En silencio, una multitud escuchó a José Saramago

Habló sobre la condición del hombre
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6 de mayo de 2003  

Quizá haya que buscar en las palabras de su mujer y traductora de sus libros, Pilar del Río, un intento por explicar el impresionante poder de convocatoria de José Saramago. "Su obra tiene el latido de la eternidad", ha dicho ella. Y debe de ser que el público lo entiende así.

Por eso, anoche, el Teatro Colón, de Buenos Aires, lució colmado de la platea al gallinero, de los palcos bajos a los más altos como si de un estreno mundial de una ópera se tratara. No cabía un alma más. Todos escucharon en silencio.

Pero otra explicación bien podría deducirse de las respuestas de los primeros asistentes a los que consultó LA NACION, cuando dejaban la sala alrededor de las diez de la noche: la necesidad de escuchar un mensaje creíble de una voz ética y coherente en un mundo de rumbo incierto.

"Es un genio. Pocas veces uno tiene ocasión de escuchar a una persona así", dijo Sergio Valente, todavía conmovido por lo que había escuchado. Detrás de él, Marta Bertinatto dejaba el Colón aún concentrada en las palabras del Premio Nobel de Literatura 1998: "Yo no lo he leído. Pero me encanta escucharlo. Es muy particular y llega muy profundo", dijo.

La que no pareció tan satisfecha fue Elsa Morinon que abandonó a paso rápido la sala cuando el autor de "Ensayo sobre la ceguera" se introdujo en el andarivel político argentino. "Yo lo sigo y lo leo desde mucho antes de ser Premio Nobel 1998. Pero se metió con la política nuestra y me siento un poco molesta".

Minutos antes de que la dama partiera presurosa, Saramago había expresado su beneplácito porque "Carlos Menem no ganó las elecciones" en primera vuelta.

Como ya lo había expresado en un almuerzo con periodistas ayer al mediodía y, la semana última, en otra rueda de prensa al llegar al país, el autor de "El Evangelio según Jesucristo" insiste en que "los problemas argentinos tienen que resolverlos los argentinos", pero no desaprovecha ocasión para expresar sus ideas en el contexto de lo que él llama "su responsabilidad social" como intelectual.

Había gente de todas las edades, con predominio de mayores de 60, pero también muchos universitarios y profesionales jóvenes. A las 19.30, varias filas sobre calle Tucumán, al costado de la entrada al Colón, daban cuenta de que algo importante estaba por ocurrir allí. Una multitud se agolpaba desordenadamente en la puerta sobre la calle Libertad.

El secretario de Cultura porteño, Jorge Telerman, presentó al Nobel y dio una alocución inusualmente breve. Todo comenzó a las 20.30.

Alfaguara -que publica en español la obra de Saramago- y Capital Intelectual S.A. -editora de Le Monde Diplomatique- organizaron el acto que tuvo al Nobel como figura, en diálogo con el periodista Jorge Halperin, autor del libro "Saramago: "soy un comunista hormonal".

El escenario sólo tenía como escenografía a un costado, cuatro siluetas recortadas delante de una imagen de "El Grito", de Munch. Dos de las figuras aparecían contrapuestas y las otras dos, enfrentadas. Una apelación extraída, sin duda, de su última novela, "El hombre duplicado", que vino a presentar al país.

Lo primero que hizo Saramago, por sugerencia de su mujer, Pilar, fue rendir un homenaje al teatro y a la gente, sobre todo, a la que estaba arriba y lejos, en el gallinero.

Leyó un artículo incluido en su pequeño libro "Las maletas del viajero", donde narró su experiencia de joven pobre que se asomaba a la ópera desde el gallinero del Teatro San Carlos, en Lisboa. Como reflexión profunda, Saramago extrajo que "por debajo de lo que se ve, siempre hay cosas que conviene no ignorar, y que una vez conocidas permiten el único saber verdadero". Para concluir que, desde el gallinero, se ve mejor la corona.

La gente disfrutó de un Saramago que habló, generosamente, de sus orígenes, sus libros, su preocupación cívica por el futuro de la democracia, su amor por Pilar y la zozobra que le causa ver disolverse al individuo, entre otras reflexiones valiosas.

Dijo Saramago: "La persona está en peligro de disolverse. Una tarea de nuestro tiempo es recuperarla y no dejar que se diluya en la multitud".

Frases polémicas

Decepción: "Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres, pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis ilusiones. Hasta aquí he llegado".

Como Auschwitz: "Lo que está ocurriendo en Palestina es un crimen que podemos considerar igual a lo que ocurrió en Auschwitz. Incluso si se tienen en cuenta las diferencias de tiempo y lugar, es lo mismo. El fantasma de Auschwitz flota sobre Ramallah. Este lugar se transforma en un campo de concentración".

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