Fantasías de mundos interiores

EXPERIENCIAS EXTREMAS S.A. Por Christopher Priest-(Minotauro)-Traducción: Claudia Casanova-319 páginas-($ 45)
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25 de abril de 2004  

La realidad virtual ocupa hoy en la ciencia ficción el lugar que antes tenían los viajes espaciales. El origen de esta clase de ficciones especulativas está en las novelas y relatos de Philip K. Dick. Films como El piso 13, Ciudad oscura o Matrix --que nos hablan de mundos dentro de mundos--, son deudores de las obsesiones de Dick. Los viajes se convirtieron en viajes interiores: parece que hemos llegados a los confines del universo y en realidad no salimos de casa (o de la caverna de Platón).

La realidad virtual ha hermanado de un modo extraño la ciencia ficción y el género fantástico. Porque antes de que se hablara de realidad virtual, era en el terreno de lo fantástico donde germinaban las fantasías de mundos interiores. Podemos hablar de dos tipos de narraciones que apelan a la realidad virtual: aquellas en las cuales la duda sobre la naturaleza de la realidad está en el presente (No sé si lo que vivo en este momento es real) y aquellas en que la duda se refiere a cómo se recuerda el pasado (No sé si mis recuerdos corresponden a una realidad y, por lo tanto, no sé muy bien quién soy). El primero de estos tipos de narración apunta a la duda sobre la realidad en sí; el segundo, a la incertidumbre sobre el contenido de la memoria y sobre la identidad.

Christopher Priest dedicó novelas a cada una de estas variaciones de la realidad virtual: el extraordinario libro La afirmación (Minotauro 1984) se ocupa de la memoria; Experiencias Extremas S.A., de la percepción de lo real. La compañía mencionada en el título provee a sus usuarios de máquinas para conectar a su conciencia y a sus sentidos. Así los clientes pueden entrar a toda clase de experiencias; los juegos más pedidos son aquellos en los que se reconstruyen los episodios policiales de mayor violencia. La protagonista, Teresa Symons, una agente del FBI, conoce bien estas máquinas porque las ha utilizado en su entrenamiento. Cuando su marido, también agente federal, muere en una masacre en Texas, Teresa decide iniciar una investigación personal. Para ello viaja a un pueblo de Inglaterra donde se produjo una masacre similar (un psicópata disparando a mansalva), el mismo día y a la misma hora. Su investigación tiene lugar no tanto en las calles del pueblo como en los paisajes virtuales de las máquinas, donde los límites desaparecen y los extremos se tocan.

Christopher Priest es uno de los autores más sofisticados de la actual literatura de imaginación; como su compatriota James Ballard, sus especulaciones sobre el futuro cercano son pesadillas cuyos temas provienen del presente. Priest arma sus complejas ficciones con un extremo rigor. Sus novelas hablan de mundos oníricos pero en su escritura no hay nada de onírico: siempre es preciso y claro. Sabe que las verdaderas alucinaciones no son vagas, como a menudo se las presenta, sino más nítidas que la vigilia, y que la literatura debe ser fiel a esa claridad atroz. El narrador de La afirmación escribe en la primera página de la novela algunas líneas que bien podrían indicar cuál es la poética de Priest: "Elegir las palabras con un cuidado excesivo es caer en la pedantería, cerrar la imaginación a visiones más vastas; pero errar en el sentido opuesto es invitar a la mente a la anarquía".

Priest nació en Chesire (Reino Unido) en 1943, y dio a conocer sus primeros textos en la revista New Worlds, que dirigía Michael Moorcock y que alentó a las variantes más renovadoras de la ciencia ficción de habla inglesa. Sus libros iniciales, como Fuga para una isla, Mundo invertido o La máquina del espacio, se dieron a conocer en ediciones argentinas a fines de los setenta.

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