Glusberg admitió fallas de seguridad en el museo

"Me preocupan las 900 obras que tenemos colgadas", dijo
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31 de mayo de 2003  

"Ahora está trabajando la policía, pero después vamos a tomar medidas nosotros. Hay que extremar la seguridad", afirmó ayer a LA NACION Jorge Glusberg, director del Museo Nacional de Bellas Artes, de donde anteayer desapareció "Estudio para manos", una valiosa obra del escultor francés Auguste Rodin.

Un día después del robo, y tras declarar en la comisaría 19a., Glusberg apuntó a una falla en el sistema de seguridad del museo, una situación de la que, según dijo, las autoridades estaban enteradas.

"El museo está protegido, pero necesitamos más gente. Estoy amargado por este robo, pero me preocupan ahora las 900 obras que tenemos colgadas", dijo. Según contó, el año último envió unas 13 "cartas-expediente" a la Secretaría de Cultura, que conducía Rubén Stella, pidiendo aumentar la seguridad, pero no recibió respuesta.

La pieza robada, una pequeña escultura de bronce fundido, de 15 centímetros de altura, era una de las ocho obras de este autor expuestas en una pequeña sala de la planta baja. Estaba ubicada en el centro del salón, cubierta por una cúpula de vidrio que pudo levantarse sin mayores problemas.

Retirado el pedestal que sostenía la obra robada, ayer no se podía advertir su ausencia. En la sala continuaban expuestas algunas de las obras más conocidas de Rodin, como "Las manos de Dios", "Andrómeda", "Francia" y el "Monumento al General Alvear", todas de tamaño pequeño o mediano, y de bronce fundido.

Según Glusberg, la pieza robada -una de las más de 30 obras de Rodin que posee el museo- está valuada en unos 10.000 dólares. "Es una obra no numerada, es decir, no certificada por el fundidor, por lo que puede haber innumerables copias en el mundo como ésta", dijo el director. La obra no está fechada, pero se estima que es de principios de 1900. Pertenece a la colección donada por Mercedes Santamarina en 1970 y fue parte de la mayor exposición de obras del escultor francés, precursor del modernismo, que el museo realizó en octubre de 2001.

Ahora, la policía cuenta con dos elementos valiosos en la investigación: la cinta de una cámara de seguridad que graba la entrada y el pasillo que conduce a la sala donde se produjo el robo, y la cúpula de vidrio que cubría la pieza, donde esperan recuperar huellas dactilares.

Sistema renovado

El robo sucedió entre las 17.30 y las 17.50 del jueves último, cuando el personal de seguridad advirtió la falta. Según pudo saber LA NACION, en ese momento había en el museo unas 700 personas y sólo dos personas estaban encargadas de la vigilancia de diez salas.

Glusberg lo desmintió: "En el museo hay permanentemente 23 guardianes de sala".

Inmediatamente se ordenó cerrar el museo. La policía registró la identidad y las pertenencias de los presentes; entre ellos, varios estudiantes de un curso de historia del arte.

El sistema de seguridad del museo se renovó hace seis años, con fondos provistos por el Ministerio de Educación y el asesoramiento de expertos europeos.

El edificio cuenta con un circuito cerrado de cámaras, llamadas domos, que van girando y graban las 24 horas el tránsito por las salas; sus imágenes se monitorean permanentemente.

Además, según Glusberg, hay ocho guardianes de sala pertenecientes al museo y 15 contratados a una empresa privada. Recientemente, se prohibió la entrada con bolsos y carteras grandes.

A pesar de la tecnología, en los últimos años se registraron varios robos. En 1999 desapareció el óleo "El carneador", del pintor entrerriano Cesáreo Bernaldo de Quirós, y en 2000 robaron dos dibujos de Toulouse-Lautrec.

Los investigadores no descartan que los autores del robo hayan elegido el momento de cometerlo para aumentar la promoción del hecho. A las 19 de ese día estaban previstas tres inauguraciones -el premio de la Universidad de Palermo para artistas jóvenes y muestras de Miguel Harte y del ecuatoriano Oswaldo Viteri-, que convocaron a unas 3000 personas. Muchos artistas y asiduos concurrentes al museo se encontraron con las puertas cerradas y pudieron presenciar toda la actividad policial.

A las pesquisas se sumará ahora personal de Interpol, a través de su Programa de Protección del Patrimonio Cultural, que estuvo a cargo de la investigación de robos anteriores en el museo.

Ayer, la actividad era normal en las salas, salvo por algún nerviosismo agregado en el personal de seguridad, mientras Glusberg y su gente discutían cómo reprogramar las inauguraciones suspendidas.

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