La complejidad de las cosas

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23 de mayo de 2009  

La lenta furia

Por Fabio Morábito


Eterna Cadencia

110 Páginas

$ 39

En la historia del pensamiento, hay quienes sostienen que la materia se agota en los márgenes de sus propios límites, punto de vista que tiende a la inmediatez e interpreta el universo como mero inventario. Pero también están los que, como Gastón Bachelard, piensan "que toda materia imaginada, toda materia meditada, es inmediatamente la imagen de una intimidad" y se proponen penetrar en el interior de las cosas para aprehender el misterio de esa intimidad. Podría considerarse esta tesis como eje del volumen de cuentos La lenta furia de Fabio Morábito, narrador, poeta, ensayista y traductor nacido en Alejandría en 1955 y actualmente residente en México.

El libro consta de nueve relatos breves de imaginarios muy disímiles que cifran su efectividad en dos razones: el manejo impecable de lo no dicho y la sutileza con la que se abren a la dimensión simbólica. De acuerdo con sus argumentos, los textos se dividen en tres grupos. Están los de sello fantástico, como "Las madres" en el que se narra la historia de unas madres que durante su época de celo, en el mes de junio, se encaraman desnudas en los árboles para atrapar a sus víctimas. El segundo grupo abarca los cuentos en los que se emplea la clásica repetición anafórica del cuento tradicional. Hay dos ejemplos: "La perra" y "El turista". En el primero se aborda el tema del prejuicio a través de la historia de una mucama de la que se sospecha es ladrona, por lo cual se la somete a pruebas que verifiquen su culpabilidad; en el segundo, debido a una dolencia en el hígado, un conde que se halla en tránsito hacia Kolosvar no logra salir de una aldea llamada Werst, donde se lo somete a un periplo en el que se le muestran como extraordinarias cosas comunes y corrientes. El tercer grupo está caracterizado por una temática más realista. Allí se encuentran relatos como "El tapir", en cuya trama un narrador adolescente expone los quehaceres de un amigo verdulero que no puede evitar la desgracia a pesar de su empeño y prolijidad.

Más allá de los distintos matices, los relatos se unifican porque en todos se encuentra la misma preocupación por acceder a la complejidad que encierran las cosas, lo que en algunos casos se evidencia a fuerza de la pura contemplación, y en otros por la facultad con la que se lleva a cabo una acción. Los personajes están movidos por un ansia de ir a fondo. Cuentan con la habilidad para escapar de lo tautológico y advierten "que al lado de un mundo esbelto y victorioso que le habla de usted a la materia, hay un enorme fondo impenetrable, una masa sin trabajar y sin redimir, que todos cubren para no ver".

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