Gracias al pedido de una docente

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25 de febrero de 2004  

Junto a la puerta, dentro de la casa de Lino Spilimbergo en Unquillo, hay un atril con la reproducción de una carta de lectores publicada por LA NACION el 22 de enero de 2003 y firmada por una docente porteña, Liliana Cumpe, en la que sugiere a "alguna autoridad competente, restauradores y conservacionistas, que ofrezcan sus servicios para que esta casa histórica y sus obras pictóricas no se deterioren más".

Cumpe viajó en enero del año último a Unquillo y quedó espantada por el deterioro de la finca que deseaba conocer desde sus años de estudiante de Bellas Artes. Este año volvió y encontró "todo igual o peor". Ahí mismo fotocopió la carta publicada por LA NACION y la volanteó entre los vecinos y turistas.

"Me llamaron de la televisión y periódicos cordobeses para interesarse por nuestro pedido", dijo Cumpe, que como miembro de la Asociación de Vecinos de Flores -un barrio identificado con la obra del artista- pidió a la Secretaría de Cultura que se inicie la restauración.

"Un dolor de cabeza"

Para los descendientes de Lino Spilimbergo, la casa de Unquillo "es un gran dolor de cabeza". Así lo afirmó a LA NACION Leonardo Spilimbergo, nieto del artista, que dice estar "cansado de recibir las agresiones de los particulares que piensan que es nuestra responsabilidad".

"En la década del 60, mi padre donó esa casa a los vecinos de Unquillo y éstos la cedieron a la Intendencia", dijo Spilimbergo nieto, presidente de una fundación dedicada al artista, que abrió un museo en Buenos Aires.

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