Jueces, política y poder

HISTORIA POLITICA DE LA CORTE (1930-1990) Por Arturo Pellet Lastra-(Ad-Hoc)-480 páginas-($ 38)
HISTORIA POLITICA DE LA CORTE (1930-1990) Por Arturo Pellet Lastra-(Ad-Hoc)-480 páginas-($ 38)
Adrián Ventura
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29 de agosto de 2001  

Arturo Pellet Lastra, profesor titular consulto de Teoría del Estado en la Facultad de Derecho de la UBA, procura iluminar uno de los perfiles menos conocidos de nuestro pasado, y lo hace de manera realmente excelente, con una obra de gran rigor histórico y, a la vez, apasionante.

Pellet Lastra no hace en este trabajo un análisis de los fallos de la Corte. Su propuesta apunta a develar la relación política de los ministros del máximo tribunal con los gobiernos de turno. Es decir, mira a la Corte en su faceta político-constitucional, pero también en su perfil más cuestionado: el político-partidario.

En opinión del autor, el proceso de deterioro de la Corte -que va al compás de la mayor intervención del tribunal en los asuntos políticos y que, paralelamente, se refleja en la mayor exposición actual de la Corte en los medios- comenzó el mismo día en que los ex ministros Repetto, Sagarna, Figueroa Alcorta y Guido Lavalle legitimaron a los cabecillas del gobierno de facto inaugurado en 1930. A partir de ese momento, todos los gobiernos, civiles y militares, encontraron alguna excusa para entrometerse en la vida de la Corte.

El autor encuentra algunas directrices sobre esa relación política entre los jueces y los gobiernos:mientras los magistrados de la "república conservadora" tenían un fuerte apego a los principios económicos, políticos y filosóficos del liberalismo conservador, es decir, eran adictos al régimen, a partir de 1947, con Juan Domingo Perón, los jueces comenzaron a nombrar jueces adictos a ellos mismos.

El libro también destierra algunos mitos: a pesar de que frecuentemente se dice que en los tiempos primigenios los nombramientos de ministros de la Corte recaían sobre jueces de larga trayectoria judicial, PelletLastra sólo ubica en esa categoría a 3 de los 36 jueces que ocuparon el tribunal hasta 1930 y uno más, Francisco Ramos Mejía, entre ese año y 1955. Pero a partir de 1966 hubo 16 jueces de carrera, en su mayoría nombrados por gobiernos militares, que preferían técnicos ajenos a la vida política, que estaba proscripta. Sin embargo, más allá de esas generalizaciones, Pellet Lastra rescata a muchos de los grandes hombres y juristas de la Corte. Sobre la base de documentos y el testimonio de no pocos de los jueces y ex funcionarios que aún viven, el autor reconstruye una historia muy interesante. Destaca la excelencia de los jueces que se desempeñaron entre 1962 y 1966 y entre 1983 y 1989, y, aunque su evaluación final es moderadamente negativa, el conocimiento de este tramo de la historia permite avizorar que la Corte aún puede recuperarse.

Un dato surge de la historia más reciente: la Corte actual es la primera de los últimos cincuenta años cuya composición no sufrió modificación con el recambio presidencial y tres de sus integrantes (Fayt, Petracchi y Belluscio) llevan en sus sillones 18 años. Un hecho auspicioso, que permite abrigar sólidas esperanzas.

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