Falta de rigor y muchos errores

HISTORIA DE BUENOS AIRES Por Carmen Bernand-Fdo. de Cultura Económica-Trad: V. Goldstein-413 páginas-($24)
HISTORIA DE BUENOS AIRES Por Carmen Bernand-Fdo. de Cultura Económica-Trad: V. Goldstein-413 páginas-($24)
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30 de agosto de 2000  

Los libros por el estilo del que aquí se trata ponen al crítico -incluso al predispuesto a la condescendencia- frente a una difícil disyuntiva. Le imponen decidir si opta por rescatar la ardua tarea del autor -autora, en este caso-, voluntarioso al punto de haber cubierto cuatro centenares de páginas, o si hinca el bisturí en los rumbos de una obra que hace agua. Lamentablemente, la naturaleza misma de este trabajo impone analizarlo con el rigor que, por lo visto, no abundó durante su elaboración.

Según la escueta biografía de la contratapa -señal, no está de más consignarlo, de infrecuente modestia-, Carmen Bernand es antropóloga y vivió veinticinco años en Buenos Aires, donde llegó de la mano de sus padres, refugiados españoles que dejaban tras ellos la gran tragedia de la Guerra Civil. Su progenitor fue Gori Muñoz, artista de nota cuya impronta ha perdurado, entre otros motivos, por las magníficas escenografías que produjo para memorables expresiones de la cinematografía local.

Desde el título en adelante, el libro no encierra ningún enigma para el lector en ciernes. Apunta, sencillamente, a condensar la historia de la ciudad que ha sabido fascinar a tantos seres humanos merced a su prodigiosa mutación: la de una aldehuela perdida en casi los confines del continente americano que llegó a constituirse en una de las diez metrópolis más importantes del mundo.

De acuerdo con el índice bibliográfico y para concretar ese propósito, Carmen Bernand -residente en París- concurrió al Archivo General de la Nación y a la Biblioteca Nacional, y asimismo consultó alrededor de dos centenares de documentos, diarios, revistas, guías y libros especializados. Teniendo en cuenta ese esfuerzo de documentación, y cierta "porteñidad" que la autora debería haber adquirido tras un cuarto de siglo de estancia aquí, el lector avisado se sentirá sin duda sumido en un singular desconcierto al comprobar la intrusión de numerosas perlas -a veces increíbles- que desmerecen sin remedio el saldo final de esas investigaciones. La historia hasta puede admitir errores de concepto pero no acepta los de simple y sencilla lectura.

Por citar apenas algunos ejemplos, elegimos al azar, entre una extensa nómina de equivocaciones, la siguiente: "La ciudad agradecida dio a cada uno de sus dos antepasados una calle en el barrio popular de La Boca" (p. 17); que se sepa, la avenida Juan de Garay ni siquiera roza la geografía boquense. Más adelante, la segunda parte del Martín Fierro es rebautizada "El regreso", cuando se trata de La vuelta... (p. 204).

También se afirma que "Los viejos embarcaderos son modernizados según los planos de Eduardo Madero" (p. 211), cuando en realidad Madero no modernizó nada de lo poco que había sino que, en cambio, fue el inspirador de la construcción del ese entonces único puerto con todas las de la ley, luego denominado con su nombre y apellido. Al relatar la inauguración de la Avenida de Mayo (p. 212), se ubica al Congreso en una de sus puntas, a pesar de que la construcción de ese edificio empezó y concluyó varios años después. Y al citar el tango "Mi noche triste" se dice que "El hombre llora la partida de una francesa, a quien mantenía en un piso decorado por la casa Maple" (p. 254), de lo cual resulta la inexplicable mezcolanza de esa letra con las de sus congéneres "Madame Ivonne" y "A media luz".

Hay más. Excesiva mala puntería para un trabajo que se autodefine como histórico y que, a pesar de incluir innumerables citas y una subjetiva visión política de la tristísima tragedia nacional de los años setenta, no le suma nada nuevo a todo cuanto ya explicaron, con mayor exactitud y más clara prosa, otros destacados investigadores.

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