Empezar por el principio

Una mirada histórica al informalismo y su contexto reúne en el Mamba obras de un tiempo que fue bisagra intelectual y estética en nuestro país y en el mundo
Alicia de Arteaga
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18 de mayo de 2003  

La Segunda Guerra Mundial determina un quiebre en las artes visuales. Son las heridas de esa contienda larga y cruel una marca imposible de ignorar; un hito determinante de la producción de la posguerra. Los artistas registran el cambio a través de una revolución estética que en los Estados Unidos se llamó expresionismo abstracto, en Francia tachismo y en España informalismo.

Gestual esencialmente, el expresionismo de la escuela de Nueva York es legitimado por el establishment, que ve en ese grupo de genios irascibles -como el malogrado Jackson Pollock, por ejemplo- la oportunidad de arrebatarle a París el eje de la escena internacional del arte. Los tachistas franceses (de tache, mancha) trabajan en un formato pequeño -más matéricos que gestuales-, mientras los españoles, con Tapies a la cabeza desafían la tenaza del regimen franquista usando con libertad absoluta materiales de desecho, arpilleras, trapos, chapas y objets trouvés que rompen la planimetría tradicional.

En la periférica y lejana Buenos Aires, los artistas argentinos experimentan su propia lectura de este tiempo bisagra y producen un híbrido casi objetual.

Cuando habla de informalismo, Laura Buccellatto, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, se refiere a una catarsis; Jorge López Anaya, crítico e integrante del primer grupo de choque de la avanzada informal con Kemble, Greco, Wells y Barilari, usa la palabra "ruptura" y Kemble escribe "la importancia del movimiento informalista no reside en haber explotado el texto o la textura derivada de Tapies y del informalismo español , del cual tomó su nombre, sino en las ocurrencias humorísticas de Greco, en el destronamiento de la planimetría formal de los relieves de Wells; en la escala y en las limitaciones colorísticas de mi propia obra, en las osadías compositivas de Barilari y en los extraños relieves metálicos de López Anaya".

La marchand Josefina Pizarro y los coleccionistas fueron receptivos de este cambio de guardia que abdicaba de todo cliché y academicismo.

"Como comprador de estos espacios poéticos -me niego a llamarme coleccionista- me sentí atraído por esa prescindencia de la forma como valor en la que pueden intervenir el azar o la mancha, la dinámica de un gesto, los espacios sugestivos de Testa, los negros obsesionantes de Greco", confiesa en uno de los textos recopilados por el Mamba el coleccionista René Bedel, padre de Jacques, arquitecto y pintor.

Esta revisión histórica resulta abarcadora e incluye las obras de otros artistas que derivaron del tronco informalista, aun cuando después eligieron otras vertientes: Kasuya Sakai, Robirosa, Uriburu y Seguí,entre otros.

Créase o no, esos artistas, capaces de subvertir el orden establecido en un rabioso y apasionado gesto libertario son los mismos que posan en la foto (ver arriba) tan formales como los miembros de un bufete de abogados de la calle Florida.

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