La fotografía como soporte sin límites

Alicia de Arteaga
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17 de octubre de 2014  

Cochabamba, San Telmo. Una calle con historia y ruido de barrio. Jorge Miño abre la puerta de la casa chorizo con memoria pompeyana habitada desde siempre por el arte. Allí vive y trabaja. En el estudio de techo de doble altura una lucarna deja colar la luz entre la bovedilla. Contra el muro están las obras nuevas que se verán en BA Photo y las cajas mágicas, ese recurso inventado por el incansable Miño (Corrientes, 1973). Durante largo tiempo, más de dos décadas, fue asistente de Kuitca, previo paso por las aulas de la Escuela Rogelio Yrurtia y por el taller de pintura de Ahuva Szlimowicz .

-¿Por qué la fotografía?

-Me gusta mirar, observar, volver a mirar... En la fotografía encontré el camino para formar mi propio universo, en el cual hago y deshago a mi manera. Todo es posible, hasta te diría que en un punto mis fotos se vuelven pictóricas, pero también exploto al máximo las posibilidades del recurso digital.

-¿Hay una preferencia de formato?

-El formato tiene importancia, la elección del gran tamaño es casi un cincuenta por ciento de la obra; digo esto porque me gusta que la foto sea la que absorba al espectador, la que domine el clima, la que plante la presencia. Lo último son las cajas de vidrios tridimensionales, un hallazgo que me fascina como un objeto lúdico.

-¿Por qué esa fascinación por estructuras, escaleras, edificios?

-Los espacios adquieren una cualidad abstracta en mi trabajo, me interesa la desmaterialización de lo visto para construir un nuevo cimiento. Creo en la exacerbación del punto de vista cuando veo y lo traspaso a mis fotos; quisiera que el resultado real sea el de un retratista de ideas en los sueños.

-¿Un capricho arquitectónico, como la premiada instalación de Casa FOA?

-El interés por las escaleras, pasillos, estructuras, pone en evidencia un punto de transición del que está mirando mi trabajo. Subir, bajar, ir y volver es unir en el transcurso los extremos que nos separan de un estado a otro. De todas maneras no es mi idea quedarme en el objeto en sí, sino que a partir de la representación de lo real, entrar en un territorio imprevisible. La imagen se dispara y puede algo totalmente diferente.

- ¿ O sea a que tus fotos son el antiregistro?

- Soy un manipulador de los efectos, me interesa lo que cada uno cree haber visto y no es lo que realmente es; una ilusión dentro de algún lugar. No tiene fin, no hay final en mi obra.

-¿Qué representó en tu vida trabajar tantos años con Kuitca

-Haber trabajado como asistente de un artista como Guillermo fue algo increíble, esa experiencia hizo una diferencia en mi vida. Digo esto porque fueron bastantes años como para creerlo y sentirlo así. Mi obra se fue construyendo paralelamente a mi trabajo en el taller, creo que la experiencia de tener un jefe artista y ser su asistente me sirvió para entender cuál era el lugar del trabajo.

-¿Hablame de Lima Photo?

- Lima es una ciudad intensa, hermosa y rara a la vez. El peruano mantiene viva la tradición de una fotografía de calidad, sentimiento e identidad. Además, compra.

@alicearte

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