La cultura, a la deriva

Américo Castilla
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30 de enero de 2002  

Lamento comprobar que una vez más estamos discutiendo la forma sin reflexionar sobre el contenido. Considero que es secundario pensar de qué ministerio u oficina burocrática pueda depender el área de cultura si previamente no se define qué queremos.

Si la actividad va a ser discrecional, como hasta el presente, tapando un agujero aquí o allá, beneficiando a algún sector sobre otro porque es capaz de hacer una protesta más sonora, prometiendo y no cumpliendo y en realidad abandonando la misión en manos de gente inexperta, es indistinto qué posición ocupe "la cultura" en el ranking ministerial. En todas, su administración estatal será tan ineficaz como hasta ahora.

"La cultura no se hereda, cada generación debe readquirirla", dijo Kodaly. La institución Secretaría de Cultura, como hoy se la conoce en la Argentina, no está en condiciones de comenzar a responder a los interrogantes que debe plantearse. Su estructura burocrática fue ideada para otras épocas, y a medida que los gobernantes fueron perdiendo su vocación de pensar estratégicamente, se convirtió en una máquina de incumplir promesas y de anunciar que no tiene dinero. Desde que tengo memoria, las instituciones culturales se han declarado en default sin que nadie se avergonzase ni le importara.

Si existiese la voluntad de realizar seriamente un cambio institucional, de priorizar el trabajo de los muy talentosos creadores que aún abundan en el país, de respetar la labor de los funcionarios de carrera que aún mantienen el ánimo de hacer bien las cosas, y de destinar un presupuesto digno para llevar adelante la renovación, sería indistinto el lugar desde donde se hiciese. De lo contrario, por más que se remodelen oficinas, la cultura continuará a la deriva hasta desaparecer de la vista, y la ilusión, de las nuevas generaciones.

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