En el dominio de lo incidental

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30 de mayo de 2009  

Fantasmas

Por Judith Hermann


RBA

Trad.: Marisa Presas

259 Páginas

$ 35

Judith Hermann nació en 1970 en Berlín y en 1998 publicó su primer libro de relatos, Corales rojos . El libro se convirtió inmediatamente en un celebrado best seller, primero en Alemania y luego en el resto de Europa, y le reportó varios premios importantes, otorgados por su talento para "dar voz a su generación". De hecho, los protagonistas de Corales rojos eran jóvenes de veintitantos que vivían en Berlín.

En los siete relatos de Fantasmas , su segundo libro, los personajes tienen diez años más y se han convertido en una suerte de flâneurs globalizados que pasean su desafecto de acá para allá, sin que el allá aporte nuevos sentidos. No existe ningún allá : contrariamente al viaje iniciático de cualquier bildungsroman tradicional, los relatos de Hermann, aunque situados en lugares tan diversos como Karlovy Vary, Venecia, Nevada, y lugares "periféricos" de Europa como Islandia y la remota ciudad noruega de Tromso, transcurren dentro del dominio afectivo de lo incidental, lo intercambiable. Los protagonistas de las narraciones -casi siempre en la voz de una mujer- parecen un eco de la microscópica descripción de las relaciones de la posmodernidad que ofrece el sociólogo Zygmunt Bauman en su libro Amor líquido , tan alejadas como es posible de la trágica resonancia romántica de la gravedad amorosa y sus contundentes secuelas en la vida de las personas. Esta suerte de posromanticismo cool infunde a cada relato una cualidad distanciada pero no cínica, sino casi inocente, que suele enunciarse con explícita condensación fáctica. Por ejemplo, en "Chulos" (la traducción, que se lee fluidamente, es española, de manera que el término corresponde a nuestro "cafisho"), la narradora define así su relación con el hombre que la ha invitado a visitarlo en Karlovy Vary: "Conocía a Johannes desde hacía bastante tiempo, o lo que puede considerarse bastante tiempo, unos diez o doce años. Al principio estuve profundamente enamorada de él, cuando a mí se me pasó fue él quien se enamoró de mí y después de un tiempo de tira y afloja renunciamos. Desde entonces, cuando hablaba de él decía "mi mejor amigo"". Esta clase de definiciones están imbuidas de un espíritu de transitoriedad y de incongruencia: a poco de iniciado el libro, el lector sabe que puede pasar cualquier cosa, pero que en realidad para los protagonistas, aunque expuestos a todo, no pasará nada. Pero nadie -y menos el lector curioso- se contagiará de la versión del ennui que embarga a los personajes: "Una historia sin desenlace, una historia en la que no pasa nada y pasan tantas cosas", como anuncia la narradora de "Azul frío", uno de los mejores relatos de Fantasmas , parece ser la frase que define la poética de Hermann.

© LA NACION

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