Estar cerca es el mensaje

Alicia de Arteaga
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23 de diciembre de 2001  

Se cierra una semana extraña, cargada de malos presagios, que fue, al mismo tiempo, la culminación de un año extraordinario para el mundo el arte. A la hora del balance, quedan en la memoria una seguidilla de exposiciones, ferias, premios y visitas de figuras encumbradas que convirtieron a Buenos Aires en la capital cultural del Mercosur.

Extraña condición para una sociedad que se debate, al mismo tiempo, en la peor crisis económica y política de la que se tenga memoria, y que busca hoy con desesperación un horizonte de certezas, cuando lo único cierto es la incertidumbre.

No son buenos los augurios del cierre del 2001, aunque por tradición la palabra feliz sea parte del saludo obligado que anticipa abrazos, celebracionesy los mejores deseos.

Abiertos a lo nuevo, capaces de anticiparse a los hechos por su sensiblidad extrema, los artistas, solidarios y preocupados por el posible recorte prespuestario (ver Trastienda I) han hecho llegar su mensaje.

En días cargados de tensión, con el trasfondo de una inocultable sensación de tristeza y frustración para todos los argentinos, la tribu del arte pide "estar cerca". Y no es un slogan.

Nadie desde su individualidad puede torcer el curso de los acontecimientos que nos mantienen en vilo, pero somos dueños absolutos de nuestros afectos.

Mirar hacia adentro, reconocernos, atender las pequeñas cosas cotidianas, compartir y hacer felices a quienes queremos debe ser en la hora que nos toca la prioridad máxima.

* * *

Mirar hacia adentro ha sido también el objetivo de Ojo al país, uno de los programas curatoriales más significativos de los últimos años, dirigido por Luis Felipe Noé con el auspicio del Fondo Nacional de las Artes y el apoyo de la Fundación Antorchas. El ojo entrenado de Yuyo Noé, y de sus colegas curadores -Benedit, Puente, Whitelow y Testa-, ha servido para traer desde la periferia las obras de artistas talentosos que trabajan calladamente en el interior del país, con pocas o ninguna oportunidad de exhibir en la "gran ciudad".

De esos viajes interiores surgió el reconocimiento del tucumano Salvatierra, que trabaja las texturas de sus pinturas como si fueran las huellas de la tierra o la memoria de una pintura rupestre. No es extraño que esto ocurra si se lo escucha recordar en voz alta las aventuras infantiles vividas en una zona considerada un riquísimo yacimiento arqueológico.

La zaranda de estos meses bravos servirá para dejar en la superficie otras valores y pensar en cómo reconstruir el proyecto de una Argentina que fue la tierra de los sueños posibles para los artistas descendidos de los barcos. Como Berni.

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