Hirst hace furor en Sotheby´s

Ya se exponen las 223 obras del artista, que comenzarán a subastarse la semana próxima; los organizadores dicen que convoca a un público nuevo
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12 de septiembre de 2008  • 14:55

Rodeada de excepcional publicidad en la prensa nacional e internacional, la exposición en Sotheby´s de las 223 nuevas obras de Damien Hirst que se subastan el lunes y martes próximos se ha convertido en un acontecimiento social cuando no en una atracción de circo.

Gente que nunca había pisado la sala de subastas de la New Bond Street londinense, calle conocida por sus lujosas boutiques frecuentadas últimamente por una clientela rusa y árabe, no quiere perderse la ocasión de ver el tiburón, la cebra o el toro con los cuernos de oro en sus correspondientes vitrinas antes de que los compre algún multimillonario dispuesto a romper un nuevo récord.

Más de siete mil personas han pasado ya por allí y este sábado, en vista del interés, la casa de subastas mantendrá abierta sus puertas hasta la medianoche y tampoco cerrará el domingo, según explicó a una portavoz de Sotheby´s.

Para esta noche se anuncia una fiesta por todo lo alto, pinchadiscos incluidos, a la que, según la prensa y sin que Sotheby´s confirme nombres, acudirán famosos del mundo del espectáculo, el deporte, la moda y la televisión, como Madonna, Paul McCartney, Lou Reed, John McEnroe, Oprah Winfrey y Miuccia Prada.

La estrella de la subasta es sin duda El Becerro de Oro , un toro conservado en formol como todos los animales que utiliza Hirst en sus instalaciones, con pezuñas y cuernos de oro, y por la que, según espera la casa de subastas, podrían pagarse hasta 24 millones de dólares.

Pero otra escultura , por llamarla de algún modo, titulada El Reino , consistente en un tiburón tigre suspendido también en formol, podría venderse por 12 millones de dólares, y quien prefiera en cambio una cebra y tenga suficiente chequera tampoco saldrá defraudado.

Desde el punto de vista del mercado del arte, la novedad de la subasta de Sotheby´s es que se trata de la primera vez que un artista lleva directamente al mejor postor su producción más reciente sin pasar antes por un marchante, lo que representa una revolución, según coinciden los expertos.

Hirst ha hecho en cualquier caso una apuesta arriesgada con su decisión de llevar su obra nueva directamente a Sotheby´s ya que corre el peligro de enfrentarse a sus propios marchantes, que son gente muy poderosa en el mercado internacional del arte.

Uno de ellos es Larry Gagosian, que tiene nada menos que tres galerías en Nueva York, una en Los Ángeles, otras dos en Londres y una en Roma, y que se propone expandir su actividad a Moscú y Hong Kong.

Y está sobre todo Jay Jopling, fundador de la galería londinense de vanguardia White Cube, que ha organizado las últimas exposiciones de Hirst, entre ellas la que incluía su ya famosa calavera engastada de diamantes.

Pero lo cierto es que en los últimos años, las dos principales casas de subastas del mundo han ido ocupando el espacio tradicionalmente reservado a las galerías de arte, aprovechando las oportunidades de negocio que ofrecen los nuevos ricos de los países emergentes o del petróleo.

Esos multimillonarios pueden ser lo mismo gente sinceramente interesada en las nuevas tendencias artísticas como individuos con poca o ninguna idea de arte, pero deseosos de invertir en algún nombre famoso, ya sea Koons, Hirst o cualquier otro artista que se les sugiera.

Hirst, tan avispado negociante como polémico artista, ha demostrado ya su extraordinaria habilidad a la hora de organizar subastas, y así fue el motor de la que, el pasado día de San Valentín, celebró Sotheby´s de Nueva York con fines benéficos.

El artista británico escribió personalmente a muchos de sus colegas, desde Jeff Koons hasta Jasper Johns o Willem de Kooning, que donaron sus obras para aquella subasta, titulada "Red" ("rojo", como el lazo que simboliza la lucha contra el sida) y que recaudó más de 40 millones de dólares (unos 28 millones de euros).

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