Guerra al mensajero

En el documentado Patria o medios, el periodista Edi Zunino desnuda con atrapante pulso novelístico la obsesión del kirchnerismo por controlar los medios de comunicación y construir una realidad a su medida
Marcos Aguinis
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12 de diciembre de 2009  

Patria o medios

Por Edi Zunino

Sudaméricana

352 Páginas

$ 55

A partir de una anécdota inicial bien contada, el periodista Edi Zunino nos sumerge en la caliente atmósfera de los medios de comunicación con una fluidez deslumbrante y, por momentos, cegadora. Patria o medios. La loca guerra de los Kirchner por el control de la realidad es producto de una apasionada investigación, pero también de un talento narrativo admirable. Ha tenido que atravesar cordilleras de documentos sin poder terminar de verlos a todos, porque en cuanto parecía que esa parte del trabajo estaba concluida, en el país se desataba una nueva ola de novedades que exigían ser mencionadas e interpretadas. Algunos datos fueron agregados a último momento, cuando ya el libro entraba en su fase final de producción.

Zunino tuvo la prudencia de no limitarse a la documentación escrita o filmada; penetró en los laberintos de la tecnología y de los entretelones gubernamentales, políticos y empresarios. Hasta recorrió tribunales donde le abrieron herméticos baúles. Dedicó muchas horas para consultar a funcionarios, políticos, ejecutivos y periodistas.

Se ha señalado con acierto que este texto parece una novela: es atrapante, genera emoción, tiene suspenso, activa asociaciones. De la primera a la última página mantiene viva la curiosidad y el anhelo por aprehender más de esta porcion significativa de la torta nacional. Las peripecias protagonizadas por los medios en estos útimos años -y que ha llegado a la exasperación de una nueva ley- es también la historia del kirchnerato y del país. El escalpelo de Zunino diseca varios planos y logra construir una visión abarcadora y balanceada. Precisamente, esta cualidad merece destacarse, porque es la más difícil de mantener cuando soplan ráfagas de infrecuente intensidad. Su profesión de periodista ha pasado con solercia la prueba del equilibrio en una época de violentos desequilibrios. Juega con el sabor de historias risueñas o patéticas, pero que ilustran la realidad que nos toca vivir y de la cual los argentinos deberíamos emerger con el fruto de la experiencia que indica cuáles derroteros llevan a mejorar y cuáles a empeorar nuestra situación nacional.

La tensión entre la información más o menos exacta y la manipulación de la opinión pública es un constante hilo de conducción. Tampoco los periodistas y las empresas de medios son descriptos como santos ni infalibles, sino sujetos a intereses muchas veces legítimos y otras no tanto. Zunino muestra algunos trapos sucios sin caer en la calumnia o el descrédito. Lo mismo pasa con la propaganda oficial. No esquiva recordar que es escandaloso que "uno de sus recurrentes caballitos de batalla haya sido la justa distribución del ingreso, pero hasta los economistas del oficialismo aceptan que la participación de los asalariados en el producto bruto es menor en 2009 que durante la hecatombre de 2001 y aún más baja que en 1998, en pleno auge del ´capitalismo salvaje´". También se refiere a la publicitada lucha contra los monopolios, cargada de hipocresía. Porque se ataca uno de ellos mientras no se tocan ciertas áreas privatizadas de los servicios públicos, la biotecnología, el consumo masivo, la alta tecnología, el cemento y los laboratorios medicinales, que han realizado "una concentración monumental". Hasta el denostado Grupo Clarín, cuando se llevaba bien con la Casa Rosada, consiguió que le permitieran dominar la mayor parte del negocio de la televisión por cable al fusionarse Multicanal con Cablevisión.

El famoso "desendeudamiento" del país, celebrado como una liberación semejante a la campaña de San Martín, sólo consistió en sacarse de encima los controles del FMI (el kirchnerato tiene fobia a los controles por causas fáciles de entender) mientras que la deuda trepa a cifras que producen arcadas. ¿Desendeudamiento?

Mientras en toda democracia que se precia de tal existe respeto por los medios de comunicación, aquí el oficialismo los acusa en duros términos cuando expresa críticas. En lugar de aceptar que el juego de controles y la pluralidad de visiones favorece la gestión de un gobierno, el gobierno no quiere controles ni tolera otra visión que la suya. Por eso a los medios que les parecían obsecuentes se los premió con prolongaciones de licencias, se les dio nuevas frecuencias aún por encima de lo estipulado por la ley y hasta se les facilitó adquirir emisoras y diarios ahogados por problemas financieros. Los que se empeñaban en mantener su independencia crítica sufrieron la hostilidad de la Secretaría de Medios de Comunicación, debieron soportar las dentelladas de los sabuesos de la AFIP (que pareciera destinada a castigar, más que orientada a una justa recaudación), recibir cordiales o furibundos "aprietes" de altos funcionarios, tener intervenidos los teléfonos y e-mails, sufrir escraches (uno de ellos conducido por Máximo, hijo del matrimonio), bloqueos a la distribución de diarios y revistas, pegatinas de afiches gravemente descalificantes y ataques directos desde el atril de la Casa de Gobierno. Como si fuese poco, la arbitraria distribución de una pauta publicitaria varias veces millonaria permite vivir con holgura a los medios sometidos y les cierran el respirador a los agónicos luchadores por su independencia.

Tampoco Edi Zunino esquiva las bofetadas a que fueron sometidos grandes diarios como Clarín y LA NACION. Sus indagaciones penetran en episodios que no se habían difundido aún y que permiten pulsar el clima cargado de un extraño polen que parece inofensivo o venenoso, pero nunca saludable para un desempeño tranquilo y eficiente de la labor periodística. Ni siquiera faltan referencias que aportan algo de luz a un "modelo" que no se entiende, cuando brinda una didáctica explicación sobre el pensamiento de los referentes amados del matrimonio, como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe.

En conclusión, Patria o medios es una obra seria, excitante, llena de información y destinada a permanecer como un documento granítico del zangoloteado momento que nos toca vivir.

© LA NACION

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