Jugadores y desafíos de la cultura que viene con Fernández

Esfera azul, la obra de Julio Le Parc que recibe a los visitantes en el CCK
Esfera azul, la obra de Julio Le Parc que recibe a los visitantes en el CCK Fuente: Archivo - Crédito: Hernán Zenteno
Los nombres fuertes, la transición, el lugar del CCK y el reto de cerrar la grieta
Constanza Bertolini
Natalia Blanc
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26 de noviembre de 2019  

El cineasta Tristán Bauer, que fue titular de Radio y Televisión Argentina (RTA) durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, es el nombre que todos pronuncian para Cultura en la gestión de Alberto Fernández. Sería "ministro" porque el presidente electo ya había declarado públicamente durante la campaña su intención de que la actual secretaría recuperara el rango perdido en septiembre de 2018. Y aunque todavía no se anunció oficialmente el gabinete, fuentes muy cercanas confirmaron a LA NACION que Bauer ocupará el cargo. Así, el director de la premiada Iluminados por el fuego -que hizo también documentales sobre Cortázar y Jorge Luis Borges, y más acá El camino de Santiago, sobre el caso Maldonado- volvería a la función pública después de renunciar al directorio de RTA en diciembre de 2015, cuando asumió Hernán Lombardi al frente del Sistema Federal de Medios Públicos. En esa oportunidad hubo transición: Lombardi visitó a Bauer en su departamento para esa instancia de traspaso que, dos semanas antes de un nuevo cambio de gobierno, aún no se produce entre Cambiemos y el Frente de Todos en la Nación.

Bauer, que fue el primer director del canal Encuentro, creado en 2007, sumaría a su cartera dos espacios culturales que actualmente dependen de Lombardi: el CCK y Tecnópolis. Pero no tendría a su cargo los medios públicos. Y si bien no está resuelto el organigrama de su equipo, un jugador que suena "seguro" es el doctor en Antropología Alejandro Grimson. Autor de libros como el reciente ¿Qué es el peronismo? (Siglo XXI), Grimson se formó en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y cursó el doctorado en la Universidad de Brasilia; luego se especializó en movimientos sociales y políticas culturales. Es investigador del Conicet y docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Unsam. En el ambiente, destacan su solidez intelectual. Un buen ejemplo de su modo de entender la cultura está reflejado en el libro Mitomanías argentinas, que busca divulgar y popularizar la antropología "deconstruyendo" mitos arraigados en la sociedad. En ese sentido, podría aportar una mirada crítica sobre la cultura y experiencia académica, dos puntos que complementarían la experiencia de gestión y el perfil ejecutivo de Bauer.

Cuando faltan 15 días para la asunción, en el área de Cultura no se puso en práctica la tan mentada transición: mientras diferentes fuentes del oficialismo, que también manejan el nombre de Bauer en la sucesión, dicen "nadie nos llamó", del lado de Fernández el tema pareciera no preocupar demasiado: muchos de los técnicos que lo asesoran ya tienen experiencia en gestión cultural y administración pública. A diferencia del traspaso de 2015, cuando predominaba la incertidumbre por recortes y despidos, las expectativas pasan ahora por la renovación de los contratos anuales que vencen en diciembre. Mientras esperan los anuncios oficiales y el equipo del saliente secretario Pablo Avelluto ultima los detalles de la "memoria de gestión" de los últimos cuatro años, los asesores de Fernández trabajan en un informe del área con datos aportados por trabajadores de Cultura que entregarán al futuro ministro.

Los principales asuntos pendientes que recibiría Bauer involucran a instituciones clave: la Biblioteca Nacional y su anexo, el edificio de la calle México, donde Alberto Manguel inauguró el Centro Borges y donde residen varios organismos estables sin sede propia; el proyecto de creación de un Instituto Nacional del Libro (con dictamen favorable reciente en la Comisión de Cultura de Diputados e impulsado por un sector editorial golpeado); la postergada ampliación del Museo Nacional de Bellas Artes; el final de obra del Palais de Glace, que debería reinaugurarse en 2020, y la Conabip, actualmente con recursos muy acotados.

La cultura no fue precisamente una bandera que nadie haya agitado durante la campaña electoral. Tampoco ahora, después de las elecciones. Está claro que en el marco de una crisis socioeconómica profunda como la actual, la nueva agenda presidencial tiene otras urgencias y prioridades. Pero son muchos y variados los desafíos que deberá enfrentar el próximo gobierno en el área: a la cuestión presupuestaria necesaria para que cada dependencia pueda funcionar adecuadamente -el Frente de Todos recibirá la partida de Cultura que se apruebe este mes en el Congreso- se suma el gran reto de articular políticas para generar empleo, exportaciones y consumo interno, que reactiven la máquina de la industria cultural. Además, está latente ese objetivo que los intelectuales de uno y otro lado sienten propio: cerrar la grieta.

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