La fortuna perdida

Por Jovita Iglesias y Silvia Renée Arias
Por Jovita Iglesias y Silvia Renée Arias
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26 de junio de 2002  

Silvina era muy previsora, por decirlo de algún modo, pero también muy olvidadiza para algunas cosas.

Un día, una de las empleadas me pidió una bolsa de consorcio. Al rato apareció con la bolsa llena.

-Si adivinás qué hay aquí te doy un premio -me dijo.

Marta (la hija de los Bioy) le había pedido que limpiara uno de los cuartos para uno de los tantos cambios de dormitorios que se sucedían en la casa.

-No sé, ropa vieja, zapatos -le contesté.

-Nada de eso. Mirá.

Se trataba de dinero. La bolsa estaba llena de dinero que había quedado fuera de circulación. Le dije a la muchacha que la dejara allí, cerrada hasta que vinieran Marta y el señor. Cuando vieron eso, estimaron que con ese dinero se podría haber comprado media Recoleta, por lo menos. Eran billetes de un millón de pesos. Nuestra casa en Villa Urquiza, para dar una idea del monto que se había perdido, nos había costado cinco millones.

En este sentido, como dije, el señor era todo lo contrario. Era my generoso (demasiado incluso, un "manirroto", decía de sí mismo). Y, si le pedían, ni qué hablar, daba lo que tenía sin mirar. Siempre fue así. También en esto, en parte había influido su madre. Ella solía decirle: "No hay que querer las cosas. Hay que saber perderlas."

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