Evocaciones del insomnio
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Las conversaciones
César Aira
Beatriz Viterbo
$26
En El banquete , de Platón, Apolodoro le cuenta a un amigo, cuya única función parece ser la de soportar el discurso del primero con un par de intervenciones, lo que sucedió en una reunión organizada por Agatón para festejar su primer triunfo como poeta trágico. Los invitados más notables habían sido Sócrates, Erixímaco, Aristófanes y Alcibíades, y cada uno había dado su discurso apoyado en su estrategia de persuasión.
En Las conversaciones de César Aira hay, por lo menos, tres puntos de contacto con la obra de Platón. Quizás el más evidente sea el estructural: ambos textos emplean como marco narrativo la charla entre dos amigos, quienes en virtud del vínculo que los une establecieron un orden básico de supuestos fundado en vivencias previas y en la interpretación de esas vivencias. Además, en ambos casos, existe un tema que se abre paso con naturalidad entre el follaje del discurso y se impone como materia de reflexión. En El banquete , es claro, se trata del amor; en cambio, en el texto de Aira es menos asible, pero podría precisarse como las implicancias del error.
Las conversaciones se presenta como un relato minucioso de un personaje que tiene el hábito de evocar durante las horas evanescentes del insomnio las conversaciones diurnas con los amigos. Para ejemplificar su método, el narrador se detiene en una en la que surge el recuerdo de una película que los interlocutores habían visto en televisión el día anterior y en la que hay una escena en la que se ve a un pastor de cabras muy humilde con un Rolex en la muñeca. Este dato se convierte de inmediato en la piedra de toque de una discusión cuyos ejes de reflexión, entre otros, son la ficción, la realidad, el concepto de verosimilitud, la imbecilidad y la nada.
La segunda instancia en la que coinciden los textos de Platón y de Aira es en el juego de versiones mediante las que los autores cifran sus tramas. En El banquete , ni Apolodoro ni su interlocutor asistieron al festejo del que hablan; en el mejor de los casos, sus palabras son el eco de otro eco. En Las conversaciones , la versión tomada como tópico cuenta con dos presentaciones. Por una parte, la materia del relato es fruto de la evocación del narrador y, como se consigna en el texto mismo, "el recuerdo puede ser idéntico a lo recordado, pero a la vez es distinto, sin dejar de ser el mismo". Por otra, las glosas de la película que los amigos se ofrecen están tamizadas por dos factores de distorsión: ninguno de los dos vio el film completo y se parcializa la versión de la película para adaptarla al punto de vista que se pretende respaldar. El ejercicio de la glosa implica un aporte de incerteza a la visión del mundo brindada por los personajes que, asociada con el tono de ensoñación con el que se enuncia, hace posible que el absurdo encastre sin ruidos con el estricto silogismo de verosimilitud de esta nouvelle .
El tercer punto de contacto entre los textos se asienta en el tono mediante el cual los autores consiguen hacer levar la masa de lo narrado. La temperatura de la voz de los personajes está graduada, en ambos casos, por un fluir discursivo que conjuga el balbuceo de la deriva con el rigor de la lógica. En Las conversaciones se termina por poner en primer plano esta estrategia. Es decir, Aira, como en otras de sus nouvelles , concluye en la desolación o en el vacío inventando sistemas efectivos para articular crónicas cuya armonía incluya el delirio como ingrediente determinante. El resultado es un texto que deambula dentro de los márgenes de su autonomía: prolijo en la administración de lo coloquial y asentado en las estrías de un registro cuyo índice dispone, cómodo, tanto del humor como de la filosofía. Un texto que avanza seguro, erigido en la transparencia blindada de su prosa, pero que, sobre todo, se ampara en la voluptuosidad de su pirotecnia.
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