alisal, quien en 1878 había iniciado la exportación masiva de trigo hacia Europa, uno de los episodios de mayor relevancia en la historia económica argentina. El pionero le remitió a Peral, el 14 de abril de 1889, un telegrama fechado en Rosario y concebido en los siguientes términos: "Envío en carta certificada crédito por veinte mil libras para fomentar el admirable invento debido a vuestro genio".

Este recibió con sorpresa y gratitud la oferta: "Ni por un solo momento he dudado de la autenticidad de este telegrama viniendo suscripto por tan respetable nombre, a pesar de que algún periódico español ha dicho que se trataba de un "canard", pues los que rinden culto fervoroso al sagrado amor de la patria, por el que todo sacrificio que se haga nunca me parece excesivo, son los que únicamente conciben y comprenden un rasgo patriótico como el que nos ocupa, tanto más grandioso cuanto más inverosímil parece a ciertas gentes".

Peral pidió instrucciones a su inesperado benefactor acerca del destino preciso de la suma, y como éste ratificase los términos de su telegrama, el marino le escribió el 22 de marzo de 1889 diciéndole que se honraba en considerar a la empresa "como de usted y mía, pues si yo, cumpliendo con su sagrado deber entregué a nuestra patria el fruto de mi pobre ingenio ya valiese poco o mucho, usted con su desprendimiento sin ejemplo y que rebasa lo que los límites del patriotismo aconseja a las almas nobles, contribuye a ello con el mejor medio de asegurar su perfeccionamiento, que será quizá más importante que su comienzo."

Le aguardaban a Peral días amargos. La envidia de algunos de sus superiores y compañeros, la actitud de ciertos órganos de prensa, la defensa perjudicial -por lo excesivamente calurosa- que del marino y su invención hacían otros miembros de la Real Armada e integrantes de instituciones, iban sumándole motivos de pena y desasosiego que enervaban la alegría de algunos de sus éxitos. En septiembre se los detallaba a Casado, diciéndole que los lanzamientos de torpedos desde el mar lo habían llenado de satisfacción y que estaba empeñado en instalar todos los acumuladores a bordo para lograr la máxima velocidad.Pero no dejaba de narrarle, también, la tristeza que le ocasionaban tantos tropiezos.

El fundador de colonias y ferrocarriles, a quien Peral titulaba "el hombre de alma más grande que hemos conocido", viajó por fin con su familia a Europa. Apenas pudo estuvo enCádiz, para seguir de cerca las experiencias del submarino, "de este bicho que tiene la apariencia de una ballena", según lo calificó en una entusiasta misiva al doctor Rafael Calzada.

Arrestado por haber abandonado transitoriamente su destino militar, y retrasado en las pruebas, Peral decidió retirarse de la armada una vez que concluyesen las experimentaciones, "para salvar el honor del cuerpo" al que pertenecía.

A pesar de que las experiencias fueron un éxito, algunos de los requisitos exigidos por la junta técnica de la marina no lograron ser cumplidos y determinaron la suspensión de las experimentaciones y luego la suspensión lisa y llana del proyecto. Peral solicitó su licencia absoluta de la armada, concedida el 5 de enero de 1891. Cuatro años más tarde viajó a Alemania para ser operado de un tumor en la cabeza. Murió en Berlín el 23 de mayo de 1895, a los 43 años.

Casado lo sobreviviría cuatro años más y, al estallar la guerra entre España y los Estados Unidos, donaría a su patria cuatrocientas leguas de tierras en el Paraguay para contribuir a aquella lucha tan triste como denodada.

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