Escritura e intimidad

LOS DESEOS OSCUROS Y LOS OTROS Por Luisa Valenzuela-(Norma)-246 páginas-($ 23)
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30 de marzo de 2003  

La elaboración de diarios íntimos, cuadernos de viaje y demás anotaciones personales suele ser una actividad desarrollada por numerosos escritores de ficción. En Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de New York, Luisa Valenzuela presenta una recopilación de sus diarios íntimos escritos entre 1979 y 1982, durante su residencia en los Estados Unidos. Según afirma la autora en las primeras páginas, en estos viejos diarios "casi no hablo de la ciudad, casi no hablo de literatura y menos de lo mucho que trabajé y realicé y hasta logré allá. Todo eso [...] fue relegado a, o estampado en, la memoria y en las muy diversas publicaciones ad hoc. Lo otro, las frustraciones, las pasiones, los amores fugaces y los otros, los rajes y los intentos de apropiación amorosa, eso sí figura en los cuadernos, en un intenso pero esporádico escribir para que nada se escape."

Autora de una importante cantidad de novelas y cuentos, como El gato eficaz, Cola de lagartija , Novela negra con argentinos , entre otros, y asentada en las filas de lo que, a grandes rasgos, ha dado en llamarse "literatura femenina", Valenzuela se aleja en esta oportunidad de la escritura de ficción para incursionar en el registro de las "anotaciones personales", en las cuales ella misma se vuelve centro y protagonista. El afán por anotarlo todo "para que nada se escape" parece responder a una necesidad de expurgación de temas cotidianos: "poner fuera de sí aquello que podría perturbar el fluir de la escritura".

Gran parte de las anécdotas personales que recupera el diario giran en torno a la pasión amorosa y el deseo sexual. De ellas, Valenzuela extrapola los materiales con los cuales definir su propia identidad femenina, resumida bajo el epíteto: "Yo, la de los muchos hombres". La larga fila de amantes que circularon por su vida son las postas que la narradora utiliza para organizar las digresiones sobre sus "deseos oscuros": la necesidad de sexo y ternura al mismo tiempo, la indecisión sobre qué tipo de hombre desea y sobre todo, cómo transformar todas sus experiencias en material para sus novelas. La narradora abraza la convicción de que sólo "la mujer devoradora" puede hacerle frente al "poder fálico" del hombre. Así, a través de las angustias que aparecen junto con la enumeración de las conquistas -narradas a veces en un tono algo pueril-, la narradora se debate en la dicotomía entre adorar los penes masculinos (escribiendo "La Oda al Falo") o erigirse un lugar de mujer que combata ese encantamiento. Trasladada esta rivalidad de sexos a la escritura, Valenzuela anota: "Mi vocación no es de musa y sólo voy a lograr sentirme realizada cuando los musos sean ellos. Todos los que por mí pasaron, crunch, crunch, reducidos a palabras".

Sin embargo, la autora arriesga demasiado al ampararse en la pertinencia de trasladar al papel la propia experiencia amorosa, liberada de refinamientos literarios. Seguramente la firme apuesta de "evitar las metáforas" es responsable en parte de que Los deseos oscuros y los otros carezca de una mayor elaboración y del registro reflexivo que caracterizan a los diarios de escritor. Por momentos parece más bien una invitación a observar por el rabillo de la cerradura la vida cotidiana de un personaje público.

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