Harry Potter no logra seducir a los escritores argentinos

Juana Libedinsky
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6 de diciembre de 2001  

Entre los más de 120 millones de lectores que Harry Potter tiene en el mundo se sabe que hay niños, adolescentes y adultos de todo tipo y color. Salvo escritores argentinos.

Mientras en Estados Unidos, estrellas literarias como Stephen King y Harold Bloom cruzaron dardos venenosos en los diarios (King, a favor; Bloom, violentamente en contra), y varios literatos se sumaron a la controversia, en nuestro país dominó la indiferencia. De un sondeo realizado por LA NACION, prácticamente ninguno de los hombres y las mujeres de letras más relevantes leyó los libros de la saga. Los pocos que comenzaron, los abandonaron a las pocas páginas. Hasta los que se dedican a la literatura infantil o juvenil.

"No sé nada de él. Me parece muy bien que exista; no me interesa", resumió el ensayista Santiago Kovadloff. Tampoco cautivó a María Esther de Miguel, aunque oportunidades no le faltaron: "Me mandaron los libros y los doné a la biblioteca de Larroque (en Entre Ríos). Me dieron entradas para el cine y no fui. Me parece interesante que una mujer como Rowling, tras su divorcio, haya podido sacar fuerzas como para escribir un libro y salir adelante; pero eso no me alcanza para leerlo", dijo.

Isidoro Blaisten aseguró que a su mujer le encantan y que en su casa también hubo varias copias en inglés y en castellano dando vueltas. "Pero mi instinto de escritor me lleva a otras partes, y nada de lo que puedan decir sobre el libro puede afectarlo."

Según Blaisten, la intensa campaña de promoción de las bondades del joven aprendiz de mago es el equivalente a alguien que se acerca y le dice: "Casate con esta muchacha que tiene el cuerpo de Raquel Welch, el cerebro de Marie Curie y el corazón de la Madre Teresa", ilustró.

"Pero uno responde:"A mí me gusta esa aldeana".Bueno, a mí me gusta descubrir autores ocultos, no que me impongan nada", dijo.

Fenómeno espontáneo

Pablo de Santis, en cambio, le reconoció a Harry Potter el haber "comenzado como un fenómeno espontáneo, no sólo en el mundo anglosajón, sino también con los primeros libros que se editaron aquí, prácticamente sin publicidad". Aun así, no lo leyó. "Mi hijo de 15 años lo empezó, pero no lo terminó; le gusta más Tolkien. Al de 3 años lo voy a llevar a ver la película, no creo que sea demasiado complicada para él", dijo.

El hijo de 10 años de Martín Caparrós acaba de anunciar que terminó el primer capítulo de uno de los libros de Potter. Pero no fue suficiente para tentar a su padre: "El mundo está lleno de libros que no he leído", dijo escuetamente.

"Hay una saturación de material de lectura esperándome, y Potter no está a la cabeza. Lo vería en el cine porque, de cualquier manera, son dos horas que no dedicaría a la lectura", coincidió Carlos Gamerro.

Quien tampoco leyó a Harry Potter es Marcelo Birmajer, aunque aseguró que suele seguir lo que se publica para el público adolescente.

Más expeditivo fue Marcos Aguinis, que lo comenzó "por la curiosidad que despierta un fenómeno literario", aunque lo abandonó al poco tiempo. "Perdí interés en cuanto me di cuenta de la estrategia de la autora. Se basa en el mito del héroe, la fábula del ser superior que no sabe de su origen especial y es maltratado hasta que lo descubre", comentó.

Para Aguinis, esta misma línea argumental se puede encontrar de Edipo en adelante. "Pero ésta me pareció una vuelta de tuerca demasiado sencilla y predecible sobre el asunto."

El fenómeno no es exclusivamente porteño: la mendocina Liliana Bodoc, cuya épica fantástica "Los días del venado" ha sido llamada "el Harry Potter argentino", tampoco pudo terminarlo.

"Es una prosa agradable -no excelente- sostenida por un aparato comercial monumental. Claro que eso no justifica que algunos lo califiquen de diabólico, hasta en el ámbito universitario. ¡Eso es inquisitorial!", se indignó la autora, ganadora del premio a la literatura juvenil de la Fundación El Libro.

Del otro lado de la frontera, la brasileña Ana María Machado, galardonada con el premio internacional Hans Christian Andersen (el Nobel de la literatura para chicos), agregó: "El último libro de Harry Potter ya había vendido en Brasil 300.000 libros antes de ser publicado. Algo que vende antes de existir, no es un fenómeno literario, sino de marketing".

"Es un libro bien construido y divertido, un excelente entretenimiento, pero la literatura no está hecha sólo de entretenimiento", concluyó.

Entre la indiferencia y el rechazo

María Esther de Miguel

  • "Me mandaron los libros y los doné a la biblioteca de Larroque (en la provincia de Entre Ríos); me dieron entradas para el cine y no fui. Me parece interesante la historia de Rowling, tras su divorcio (...), pero eso no me alcanza para leerlo."
  • Marcos Aguinis

  • "Lo comencé, pero perdí interés cuando me di cuenta de la estrategia de la autora. Se basa en el mito del héroe, la fábula del ser superior que no sabe de su origen, en una vuelta demasiado sencilla y predecible sobre el asunto."
  • Isidoro Blaisten

  • "En mi casa hay varias copias en inglés y castellano dando vueltas, pero mi instinto de escritor me lleva a otras partes, y nada de lo que puedan decir sobre el libro puede afectarlo. Me gusta descubrir autores ocultos, no que me impongan nada."
  • Pablo de Santis

  • "No lo leí, aunque creo que comenzó como un fenómeno espontáneo (...). Mi hijo de 15 años lo comenzó, pero no lo terminó, le gusta más Tolkien. Al de 3 años, lo voy a llevar a ver la película; no creo que sea demasiado complicada para él. "
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