Generosa lucidez

FILMOLOGIA Por Davis Oubiña-Manantiales-238 páginas-($15)
FILMOLOGIA Por Davis Oubiña-Manantiales-238 páginas-($15)
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23 de agosto de 2000  

Basta echar un vistazo al índice de Filmología para que un paladar exigente se vuelva hospitalario: ensayos sobre Jean-Luc Godard, Chantal Akerman, Glauber Rocha, Jacques Rivette, Wim Wenders, los hermanos Marx, Federico Fellini, los hermanos Coen, Marco Ferreri, Orson Welles, Jim Jarmusch, Werner Herzog, Alexander Sokurov, Abbas Kiarostami, Jacques Tati, Ingmar Bergman, Hugo Santiago, Andrei Tarkovski. Pero, así como se resiste a los lugares comunes del cine más transitado, ya desde el prólogo, el autor no pretende intimar con una verdad para elegidos.

David Oubiña (Buenos Aires, 1964) ha evitado la divulgación simplista tanto como el hermetismo. Eligió el camino personal y saludablemente arbitrario del ensayo, el asedio caviloso al pensamiento de un conjunto de cineastas y algunas de sus películas, para reflexionar no sólo sobre ellos sino también, y en especial, sobre dos cuestiones elementales: la imagen cinematográfica y los modos de mirar. No esconde sus preferencias, pero tampoco intenta imponerlas, tal vez porque no está interesado en captar adeptos sino en compartir la emoción de una lucidez generosa que hace de su objeto la piedra de toque de una búsqueda más amplia.

Por eso, quizá, este libro interpela no tanto a los cinéfilos obsesionados por el dato inhallable o la descripción minuciosa de procedimientos como a aquellos para quienes el cine es una provincia de un territorio más amplio, donde se juegan los sueños y las pesadillas de toda una cultura. Oubiña no elude el análisis riguroso de las películas de los cineastas con los cuales trabaja: lo atraviesa, para instalar su reflexión en la zona donde "la interrogación es la piedad del pensamiento", como dice la cita de Heidegger que sirve de epígrafe a su libro.

Uno de sus ensayos recorre la filmografía íntegra de Godard; otro se detiene en un solo plano de una única película de Kiarostami; algunos ponen el acento en las obras; otros, en el pensamiento que las sustenta. No hay exceso ni defecto en estas operaciones porque el objetivo de Oubiña no es la exhaustividad del catálogo sino los momentos de alta condensación donde una estética se exaspera y hace resonar las preguntas del presente con las huellas del pasado y la inminencia del porvenir. Esos puntos de inflexión -que se aproximan al ideal de iluminación que perseguía Walter Benjamin- parecen estar, según Oubiña, en un más allá del cine que, de uno u otro modo, comparten todos los cineastas incluidos en su libro. Como si su condición industrial, la reproductibilidad técnica del cine, los obligara a una suerte de exorcismo capaz de recuperarlo para un modo del peligro, un resto inconsumible, una belleza incómoda capaz de atragantar a los imperturbables comedores de pochoclo.

El pensamiento renovador de Gilles Deleuze ha contribuido a estimular las personales reflexiones de Oubiña. La finísima perspicacia analógica de Roland Barthes parece haber enriquecido la claridad de su escritura, que procede por aproximaciones progresivas y cuenta con la inteligencia de su lector. Este bello libro obtuvo, en 1998, el primer premio en la categoría ensayo del Fondo Nacional de las Artes.

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