Hilando fino

Una mirada irónica sobre el funcionalismo y la moda en los objetos tejidos que Marina De Caro expone en el ICI.
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20 de diciembre de 1998  

MARINA DE CARO es una artista que mira, con humor e ironía, un mundo (el de los años noventa), donde se privilegia todo lo que ha dado en llamarse fashion . Esta posición crítica, sin gestos excesivos, se percibe en las vestimentas conceptuales y en los muebles blandos expuestos en el ICI (Florida 943). En esas obras, De Caro utiliza, libremente y sin prejuicios, varios medios y conceptos desarrollados en las últimas décadas por las artistas mujeres. Pero, contrariamente a lo que podría suponerse, sus trabajos no están al servicio de un discurso feminista en el sentido ideológico, aunque transmitan algunos sentimientos de experiencias femeninas.

De Caro es licenciada en Historia del Arte, graduada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Desde principios de los años noventa, participa en exposiciones colectivas y presenta públicamente sus performances . Artista independiente, desarrolla sus ideas con fuerte convicción, sin pertenecer a grupo alguno.

Las obras, reunidas con el título genérico "Tricot" (tejido de punto), están realizadas con tejidos de lana elaborados con una máquina Lady Tricot, instrumento de uso doméstico de moda en los años sesenta.

La puntada subversiva

Durante largo tiempo, el tejido fue identificado socialmente con lo doméstico y con la labor de las mujeres. Su elaboración lenta y prolija estuvo siempre devaluada. Como señalaron algunas autoras feministas, constituyó uno de los trabajos invisibles de las mujeres, un no-trabajo, es decir, una actividad considerada como no productiva dentro del orden patriarcal. Las asociaciones del tejido, tanto con la feminidad como con el traje y la moda, fueron temas tratados por artistas de gran prestigio, especialmente entre los años setenta y ochenta.

En 1988 se presentó en Manchester una muestra que tenía el inquietante título "La puntada subversiva". La exhibición, que relacionaba la historia del tejido y del bordado con la historia social de las mujeres, analizaba, a través de esas tareas, las variaciones del concepto de feminidad. En una época, como se advertía en los ejemplos exhibidos, el tejido fue un medio para educar a las mujeres en el "ideal femenino". Más tarde, en manos de artistas profesionales que lo emplearon como metáfora, se convirtió en un arma para combatir ese ideal.

Los tejidos a máquina de la alemana Rosemarie Trockel, con diseños de logotipos, íconos masculinos (los conejitos de Playboy ) y emblemas como la hoz y el martillo o la cruz esvástica, pertenecen a la veta política del neofeminismo combativo.

La "invisibilidad histórica" fue el estandarte de batalla de muchas artistas mujeres, entre ellas, las del grupo "Guerrilla Girls". Estas artistas, en los años ochenta, se dedicaron a colocar carteles en el Soho de Manhattan, con estadísticas y documentos sobre el "racismo" de las galerías y museos neoyorquinos. Aunque los objetos tejidos de Marina De Caro no aluden a ninguna estrategia de política feminista, no dejan de hablar de esa problemática. Pero lo hacen desde una posición ajena a las teorías de la exclusión femenina de la historia del arte.

Tejidos conceptuales

De Caro expone una imaginería "tejida", compuesta por varios agrupamientos de objetos: los hombres (o mujeres) de lana naranja y negra, los muebles rebatibles, las esculturas abstractas y los cuadros tejidos con relieves. Las vestimentas conceptuales, o "Tricot vestible", están muy lejos de las preocupaciones artísticas más o menos tradicionales. En buena medida, su origen está en las vestimentas que De Caro realizó para las performances presentadas desde 1993. Son trajes de color naranja y negro, algunos dobles, que sugieren la posibilidad de su uso simultáneo por dos personas.

Los muebles blandos, según testimonio de la artista, provienen de dibujos realizados casi automáticamente. Son objetos utilitarios "desfuncionalizados". La Mesa rebatible de larguísimas patas con ruedas es tan inútil como el Banco rebatible , que recuerda a una araña. Las esculturas tejidas pueden doblarse y trasladarse en una maleta. El gran cono negro instalado sobre un disco naranja, titulado simplemente Tricot. Escultura de viaje , es liviano y no ocupa más lugar que una prenda de vestir.

Es evidente que De Caro mira el diseño industrial con particular ironía. Sin agresividad, con un inasible sentido de soledad, comenta las nuevas condiciones del objeto: la cama que se vuelve sofá cama, las mesas que se pliegan y los muebles que se ocultan. Los antiguos espacios, cargados de afectos y de convenciones morales (sala, comedor, dormitorio, etc.), son ahora transformables y funcionales. La artista desfuncionaliza el mobiliario y otorga a los objetos absurdos una intencional carga estética. Las esculturas de viaje también se acomodan a las nuevas condiciones ambientales.

La moda tampoco ha escapado a la agudeza crítica de De Caro: ropas "unisex" que rechazan todo narcisismo, ausencia de detalles físicos, mezcla de papeles e identidades, formas idénticas que no permiten ninguna reivindicación sexista. Sólo el tejido y la lana recuerdan la devaluada práctica artística femenina, históricamente ajena a las "bellas artes".

Marina De Caro afirma que si alguien tira de la punta de una lana, la obra se desteje. Nada queda del objeto, excepto un ovillo de lana. Por casualidad o por intención de la artista, estas piezas se diferencian simbólicamente de las obras estables y perennes consagradas por la historia del arte.

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